Madrugada con Ava

  • Desenfocado por Pedro Ingelmo

RECUERDO una tarde, ya anochecida, de noviembre de 1984 caminando por la calle Toledo de Madrid y canturreando ese inicio de la canción de los Who The kids are all right que dice que "no me importa que otros chicos bailen con mi chica". Y lo canturreaba de corazón porque mientras otros chicos iban a bailar esa noche con mi chica, yo iba a bailar con Ava Gardner. Estaba feliz hasta el punto de seguir recordando hoy ese paseo como una emocionante punzada. Me explico. Acababa de tener una pelotera telefónica con mi chica. Había una fiesta que no se quería perder bajo ningún concepto y no entendía que yo prefiriera un maratón de madrugada con cinco películas de Ava Gardner en el Cinestudio Bogart. Llevaba días pensando en esa noche como si fuera una primera cita. No se me olvida el programa. Empezaba a las diez de la noche con Forajidos, ella ahí, junto al piano, seduciendo al pobre tonto de Burt Lancaster, ese boxeador noqueado. A continuación, La condesa descalza, lloviendo en el cementerio sobre todos los hombres que la amaron y que nunca sabrían bien si la poseyeron o ella les poseyó. Ya sobre las dos, y contando con que el bar estaba abierto toda la noche despachando carajillos de café y coñá barato, entraba en acción el tercer vértice de un triángulo africano completado por Grace Kelly, tan cándida, y Clark Gable en Mogambo. No creo que hubiera color, dijera Rainiero lo que dijera y cambiara el doblaje de la censura lo que cambiara para crear aquel celebrado incesto entre Grace y su supuesto hermano que, naturalmente, era su marido. Ava se los comía a todos, incluido al león de la Metro. A las cuatro (ya hasta arriba de carajillos), Ava era Pandora en una extraña película de Lewis Allen, quizá no muy apta para esas horas, en su versión surreal de la leyenda del holandés errante. Y finalizaba la noche con una película no muy buena, es cierto, basada en el cuento de Hemingway Fiesta, donde confieso que pegué alguna cabezada entre sanfermín y sanfermín. La sala estaba repleta. Eramos muchos los que queríamos pasar una noche con Ava y, ya se sabe, que Ava podía con todos, como había demostrado unos cuantos años atrás en las noches madrileñas. Sí, fue toda una madrugada con Ava y, como ustedes pueden comprender, me importaba un pimiento que otros chicos bailaran con mi chica. Tras el despertar de la primera noche en la que Dominguín se acostó con Ava, el torero se fue directamente al teléfono. Ava le preguntó que qué iba hacer y Dominguín contestó: "¿Que qué voy a hacer? Contarlo". Pues eso.

Etiquetas

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios