David Coria, piedra dura de la danza
XXX Festival de Jerez
Babel, en fase de creación, se revela en el Festival de Jerez como el nuevo espectáculo del bailaor sevillano
Imágenes de la Compañía David Coria 'Babel'
Premio del Público en 2019 y de la Crítica en 2020, David Coria confía en este festival para mostrar su work in progress -trabajo en construcción- , de Babel. De este proceso teníamos la fotografía promocional, una imagen en blanco y negro en la que aparece un grupo de personas subiendo una montaña, espaldas desnudas y un paisaje árido y pajizo. Como adelanto conceptual, la historia mítica de la Torre de Babel, la leyenda bíblica que narra la construcción de una torre tan alta que enfadó al mismísimo Dios, que atónito por la soberbia del pueblo en su búsqueda de poder, decide tirar la torre y dividir a la humanidad mediante la creación de diferentes lenguas, generando así la falta de entendimiento.
Coria ya exploró en Los bailes robados, su anterior propuesta, un episodio histórico de inspiración legendaria, la epidemia del baile. En el Estrasburgo de 1518 el cuerpo sirvió de vehículo para salir del colapso social, y en Babel continúa esta exploración del movimiento como reacción colectiva. En la narración bíblica, la diferencia es percibida como un problema, pero aquí Coria plantea la belleza de la diferencia. De hecho, los siete bailarines que integran el elenco, Yardén Amir, Cristina Hall, Lucía La Bronce, Gia Medina, Federico Núñez, Kotoha Setoguchi, Polina Sofía, proceden, al igual que en la leyenda, de diferentes partes del mundo. Como viene siendo habitual en las propuestas de Coria, el cantaor David Lagos pone la voz del espectáculo, mientras que la dramaturgia esta vez corre a cargo de Alberto Conejero.
Babel es una pieza completamente consistente, dura como las piedras a las que tanto evoca David Lagos. Un work in progress que como mucho pide un espacio que haga justicia a la magnitud de esta obra. David Coria me parece que está en la cúspide de la creación, el coreógrafo que mejor trabaja lo simbólico y de los bailaores que mejor integra lo colectivo, con una compañía que más que acompañar empasta y aprieta, con la que se diluye. Cada uno tiene su espacio y su personalidad, pero bailan en una unión etérea. Si el año pasado Polina Sofía brilló con Mercedes de Córdoba en Las sinsombrero, verla en Babel confirma lo que sospechábamos: su baile es admirable y hay ganas de descubrirla en un espectáculo propio.
En Babel la unidad se consigue por algo que va más allá de la forma o la sincronía, es una cuestión energética, que por cierto, es deliciosamente andrógina. Babel dialoga con Los bailes robados, parece en algunos momentos la continuación de esta exploración que inició en su anterior montaje, con retales de aquellos bailes y aquella intensidad (bailar hasta la extenuación), lo que confiere a Coria un universo propio apabullante, con una red personalísima de simbologías, sistema energético y danza.
Babel comienza por una una conversación multilingüe y la construcción de una torre en la que empiezan a revelarse los valores del espectáculo. Los apoyos, la confianza, la diversidad en la unidad, la vulnerabilidad en los cuerpos, a veces temblorosos y otras inquebrantables. Aquí me aparecen referencias muy actuales, como ese Lux en el que Rosalía emplea trece idiomas, o el casteller de Pubertad, una torre humana que recorre la serie como clara metáfora del trabajo en comunidad y la confianza.
Cuando la voz de David Lagos aparece, una punzada eléctrica sale disparada al patio de butacas. No me extraña nada que ambos sigan trabajando juntos, pues Lagos es el mejor compañero que la propuesta de Coria puede encontrar. La pieza sigue y empieza a ocurrir lo mejor que puede pasarle a una obra: las referencias se pierden y el propio baile, el cante y la energía superan todo. Claro que hay lecturas -tantas que no caben en este artículo-, algunas más universales y otras más personales en torno a la belleza de la diferencia, los miedos y las barreras geográficas y mentales, los sueños y la fuerza interna y colectiva; pero más allá de todo esto, vemos a una compañía dejándose el cuerpo, a un David Lagos proyectando su telúrica voz y unas letras que rasgan. El flamenco es un hilo que los atraviesa a la vez que se establece de nuevo un cántico multilingüe que parece un mantra, con recitales de compás en inglés o francés. Compás hasta por pranayamas en una deslumbrante coreografía marcada por el ritmo de la respiración. Babel será una torre en construcción, pero aquí es un espectáculo perfectamente construído. Lo que sea en lo que derive Babel sublime será, pero así, como lo hemos visto hoy, es para subirse a la torre trepando y no bajar. Qué potente subida al cielo. Gracias por prestarnos la escalera.
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