Crónicas levantiscas

Juan Manuel Marqués Perales

Mariano y Pablo

MARIANO Rajoy no es Shackleton. Ni Aníbal ni Alejandro Magno, su caso nunca se estudiará en las escuelas de liderazgo. Nunca pasará más de una noche a la intemperie por los suyos. El CIS tuvo que desbrozarle el sendero para que se atreviera a pronunciar un discurso antes sus diputados en el Congreso. Tampoco es Churchill, iba ronco de espíritu y dejó que los sondeos animasen a Iglesias: qué bien volvéis a ir, Pablo, el CIS os vuelve a colocar los segundos, por delante del PSOE. Ya ocurrió antes de las elecciones, el CIS cantó el sorpasso y Rajoy se fue a Bruselas a contárselo a Merkel, sí, sí los segundos Angela, impresionante. Iglesias no es Dani el Rojo, más bien parece el Chucky de la izquierda española; henchido por el éxito que le atribuye el CIS, el más humilde entre los españoles no se baja del carro de su vicepresidencia y de sus seis ministros, lo mismo vale para que Margallo intente asustar a las embajadas que para acabar con el intento de Pedro Sánchez de construir el trío de ases del cambio. Como la marmota de Pensilvania, Rajoy ha vuelto a su madriguera después de proclamar a los suyos, en un ardid dialéctico propio de Castelar, que "saldremos bien". Iglesias ha picado, el PSOE no puede gobernar con Podemos, el acuerdo con Ciudadanos se le servirá en bandeja y él decidirá si Rajoy merece una segunda oportunidad.

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