Sergio Bernal, o cómo esculpir el baile
La crónica | XXX Festival de Jerez
El bailarín madrileño ha presentado Rodin, un espectáculo inspirado en la vida y las obras más significativas del artista francés, usando para ello la danza clásica, la estilizada y el flamenco.
Galería gráfica: Imágenes de Sergio Bernal Dance Company 'Rodin'
Empezaré por el final. Por un Sergio Bernal emocionado, vulnerable y honesto expresando su sincero agradecimiento ante el público del Villamarta: “No soy flamenco pero vengo del flamenco y la danza española. La danza es universal y entendible para todo el mundo, pero el flamenco pellizca en el corazón de todos vosotros”. Con estas palabras, el bailarín ha querido demostrar sus respetos ante un coliseo eminentemente flamenco que viene al festival buscando el pellizco de la soleá. Afortunadamente Sergio Bernal ha preferido pedir perdón antes que permiso, porque de otra manera quizás no hubiera conseguido cruzar este umbral.
Sergio Bernal planteaba para su Rodin una analogía entre el escultor que esculpe la materia y el bailarín que esculpe su materia, que es su cuerpo. Verlo bailar ha sido como coger el cincel, partirlo y comprobar cómo la danza sale de ahí, de sus brazos pensantes, del pecho firme, de la barriga expandida y contraída, de la respiración y el sudor. Dijo Rocío Molina en su reciente actuación televisiva que le gustaba sentir el sudor para empezar a bailar. A veces el cuerpo, principal vehículo de la danza, se desdibuja entre tanto estímulo y acabamos olvidando que el baile emana de un cuerpo que suda, que transforma su propia materia para ponerla al servicio de la danza.
Rodin propone un viaje desde el cuerpo físico al corazón subterráneo, y ha resultado ser una travesía inesperada y sorprendente, llena de delicadeza y maestría. La dramaturgia del espectáculo está inspirada en Rodin, y esto le ha llevado a escenificar pasajes sublimes recreando esculturas como El torso de hombre de Louis XIV o El beso. El pretexto del escultor francés estaba presente y le ha servido creativamente a Bernal para la conformación de la obra, pero a pesar de que era reconocible —asombroso cómo con movimientos mínimos adecuaba su cuerpo para hacerse escultura, como El pensador— a la vez la intrahistoria se ha desdibujado para dar paso a algo más potente y poderoso: la propia danza de Sergio Bernal.
El madrileño ha bailado con suavidad, sin estridencia alguna, con una exploración muy sutil de los tiempos y del escenario. Para ello ha servido de la danza clásica en buena parte del espectáculo, para meterse poco a poco por la danza estilizada y terminar con unas pinceladas con mayor acento flamenco, y es que el festival, como recuerda una y otra vez, es un certamen especializado en danza española, siendo el flamenco una de sus ramas.
Rodin ha resultado ser un espectáculo de enorme belleza gracias también a la portentosa dirección de escena. La iluminación de Felipe Ramos y Edgar Calot junto a la regiduría de Elena Sanz despuntaban no solo por demostrar un gusto exquisito, también un dominio de la escena y sus tiempos sobresaliente. Este espectáculo no hubiera sido el mismo sin la música en directo, con la guitarra de Daniel Jurado, la percusión de Javier Valdunciel, los violines de Carmen Victoria Luzón, Alejandro José Vázquez y Ramiro José García, el chello de Jorge Eduardo Gutiérrez, la viola de Marta Rodríguez y el clarinete de Carolina Prado. ¡Qué delicia escuchar en directo a Jean-Baptiste Lully y su célebre Le Bourgeois gentilhomme! Esto sí que es el festival de la fantasía.
Otro célebre artista y escultor, el renacentista Miguel Ángel, decía que antes de esculpir ya veía la forma en la materia, que él lo que hacía era quitar lo sobrante. De la misma manera, este Rodin está liberado de lo que le sobra. La escultura de Sergio Bernal es materia pura, pero también es aire, disolución, gracia y elevación. Esculpir el baile era esto.
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