Gafas de cerca

José Ignacio Rufino

jirufino@grupojoly.com

Hacerse la rubia

Cifuentes tiene razón. Habiendo varones simples y 'encelables', habrá rubia ganadora

Si uno escribe el término "rubia" en un buscador es muy posible que entre los primeros hallazgos haya alguna página porno, y otras sobre el atractivo trivial asociado a la mujer blonda. "La rubia", como concepto, tiene una innegable acepción erótica, y no sólo para los ositos españoles de los setenta simbolizados por Alfredo Landa y su pasión escandinava en Torremolinos: a la mitología sexual de Holywood (Marylin o Sharon), Hitchcock (Grace, Kim) o Cinecittà (Anita en la Fontana di Trevi, ¡ay!) le salen las rubias por los poros tanto como a Landa la testosterona tras las orejas al ver suecas en biquini. Uno buscaba en Youtube las declaraciones precisas de la presidenta madrileña, Cristina Cifuentes, esas que tanta resonancia mediática han tenido y tanta condena han recibido: "Cuando te reúnes con hombres y te haces la rubia [sexy y banal], consigues muchísimo más". A Cifuentes parece irle una máxima mediática muy en boga, que ya detectaron otros como Oscar Wilde y Luis Miguel Dominguín: "Que hablen de ti aunque sea mal". Que hablen, y tuiteen, y retuiteen, y expelan babas venenosas o te defiendan: que hablen cuantos más mejor. Lo mismo que hizo aquella vez que dijo que ella y los de sus barrios capitalinos pagaban la sanidad a los andaluces.

Pero lo sustancioso de la boutade de la presidenta es… que tiene razón. Y que si hay mujeres que practican el momento rubia es porque, como ella afirma, funciona. Que funciona porque la rubia -con tacón, otro detalle que también mencionó-pone al machote un puntito verriondo extra. Y ya saben, muchos perritos mueren atropellados detrás de una perrita que despide sexo. Los hombres, o muchos, o no pocos, parece que nos dejamos atropellar en las negociaciones por un taconazo, una rubia con melena de bote, una risa superficial y un elixir de Chanel que, invisible, la rodee y la persiga. A Cifuentes le han caído muchas collejas feministas, por ser tan machista y neopatriarcal el anzuelo de notoriedad que -ya lo ven-mordimos. Y eso no es cierto. Habrán visto a no pocas mujeres emancipadas -he pensado un rato el adjetivo- henchirse de seguridad al vestirse sexy.

Se acaba el espacio, así que un dato: recuerden a aquella parte izquierda de la cremallera ministerial de Zapatero, las ministras, vestidas en un Vogue como chicas encantadas de gustar. Revísenla: Salgado, De la Vega, Garmendia: mujeres autodeclaradas progresistas. Monísimas y algo sicalípticas, bien entaconadas. Cada uno negocie con sus armas. Habiendo varones simples y encelables, habrá rubia ganadora.

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