Entre paréntesis

rafael / navas

Festival al rescate

LAS caras de un grupo de japonesas la noche del viernes viendo el emocionante audiovisual 'A compás del tiempo', de Miguel Ángel González, proyectado sobre la fachada del edificio de Correos, frente al Teatro Villamarta, eran como las de los niños cuando ven el espectáculo de fuegos artificiales sobre el castillo de Disneylandia.

Y es que Jerez es para muchas personas durante estos días como un parque temático del flamenco. Cientos de visitantes, tal vez ya miles, que un año más han recorrido miles de kilómetros, desde los rincones más escondidos y remotos del mundo, para llenar el Teatro y fundirse con nuestro arte más universal durante unos días, cumpliendo sus sueños y empeñando en ello meses de trabajo, esfuerzo y dinero.

Veinte años después, el Festival de Jerez se ha convertido en una de las principales herramientas, si no la mayor, de esta ciudad en el exterior. Poco a poco, este evento ha ido venciendo a las resistencias, recelos y derrotismos locales iniciales. La apuesta por el baile y por la presencia de artistas de otras latitudes flamencas chocó con el talibanismo que existe en muchos ámbitos de la cultura pero el tiempo ha demostrado que ese era el camino... y que todo es compatible sin tener que renunciar a nada. Gracias a la mente visionaria de Paco López y al equipo técnico y artístico del Teatro Villamarta sabiamente dirigido hoy por Isamay Benavente, en Jerez contamos con un festival a la altura de cualquier gran acontecimiento mundial. Jerez se lo va creyendo cada año un poco más y falta que desde las instituciones que se vuelcan con otros festivales sin mirar su calidad echen una mano de verdad y vayan más allá de las últimas limosnas.

Llega este vigésimo festival en un momento muy oportuno. El año ha empezado en Jerez para salir corriendo. Hasta la propia existencia de este Teatro que atrae a gentes desde los cinco continentes está cuestionada. La fórmula de la absorción de su fundación por la Andrés de Ribera, autorizada esta semana -como no podía ser de otra forma- por el Ministerio de Hacienda es una tabla de salvación momentánea. Hay que garantizar su viabilidad en el futuro más allá de este 'parche' provisional. Convertir al Teatro en parte de la maquinaria de promoción económica de la ciudad es algo que no le entra en la cabeza a los sucesivos gobiernos municipales por más que se compruebe que de su actividad ayuda a muchas personas en varios sectores, como la hostelería.

Las visitantes japonesas que se embelesaban con el audiovisual de Miguel Ángel, o con su exposición en ArteaDiario, o con las de Juan Salido y Juan Carlos Toro, o con el documental de Antonio Asenjo -entre otras grandes apuestas de este festival- no ven un espectáculo en el Villamarta y se van. Se quedan toda la semana, y algunas hasta dos. ¿Existe hoy algo en Jerez capaz de retener tanto tiempo a un visitante? Tenemos que valorar esta potencialidad que tenemos -no todo van a ser malas noticias- y ser capaces de aprovecharla el resto del año con nuevas iniciativas, tomando al festival como modelo. Arte, talento e historia contra el desaliento.

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