Infiltrado en Miami | Crítica Fallida 'buddy movie' intercultural

Omar Sy y Luis Guzmán en una imagen de 'Infiltrado en Miami'. Omar Sy y Luis Guzmán en una imagen de 'Infiltrado en Miami'.

Omar Sy y Luis Guzmán en una imagen de 'Infiltrado en Miami'.

Bajo la fórmula paródica de las buddy movies policiacas de los años 80, Infiltrado en Miami nos trae al popular Omar Sy (Intocable, Monsieur Chocolat, El doctor de la felicidad), rostro amable e integrado de la negritud en la Francia multicultural, en la piel de un policía del barrio parisino de Belleville, tipo bonachón con una novia china y una madre árabe siempre encima que tendrá que viajar hasta Miami para desmantelar una trama criminal de tráfico de drogas que ha dado con su mejor amigo en un ataúd.

Confiando prácticamente todo su potencial al carisma y a la blanqueada vis cómica de Sy y a su relación con el policía latino, bajito y barrigudo que encarna el gran secundario Luis Guzmán (aún me río al recordarlo en Embriagado de amor), la cinta que dirige el otrora prestigioso Rachid Bouchareb (Little Senegal, Días de gloria) no funciona empero en su empecinamiento en dedicar más tiempo del necesario a la trama policial y dramática en sus ramificaciones africanas, tal vez para disimular la flagrante falta de ideas cómicas que exploten algo más las diferencias físicas entre sus dos protagonistas, el inevitable choque cultural filtrado por el cine o la aparición esporádica del personaje de la madre posesiva, todas muy por debajo de los mínimos necesarios para compensar el precio de la entrada.