CON MALA UVALa columna

Ana Pielfort

La bota de los turbiosAdministración de lotería

En algunas ocasiones la madre naturaleza nos sorprende volcándose con los productos de la tierra. En esta ocasión se trata de todo un señor rábano de cinco kilos que sujeta su sonriente propietario en el conocido mosto 'El Domi'. Para acompañar a unos cuantos lebrillos de ajo campero. Los de al lado, aunque algo más pequeños, tampoco son moco de pavo. La foto es de MIGUEL ÁNGEL GONZÁLEZ.

ME gustaría dejar claro que, cuando ordinariamente se habla de las administraciones de lotería, los administrados no solemos pensar en esos edificios con banderas donde se pagan los tributos y donde cada final de año se hace una rifa de la que un gordo sale premiadoý ¡No! ¡Qué va! Lo que sí es una verdadera administración de lotería, ustedes lo sabrán mejor que yo, es ese establecimiento que, de tan tradicional en Navidad, pudiera incluirse en los packs de portales de belén.

Pocos sitios como las administraciones -de lotería, me reitero- incluye la diosa Fortuna en su recorrido de diciembre. Y en pocas zonas del país, agita con tanto énfasis su rueda de la suerte como cuando pasa por la costa levantina antes de hacer transbordo en una comarca gallega asolada por los malos tiempos. Es tan fugaz su huida hacia otro lugar, que todavía las generosas loteras entrevistadas en televisión, tras años y años de sobresaltos, no han llegado a percibir el peso de la divina figura revoloteando sobre los boletos tendidos en ristra frente al mostrador. Ellas, mejor que un jugador ocasional, pueden decir que tuvieron la suerte en sus manos y la dejaron escapar.

Cuántas veces habremos dicho esto mismo sin necesidad de tocar un décimo, y cuántas veces hemos llenado el monedero con las ochocientas mil participaciones de peñas, hermandades, colegios, charcuterías, asociaciones, clubs, talleres, baresý y así hasta el infinito de opciones donde se tiene la vida igualmente participada. ¿Cuántas veces hemos oído que la suerte está ahí afuera y sólo hay que salir a buscarla? ¿Con este frío? No sé, pero si alguien va de listo, y pretende pillar a la diosa Fortuna en un renuncio, sorprenderla o conquistarla, es que no sabe lo caprichosas que pueden llegar a ser las mujeres.

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