Guadalcacín-San Roque de Lepe | Crónica

Por fin llegó el primer triunfo en casa (2-1)

  • El debutante Robert sella en el descuento la primera alegría del Guada en el Fernández Marchán después de que Rosales igualara de penalti el gol inicial del San Roque

Robert felicita a Rosales tras empatar el central de penalti. Robert felicita a Rosales tras empatar el central de penalti.

Robert felicita a Rosales tras empatar el central de penalti. / Vanesa Lobo

Inasequible al desaliento, el Guadalcacín tiró de casta, orgullo y coraje para remontar al San Roque de Lepe y sumar, después de once partidos en casa, su primera victoria de la temporada en el Fernández Marchán, que independientemente de que llegue tarde deja claro que el equipo de Jesús Mendoza quiere competir hasta el final y está dispuesto a acabar de la manera más digna posible, y el partido de este mediodía ha sido un buen ejemplo: el Guada no se vino abajo con el 0-1 y tras empatar Rosales de penalti, el gol de la victoria llegó en el descuento con la firma del debutante Robert.

Y es que de nuevo tuvieron que remar a contracorriente los azules porque el San Roque se puso por delante en su primera llegada a Lebrón, una internada por la izquierda que remató Higor Rocha, un incordio constante para la defensa local. De nuevo cuesta arriba, pero el Guada no se rinde y aprovechó el conformismo de los aurinegros, que quizá vendieron la piel del oso antes de rematarlo, para irse arriba y empatar poco después, en una llegada en la que Nico impidió el empate de Fran Jiménez despejando a córner el remate a bocajarro del ariete local, y señalando penalti el colegiado en el saque de esquina por empujón descarado a Rosales con el árbitro a pocos metros.

El cañón de Rosales no falló la pena máxima, y eso que la tiró por el centro y rasa, pero con tanta potencia que al portero visitante no le dio tiempo a reaccionar y el balón le pasó como un misil por entre las piernas.

El empate reabría el litigio, en el que el San Roque no dio apenas sensación de ambición mientras el Guadalcacín se crecía en la pelea, entre otras cosas porque los juveniles Fernando y Benítez se agigantaron junto a Luis Castillo y equilibraron con su derroche la diferencia de calidad con un equipo aurinegro plagado de nombres y un conjunto azul repleto de hombres.

El pulso se mantuvo equilibrado hasta el descanso, con escarceos y llegadas pero sin ocasiones claras, y la segunda mitad arrancó con el Guada tratando de aprovechar el viento a favor. El envite avanzaba sin oportunidades claras hasta que el San Roque estuvo a punto de golpear de nuevo en su primera aproximación de peligro, pero un defensa local salvó prácticamente bajo palos el taconazo de Cerpa, que de espaldas a pocos metros de la portería recibía un buen pase de Higor Rocha.

Mendoza movió el banquillo dando entrada a Regalí por la derecha, pasando Marín a jugar en punta y David Piñero por detrás, pero al Guada le costaba llegar y de nuevo pudo adelantarse el San Roque en un magnífico cabezazo en plancha de Luois Robles que repelió el travesaño. Los de Lepe, impulsados por Pablo Ganet, parecían ir a por el partido pero ahí se quedaron porque el Guada ajustó sus líneas y cerró mejor las líneas de pase.

Y además, el equipo de Mendoza no renunció a buscar la portería contraria, capítulo en el que el debutante Robert se ganó el protagonismo por méritos propios. Aprovechando el viento a favor, cada falta era un envío de Rosales al corazón del área aurinegra, como la que David Piñero remató en el segundo palo sacando Nico a bote pronto el remate y desviando a córner (88'), saque de esquina al segundo palo que Marín remató alto. Respondía el San Roque con una llegada de Higor Rocha por la derecha con pase atrás que Alfonso remató tapando un defensa a ras de hierba, ya en el descuento.

Y cuando parecía que el partido acabaría en tablas, un saque de banda a la altura del bar peinado en el primer palo dejó el balón en el corazón del área visitante, donde Robert apareció para remachar la primera victoria del curso en casa, una merecida alegría para un equipo que no arroja la toalla y que está dispuesto a morir con las botas puestas.

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