Relaciones humanas

Manuel Fernández García-Figueras

Indignidad

HAY palabras, sustantivos y calificativos, en nuestro rico idioma que utilizadas indebidamente pueden volverse contra quien las dice o las escribe. Especialmente si se trata de calificar a personas, trabajos o cosas hay que tener mucho cuidado y medir bien lo que pretendemos decir, a menos que busquemos directamente la descalificación o el insulto.

Sirva esto de introducción a lo que hoy queremos comentar y que se refiere a un artículo aparecido en un periódico de nuestra zona y en cuyo texto el firmante dice, entre otras lindezas, que ser torero es una de las profesiones más indignas a la que se puede dedicar un ser humano. La frase está copiada literalmente y no se presta a equívoco, confusión o exageración.

La libertad de expresión es sagrada e intocable y por eso empezaremos diciendo que todos somos libres para decir lo que queramos, cuando queramos y como queramos pero -habría que añadir- sin lesionar a nadie y sin hacer afirmaciones contundentes que pueden molestar a un colectivo de profesionales, como en éste caso a los matadores de toros. En primer lugar porque la Fiesta Nacional está muy arraigada en nuestra Historia y en nuestra Cultura y, a pesar de los pesares, goza de una excelente salud y es una realidad de la que viven miles de familias españolas. En segundo lugar, no menos importante, porque afirmaciones como la que hace el firmante que nos ocupa se vuelven contra los que las pronuncian y las suscriben. Podríamos decir, con razón, que el autor del ataque a los toreros ha caído muy bajo en su intención. ¿No es cierto que un comentario como el que hemos citado textualmente es una mala acción? ¿No es indigno y despreciable el fondo del mensaje del firmante?

Dicho todo esto, el resumen de nuestra intención es dejar bien sentado que la profesión de torero es tan digna y meritoria como cualquier otra y que los ataques que se le hacen desde artículos y tertulias poco serias pueden llegar a ser como un bumerán que, tras describir una trayectoria curvada, se vuelve contra quien lo lanzó. Claro que también cabe decir aquello de a palabras neciasý, como seguramente habrán dicho los toreros jerezanos, si es que han tenido noticia del artículo en cuestión.

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