Saque de banda

República Ikea-catalana

Quizá pretenden ganar 50 años de victimismo antes de alcanzar el momento Ikea. No lo descarten

Por sorprendente que parezca, el Código Penal que entró en vigor en 1995 no considera en el ámbito penal el acto de rebelión, a todas luces evidente, que llevaron a cabo la semana pasada los políticos independentistas del Parlamento de Catalunya. Por tanto, el atentado a la democracia y el incumplimiento de la legislación vigente implica a efectos jurídicos inhabilitación y una multa. No hay más.

Esto es así porque la clase política se ha estado protegiendo del poder judicial en base a su control e intervención y fundamentalmente haciendo acomodar el Código Penal para proteger sus intereses.

Cuando Rajoy dice que caerá todo el peso de la ley sobre los políticos independentistas, sabe perfectamente que ese peso es muy liviano; es una vergüenza que conducir rápido sea un delito penal, (que está bien), pero no lo sea un acto de sedición perpetrado por políticos desde un parlamento.

Pero Rajoy tiene no uno, sino dos ases en la manga: el botón del artículo 155 de la Constitución y encauzar por la vía penal la desobediencia a las sentencias del Constitucional. Por ese motivo se apresuró inmediatamente, tras comprobar que efectivamente se habían atrevido a tramitar la ley de transitoriedad para la desconexión, a solicitar del alto tribunal la ejecución de las sentencias que el mismo tribunal había emitido con anterioridad.

Los políticos independentistas han perdido definitivamente el norte en una dimensión difícil de comprender. Saben perfectamente que el referéndum no se hará; será impedido por el Estado, incluso por la fuerza. Saben también que los funcionarios, alcaldes y concejales necesarios para el referéndum, amén de ciudadanos de a pie que no se presentarán en las mesas electorales, impedirán con su ausencia por la vía lógica del sentido común y el miedo a perder el sueldo, que la consulta pueda llevarse a cabo.

Solo cabe una de tres conclusiones: son rematadamente idiotas; quieren convertirse en mártires como parte de un proceso que iluminara en el futuro la República Ikea-catalana o son unos hijos de Satán, por decirlo suavemente, y pretenden incendiar la calle.

Me inclino por la primera, que nos puede llevar por idiotez a la tercera.

Cataluña no valió una bagatela en 1714. Quizá pretenden ganar 50 años de victimismo antes de alcanzar el momento Ikea. No lo descarten. Pfffff Quin aborriment.

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