El nuevo hallazgo de Ortega Bru en el Descendimiento

  • El trabajo de restauración que está llevando Ars Nova del paso ha permitido encontrar unas policromías inéditas del genial artista sanroqueño

Antonio Guerrero y Fabián Pérez, encargados de la restauración del paso del Descendimiento y rescatadores de las policromías llevadas a cabo por Luis Ortega Bru. Antonio Guerrero y Fabián Pérez, encargados de la restauración del paso del Descendimiento y rescatadores de las policromías llevadas a cabo por Luis Ortega Bru.

Antonio Guerrero y Fabián Pérez, encargados de la restauración del paso del Descendimiento y rescatadores de las policromías llevadas a cabo por Luis Ortega Bru. / Pascual

Todo debió de ocurrir cuando Fabián Pérez y Jesús Guerrero, restauradores con sello de garantía de la empresa Ars Nova Restauraciones, se disponían a curiosear bajo la policromía de las capillas que porta el canasto del Descendimiento. El paso preocupaba a la junta de gobierno de la hermandad de la Victoria y pensaron que era el momento para un estudio de recuperación por parte de expertos en la materia. Fabián Pérez asegura que "los grandes desperfectos que se apreciaban eran fundamentalmente el de un mal mantenimiento durante decenas de años". La purpurina ha quitado muchos problemas a los mayordomos pero también han deteriorado muchos dorados.

A pesar de no tener grandes problemas de estructura, sí se encontraron en la obra alguna pérdida volumétrica de las zonas más cercanas a las esquinas. Labores de limpieza así como adecentado del dorado y policromías en general fue la línea a seguir, siempre dejando la huella del tiempo y el valor de los años en una recuperación que respeta el origen de la obra. Jesús y Fabián fueron designados por la junta que preside Alfonso Muñoz para llevar a cabo esta intervención. Y así fue como sucedió el hallazgo.

Haciendo un pequeño recorrido por su historia, el paso de misterio parece que es encargado a Luis Ortega Bru en el año 1958, autor del impresionante conjunto escultórico que va arriba y que es uno de los grandes tesoros que tiene Jerez en su Semana Santa. No debió de haber acuerdo, bien por plazos de tiempos o por poca sintonía en los emolumentos. No queda claro el asunto. Así que el tallado del paso se encarga a Manuel Guzmán Bejarano. A excepción de las distintas capillas que lleva el paso en el canasto cuya autoría también corresponde a Ortega Bru.

"Desde que comenzamos a trabajar nos dimos cuenta de que los trazos de las policromías de las capillas llegaban a ser ciertamente vulgares y exageradamente académicas, buscando siempre una unificación en los colores y sin resaltar ningún motivo ni detalle. Con poca riqueza interpretativa. No nos cuadraba por parte de Ortega Bru una policromía tan básica. Así que nos pusimos manos a la obra y aparecieron otras capas que sí nos convencían de que el genial artista había intervenido en la pintura de su propio trabajo", asegura Fabián. Ahora todo cuadraba mucho más. No era de sentido común que Bru tallara y dejara el trabajo a medias sin policromar, máxime cuando él lo hacía en todas sus obras.

No obstante, los restauradores aseguran que aunque es difícil de secuenciar de manera exacta la cronológica de dichas policromías (son varias las capas de repintes las que tiene) sí se identifica con claridad la más subyacente como la de más riqueza artística, la cual se da por original.

Por tanto, se podría asegurar que el paso está quedando aún más conjuntado. Ahora se puede observar una mayor sintonía entre las geniales pinturas macilentas de las imágenes del Descendimiento -se trata de una fuerte influencia que tuvo el artista de la imaginería castellana al estar en aquella época trabajando en Madrid- y las figuras que conforman estas capillas. Todo mucho más armonioso y conjuntado.

Destacar que este gran paso de Guzmán Bejarano, con la influencia que debió de tener el genial artistas sanroqueño -se deja apreciar en los dibujos y recovecos barrocos de los respiraderos en contraposición con el canasto, mucho más arquitectónico- es una obra imperecedera que se culmina con el impresionante retablo andante de Jesús descendiendo de la cruz. Ahora, tras el paso del tiempo y sometido a intervenciones ciertamente no acertadas, este paso volverá a tener el esplendor de antaño. Más cercano a cómo lo concibieron estos dos grandes del arte del pasado siglo en Andalucía como fueron el tallista Manuel Guzmán Bejarano y el imaginero Luis Ortega Bru. Ahí es nada. Y todo para engrandecer aún más el patrimonio artístico religioso de la ciudad de Jerez y su Semana Santa.

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