"El euro ha bajado el precio del dinero"

  • El veterano dirigente socialista señala que pertenecer a la UE es "la mejor defensa que podemos tener"· Dice que en la agricultura "se ha producido un cambio copernicano porque hay países que quieren comer mejor"

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Enrique Barón Crespo (Madrid, 1944) es uno de los políticos más expertos del país. El veterano dirigente socialista, que formó parte del Gobierno de Felipe González entre los años 1983 y 1985, lleva dedicada su vida profesional a Europa desde 1986. El pasado miércoles visitó Jerez, "que conozco bastante bien porque participé en la negociación de convenios de la Vid", dijo, para sumarse al homenaje al veterano sindicalista Sebastián González y hablar de su dilatada experiencia en la Unión Europea.

¿Cómo podemos trasladar el concepto de la Constitución europea a la gente de la calle?

"De muchas maneras. Tras la aprobación de la Constitución europea, que el pueblo español votó, y que el tratado de Lisboa básicamente ha salvado, se puede sintetizar en que tenemos los mismos derechos y compartimos el mismo destino que 500 millones de personas. En el mundo de hoy, tan globalizado, con potencias emergentes como China o India, es la mejor defensa que podemos tener. Entre otros asuntos se consagran derechos como el sufragio activo y pasivo en las elecciones municipales y europeas, el ejercicio del derecho de petición ante el Parlamento, que España ya ha ejercido en temas como la lucha del medio ambiente o la destrucción de costas. O el hecho de tener un pasaporte europeo, como el español, que te permite estar cubierto en países en que no hay delegación española, pero sí de otros países europeos. Y cosas que han pasado a ser normales, pero tan importantes como que nos veamos mejor administrados, como ha ocurrido en España: cuando entramos en la Unión Europea la inflación estaba entre un 10 y 12%, el dinero nos costaba mucho más... pero el euro ha permitido bajar sustancialmente el precio del dinero, además de defendernos de las turbulencias financieras de los mercados mundiales, y permitir que el ciudadano de a pie haya podido comprar mucho mejor una vivienda.

En esta comarca ha tenido especial trascendencia diferentes OCM de distintos productos agrícolas, ¿Cuál es su valoración de su impacto?

Yo he sido presidente de la comisión de comercio internacional y tenemos que acostumbrarnos a que los europeos negociamos en conjunto. Uno tiene que defender sus intereses, como el algodón, que tiene gran importancia en Sevilla pero, por explicarlo, les señalo que Grecia es el principal productor. Pero esos intereses tienen que ser compatibles con los de los demás. Intentamos encontrar un ajuste para una producción que no es muy importante (por el algodón), pero tenemos que defender a nuestros productores, y al mismo tiempo impulsar un sistema más justo para favorecer el desarrollo de países, especialmente los africanos, cuyas poblaciones llenan los cayucos hacia Europa. Me lo decía un líder africano de los sindicatos productores de once países en una reunión en Doha: si mi hijo no puede cultivar algodón tendrá que atravesar el desierto, subirse a un cayuco e intentar llegar a Europa. Y España es su puerta de entrada.

Pero los precios de los productos básicos se han disparado...

Es que se ha producido un cambio copernicano y que va a ser sostenido, porque acceden países, por así decirlo, que quieren comer mejor. Lo de China e India es espectacular, pero hay más en el continente asiático. Luego hay una segunda dimensión: está el desarrollo de la utilización de productos agrícolas o de sus residuos para fabricar biocombustibles... Como decía antes, hay que ajustar intereses de unos y otros. Y esta zona, que tiene una enorme capacidad de producción agropecuaria, debe pensar en nuevas líneas. En Andalucía las zonas agrícolas más dinámicas son las menos subvencionadas, caso de Almería, un paradigma de la transformación de un desierto. Y, paralelamente, hay que recordar que la Unión Europea ha dado un decidido impulso a políticas de calidad y seguridad alimentaria porque debemos pensar en los consumidores: ya son mucho las experiencias desagradables, como la colza, las 'vacas locas', el pollo con dioxinas, que hay que tomárselos muy en serio. Casos conocidos por todos los ciudadanos por lo que tenemos que extremar la seguridad agroalimentaria.

¿Esa mayor demanda mundial de alimentos puede favorecer a la UE?

Sí creo que sí. Es evidente que en los grandes mercados mundiales, como los cereales o los productos lácteos, se puede recuperar esa capacidad de producción y Europa la tiene.

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