Chipiona inunda el país de flores

  • Los floricultores de la provincia se centran en la recolección para atender la fuerte demanda de la festividad de los Difuntos

El preludio al día de mañana, un día reposado y tranquilo para compartir recuerdos de aquellos que no están y dedicarles nuestro diálogo interior y silencioso, contrasta con la auténtica grillera en la que se convierte Chipiona para surtir a España de flores con motivo del Día de los Difuntos. Dos semanas, ésta y la anterior, en las que los relojes de los invernaderos se ralentizan para atender la demanda de un país entero que sigue rindiendo tributo a sus fallecidos, con flores. Aparentemente, la ciudad sigue su ritmo normal, pero una vez cruzados los caminos de tierra que dan a las explotaciones de los asociados de Asaja-Cádiz, la cosa se torna intrépida y alocada, aunque con orden.

El culmen, se vive en los invernaderos Flores Santamaría, por su dualidad de productor y distribuidor. En los escasos metros de su oficina aledaña a los impresionantes invernaderos cuajados no sólo de plantas ornamentales y flores, sino también de tecnología puntera, se atienden simultáneamente a los transportistas; a los clientes que piden flores a última hora; se llama a productores; se van cerrando los pedidos a través del ordenador, se expiden facturas... Es un entrar y salir de personas y un cruce de conversaciones curioso, que hace pensar que el sector de la flor cortada sigue latiendo, a pesar de los duros golpes que se ha llevado después del boom de su nacimiento. Eso sí, no igual que antes "algo más flojo" como califica José Santamaría, gerente de la explotación y agricultores de Asaja-Cádiz, que localiza la falta de fuelle de las ventas en tres factores, la crisis, el incremento del IVA a la flor (ha subido del 8 al 21), y la lluvia. Sobre todo el factor IVA "ha echado hacia atrás a la mitad de los compradores y está haciendo que muchas floristerías no pidan por miedo a quedarse con el producto en almacén", constata. Parecido es el retroceso en las ventas que produce la lluvia ya que "los compradores pequeños, que sitúan sus puestos en las puertas de los cementerios, al ver los pronósticos de climatología adversa, compran menos", añade.

Y el devenir frenético no sólo es potestad de Santamaría, se repite en todas la explotaciones, ya sean grandes o pequeñas. Todos viven estas dos semanas con un agobio especial; el provocado por detener labores diarias para atender a los Difuntos. Antonio Díaz Torres, floricultor de Asaja-Cádiz, lo explica con claridad "mira mi césped, no me ha dado tiempo ni de segarlo porque tan sólo tenemos tiempo de cortar y cortar tallos para vender" y tras el día de hoy se retoma el pulso a un ciclo que no cesa, la tierra, entre corte y corte ha sido saneada para volver a enterrar los bulbos de los lillium que venderán una vez pasada la festividad. Ya se sabe: El campo no espera.

Lo que sí es atemporal es el amor con el que estas familias del campo hablan de sus flores, Díaz Torres es un "enamorado" de su trabajo, un hombre orgulloso de tener "los mejores lullium orientales de la zona" gracias a su apuesta por las nuevas tecnologías, con las que han conseguido flores tan especiales que hasta las de destrío, o desecho, las que no pasan la criba de calidad, son espectaculares y salpican de color los invernaderos ya vacíos. Mucho trabajo que en cifras no se traduce como debería, Díaz torres hace las cuentas y explica que el gasto en producción por vara llega a los 60 céntimos y, en cambio, reciben sólo 70.

Este dato y el amor de los floricultores de este producto de primor, tiene que remover a los perezosos que remolonean en su estufa por no ir a visitar a aquellos que tanto les aportaron en vida. Poniendo flores en sus tumbas, se mantiene una tradición, se les honra y además se contribuye a una actividad empresarial que da de comer a muchas familias durante todo el año.

Merece la pena seguir demostrando cariño con flores, si con eso se consigue, al menos, que enamorados como Antonio Díaz sigan trabajando para tener las mejores flores de la zona.

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