No hemos pasado por nuestros mejores momentos como ciudad. Son muchos los problemas, escasas las soluciones pero gracias al cielo amplios también son los horizontes. Es por ello que cuando la ciudad disfruta de un acto como el que ayer se vivió en el Depósito de Sementales es de reconocer que hay un orgullo que te brota de dentro y te deja un sabor dulce en los labios que hace que, al menos, te olvides de tanta hiel. La entrega del Caballo de Oro a la Guardia Real tuvo categoría, lo que se dice empaque. Presidida por la Infanta Doña Elena, la ceremonia sirvió para lo que deben servir este tipo de acontecimientos: honrar al distinguido, que éste te cuente las cosas que hace y, de paso, ofrecerte lo mejor que guarda en su 'casa'. Y eso fue lo que los profesionales de la Guardia Real hicieron ayer. Se les veía orgullosos, atentos a cualquier fallo en una tierra que entiende de caballos como ninguna otra. "Éste es el corazón ecuestre de España", dijo el coronel Diz. No le faltaba razón. Y al orgullo que nos brotó del alma tampoco.

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