Fin de fiesta

"El arte debe sacudir, si no me quedo en mi casa"

  • Una charla con Rafael Estévez · Bailarín

Hace ahora un año y siete meses, un problema en una pierna estuvo a punto de acabar con la vida de Rafael Estévez, bailarín y coreógrafo. Afortunadamente todo acabó en un susto, aunque durante todo este periodo ha tenido que afrontar una situación compicada, con rehabilitaciones y duro trabajo diario hasta conseguir volver a bailar, sin duda su gran pasión. Hoy, el mismo día que cumple años, volverá a nacer como bailarín.

-¿Vive usted este espectáculo de una manera diferente?

-De una manera diferente a nivel personal, físico y artístico. Está claro que las experiencias que se viven suman y te hacen ver las cosas desde otro estado.

-Ha sido un proceso duro y muy angustioso...

-Sí, han sido casi dos años. Fue en octubre de 2014 y desde entonces he afrontado todo esto con todo el positivismo y toda la fuerza de la que soy capaz, algo que he conocido ahí, en la adversidad. De momento celebro que estoy aquí, y que estoy aquí completo porque estuve a punto de irme al otro mundo y si me quedaba en este estuve a punto de hacerlo con media pierna izquierda menos. Tengo la pierna, fea, rajada y con injertos, pero me permite andar y bailar, no como antes, pero al fin y al cabo lo veo desde el lado positivo.

-¿Le ha cambiado mucho la vida entonces?

-Claro, ahora las prioridades para mí han cambiado. La vida se mira desde otra perspectiva.

-Para usted hoy será como volver a nacer artísticamente...

-Sí, y será la primera vez que lo haga teniendo uso de razón. Yo me subí por primera vez a un escenario en 1982 pero entonces tenía 34 meses y no me acuerdo. Mañana-hoy para el lector-celebro tres cosas, que reaparezco, mi cumpleaños y que es la primera vez que me subo a un escenario en esta nueva etapa de mi vida.

-Si el Festival ha sido importante artísticamente para Nani Paños y Rafael Estévez, esta reaparición ¿será ya un amor eterno?

-El Festival para mí, y por supuesto para la compañía, es como mi casa. Vuelvo con tranquilidad, con los nervios lógicos de la responsabilidad de un estreno, pero confiado de que voy a estar a gusto porque estoy en mi casa.

-Es curioso que también un 3 de marzo, pero de 2008, ustedes empezaban a conocerse como compañía...

-Es cierto, fue cuando a nosotros se nos conoció con aquella 'Flamenco XXI, Ópera, café y puro'. Habíamos estado antes con Muñecas, pero donde realmente se nos conoció fue con ese espectáculo, con grabaciones antiguas y que ha abierto un camino que están siguiendo muchos. Se empezó a echar cuenta a lo antiguo, de lo anterior, porque antes de eso la gente nos miraba como perros moraos por lo que hacíamos, y al final los que rajaban, han terminado haciéndolo también.

-Con ese nombre que ya tenéis, ¿es mayor la responsabilidad?

-A mí no me gusta ni la expectación ni las expectativas porque somos humanos y podemos hacer cosas buenas o de repente hacer cosas muy malas o que no gusten. Venimos con toda la honestidad pero sobre todo con la intención de disfrutar, porque después de lo que me ha pasado voy a bailar como me dé la gana, porque es como me permite mi cuerpo.

-Ha dicho antes que el Festival es como su casa, ¿cómo han vivido entonces lo que ha ocurrido con la Fundación del teatro y qué le ha parecido?

-Aberrante, la cultura en este país no importa. No nos hemos querido señalar por aquello del positivismo que he comentado antes, pero sí lo hemos vivido con preocupación. Menos mal que parece que todo se va a arreglar.

-Cuando se eche el telón de Villamarta, ¿con qué sueña?

-Sueño con que el esfuerzo se vea recompensado en forma de trabajo. Esta es una producción nuestra, pero en la que los artistas también se implican porque vienen a ensayar por amor al arte. La Consagración, por ejemplo, sólo tuvo tres bolos y eso es una pena. No es normal que la gente que tenemos treinta y tantos no nos subamos al escenario todos los días. Sueño con eso, no con hacerme rico, sino con trabajar.

-Y no le da miedo fracasar...

-Sinceramente no. Nosotros lo que queremos es que la gente reaccione con nuestras propuestas. Está claro que queremos que guste, pero si no le gusta tampoco nos preocupa porque queremos despertar reacciones en el público, no nos gusta hacer cosas amables precisamente por eso, porque el arte tiene que sacudir, sea para bien o sea para bien. A mí un espectáculo y un artista me interesa o me crea inquietud si me hace sentir cosas, ahora si voy a ir para decir ole y ya está, prefiero quedarme en casa y ver el telediario que me sacude mucho más.

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