Festival de Jerez

Oda gitana a la mujer

Vicente Soto canta por bulerías a su mujer, Luisa Heredia, en el fin de fiesta de su espectáculo, junto a todo el elenco. Vicente Soto canta por bulerías a su mujer, Luisa Heredia, en el fin de fiesta de su espectáculo, junto a todo el elenco.

Vicente Soto canta por bulerías a su mujer, Luisa Heredia, en el fin de fiesta de su espectáculo, junto a todo el elenco. / Manuel Aranda

El cante de los Sordera está más vivo que nunca. Tío Manuel Soto Monje y Rafaela Barea Carrasco dejaron un legado de museo, de esos que por año siguen adquiriendo valor. En la actualidad es Vicente Soto quien alza la bandera de esta saga de soníos negros. Ha cumplido ya sus bodas de oro en el cante y, tras más de una docena de discos en el mercado, celebra tal efeméride dedicando las ‘Coplas del Desagravio’ a la figura de la mujer, con letras de Rafal Lorente. Un extraoridinario trabajo, sin duda.

La presentación tuvo lugar el pasado sábado en González Byass, llena a reventar y con gente buscando una localidad libre por los rincones. La expectación era evidente y entre el público había mucha gente de Jerez, hecho destacable por lo poco habitual en esta muestra.Asistimos a un gran acontecimiento en el que saboreamos la esencia de los cantes de Vicente, que inspira a los duendes al comienzo por seguiriyas al son primitivo, “al golpe” en una mesa. Antes, tanto Pepe Marín como Luisa Heredia, esposa del cantaor, dan la bienvenida solemnemente con un recital de versos dedicados a la mujer, musa de lo jondo, “el árbol de la vida”.

Sobre el escenario van desfilando colaboraciones en guitarras como la de Manuel Parrilla, que acompaña sobradamente por soleá por bulerías, con el incomparable sello de la casa Sordera, o Alfredo Lagos, que se suma a la minera y cartagenera en las que Vicente demuestra el dominio absoluto del abanico de cantes habidos y por haber.

Para honrar al género femenino cuenta con Lela Soto, su hija, que nos regala unas alegrías marineras que nos llevan a Cádiz de un salto, al son de Nono Jero, dejando un gratísimo sabor de boca. “Vivan las acedías”, dice ‘El Bo’. Otra mujer de relevancia en el cante, Melchora Ortega, hace acto de presencia a ritmo de malagueñas, de pie, al estilo de La Paquera, con musicalidad y elegancia.

Vicente se siente cómodo y tiene ganas, no se queda nada dentro. Manuel Valencia, tras triunfar en Villamarta, lo acompaña en los fandangos por soleá y Juan Diego Mateos hace lo propio en fandangos de Huelva. El público disfruta de la calidad artística del de Santiago. No cabe duda que la puesta largo de este disco denota nivel, seriedad, organización y, sobre todo, maestría.

No puede estar presente Tomasa ‘La Macanita’ a la que se echa de menos y a la que se le dedica una fuerte ovación “por su pronta recuperación”. Vuelve a poner ritmo a la gala con los tangos del Piyayo, con el acompañamiento nuevamente de Alfredo Lagos, y las voces de Lela Soto y Estefanía Zarzana. No pueden faltar las bulerías, unas a ritmo de rancheras que se sitúan en lo más destacado de la noche, de lo más aplaudido, e invita a subir a Diego del Morao, colosal, tremendo, con quien termina a compás de la calle Nueva y con todo el grupo encima del escenario celebrando los cincuenta años de un artista de artistas, figura indispensable para conocer las entrañas de las últimas décadas del flamenco.

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