XXIV Festival de Jerez

Silencio, toca Riqueni

Rafael Riqueni en González Byass, Ciclo 'Toca Toque'

Rafael Riqueni en González Byass, Ciclo 'Toca Toque' / Manuel Aranda

Pocas, muy pocas veces podemos enfrentarnos en la actualidad a artistas de la talla de Rafael Riqueni. Su capacidad para emocionar es inalcanzable y, en más de una hora de concierto, apenas suena nada que no sea su guitarra, o la de sus dos pupilos. El maestro de la guitarra sevillana mostró en la noche del sábado, en González Byass, su mejor versión en un concierto que ya se puede definir como inolvidable para las tantas personas que no quisieron perderse a un ser especial.

Trajo al Festival los sones de ‘Herencia’, su último trabajo discográfico que está a punto de salir al mercado y en el que hace un recorrido memorial por guitarras (y voces) ilustres que han marcado su historia, siempre vistas y admiradas desde una óptica personal y llevadas al escenario con suma creatividad. Desde Paco de Lucía hasta Enrique Morente. Tras su deslumbrante debut en Sevilla el pasado mes de enero, esta aparición sirve de absoluta confirmación.

Inauguró así el ciclo ‘Toca Toque’, que en esta vigésimo cuarta edición abandera su persona. Ya en rueda de prensa, el día anterior, afirmó que estar en Jerez era “un honor, porque es una tierra a la que siempre he respetado”, recordando con especial cariño en un momento del concierto alguna anécdota de cuando “mi padre me traía a los concursos”. De hecho fue en la peña Los Cernícalos, que tanto ha apostado por el mundo de la guitarra en las últimas décadas, donde lo pudimos ver recientemente en la ciudad en otro concierto impecable.

Y es que cuando uno se sienta en una silla para escuchar a Riqueni, no va buscando la complejidad técnica o la destreza de un veinteañero, al menos es mi caso. En él se encuentra lo que es prácticamente imposible encontrar. Silencio, toca Riqueni. No es fácil transmitir emociones con la mirada, con el semblante, con la timidez, con el interior. Apenas levantó sus ojos del mástil durante la más de media hora en la que afrontó el recital en solitario. Con más vida que nunca, el guitarrista comenzó a conectar con la inicial granaína titulada ‘Triste Luna’. A corazón abierto, y sin abrir la boca, nos introdujo en el misterio de la soleá ‘Café de Chinitas’, dedicada a Serranito. Pleno de luz estuvo en las sevillanas ‘Aires de Sevilla’, en la que no cabía más primavera, y oscuros sonaron los tarantos ‘Minéricos’, a Enrique de Melchor. Sol y vida de nuevo por alegrías en memoria a Pepe Habichuela. ¡Qué nivel!

Riqueni conseguía absorbernos y llevarnos hasta su particular universo, de belleza musical sinfín. Antes de dar la bienvenida a Salvador Gutiérrez y a Manuel de la Luz hizo un guiño por bulerías, con ‘Nuevos sones’, recordando a Tomatito.

Ya con dos buenos apoyos, Rafael sonreía volviendo al compás en los tangos ‘Pureza’, con Joaquín Amador en la memoria, y a los fandangos de Huelva con ‘Juego de Niños’ y Niño Miguel como inspirador. Fue concluyendo con la bulería ‘Romero verde’, rindiendo honores a Lole y Manuel, y de forma sustancial a su Triana natal. Público en pie, entusiasmado y emocionado, con ganas de algo más. Rafael quiso mostrarse generoso y en las concluyentes rumbas ‘Domalabra’ los tres pudieron demostrar contundencia y precisión con un toque que dejó embelesado al respetable. Podemos decir, pues, que este concierto se sitúa entre los mejores que se recuerdan en la historia reciente del Festival de Jerez.

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