XXV Festival de Jerez Autorretrato de un creativo

José Maldonado baila con un mural de Falla detrás.

José Maldonado baila con un mural de Falla detrás. / Manuel Aranda

No estaríamos siendo suficientemente justos si definiéramos a José Maldonado únicamente como bailaor flamenco. Su personalidad creativa traspasa lo meramente dancístico llegándose a mostrar altamente capaz de crear obras pictóricas que guardan una estética de calidad. Así se mostró en los primeros quince minutos de su última creación que titula ‘Galería’, como un ingenioso del pincel y la brocha desde un universo personal e interiorizado.

Siendo tan íntimo su mensaje, a la hora de componer el gran panel situado en el centro del escenario, llega a la perspicacia más evidente cuando se emplea en subrayar sus diversas cualidades artísticas. Esto es, transmite y emociona, gusta. No es la primera vez que Maldonado aterriza en el Festival, ya lo ha hecho anteriormente en otras ocasiones destacando siempre por su buen nivel interpretativo.

Ayer, en los Museos de la Atalaya, lugar de acogida de propuestas más alternativas como es este caso, el bailaor catalán se confirmó como una de las firmes estrellas de su generación. Y lo hizo con una propuesta basada en la materialización de sensaciones encendidas por cuatro ilustres e históricos de la cultura española. Cuatro rostros claramente definidos sobre la escena que motivan al artista a bailarles con unos recursos extensos. Manuel de Falla le acerca al movimiento del mantón con el ‘Amor Brujo’ como bella melodía. Hay que destacar la nula presencia de acompañamiento encima del escenario. Todo lo que suena llega desde un fondo musical. Así ocurre cuando bebe del legado de García Lorca, dejándose llevar por sus recordados poemas llevados al cante como ‘La Tarara’ o ‘La Leyenda del Tiempo’, en los que Maldonado seduce con el manejo del sombrero. Se sumerge en el surrealismo rumbero de Salvador Dalí, para sentenciar la faena con la potencia de sus pies y brazos evocando a la gran Carmen Amaya.

José Maldonado consigue, como conclusión, exprimir el jugo creativo de sus elegidos inspiradores para, más que dibujarlos en el aire, exponer su propio autorretrato.

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