Agricultura

Sin agua no hay cosecha

  • La campiña supera un momento crítico en el que la lluvia se hacía imprescindible por la escasez de las reservas del subsuelo · Las precipitaciones salvan el cereal, la única alternativa actual para los agricultores de la zona

Economía

La campiña jerezana arrastraba un déficit de precipitaciones de en torno al 20% desde el comienzo del año agrícola, que en números redondos se traducía en unos cien litros por metro cuadrado menos que la media registrada en los últimos siete años desde comienzos de septiembre a primeros de abril.

El prolongado ciclo de sequía, el más severo de las últimas décadas, empezaba a dejar su huella en el campo tras un invierno especialmente seco, que ponía en serio peligro la cosecha de cereal, cultivo con el que los agricultores de la provincia se las prometían muy felices por los elevados precios a los que se cotiza en el mercado mundial el producto estrella de la última campaña.

Las siembras de trigo en la provincia, según datos de la Consejería de Agricultura, se dispararon un 10% hasta alcanzar las 82.000 hectáreas, y sólo cabía esperar una buena cosecha para compensar el varapalo de la Unión Europea a la remolacha y el algodón, cultivos tradicionales que las reformas comunitarias obligaban a reducir a la mínima expresión.

El trigo empezaba a perderse y los agricultores no sabían a qué encomendarse ya cuando apareció la borrasca, que recibieron de brazos abiertos y que en apenas tres días ha devuelto el equilibro con los más de cien litros registrados hasta ayer a mediodía en la zona.

Organizaciones agrarias, regantes y viñistas coincidían ayer en señalar la oportunidad de unas lluvias que llegan en el momento justo para salvar la fase crítica de los cultivos de invierno, principalmente el cereal, aunque también el girasol y la poca remolacha sembrada este año, apenas 4.000 hectáreas frente a las 11.000 de la campaña anterior o las 17.000 de la media histórica.

Del mismo modo, desde Asaja-Cádiz hicieron hincapié en la importancia de las precipitaciones, que según las previsiones se mantendrán hasta el viernes, para la dehesa, es decir, para alivio de los ganaderos, asfixiados por el incremento de los costes de producción, entre ellos el de los piensos con los que habían comenzado a alimentar el ganado por la falta de pastos.

En cuanto al algodón, y al margen del alcance de las decisiones adoptadas por Bruselas, las lluvias contribuyen a ablandar las tierras para facilitar su preparación de cara a las próximas siembras del cultivo (abril y mayo), al tiempo que propician un considerable ahorro de combustible para la maquinaria agrícola.

"La situación en la campiña era muy mala por la sequedad del invierno y la ausencia de lluvias en el arranque de la primavera", de ahí que los agricultores tratarán de "aprovechar al máximo" unas lluvias que, hasta el momento, "el campo ha absorbido sin problemas", señalaron desde la patronal agraria y la comunidad de regantes del Guadalcacín, que confían en que las tierras acumulen reservas suficientes en el subsuelo para afrontar un verano que se prevé tan seco como el inicio del año agrícola.

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