XXIV Festival de Jerez

Al futuro desde lo reflexivo

Imágenes de Fernando Jiménez 'Conmigo...' en sala Paul Imágenes de Fernando Jiménez 'Conmigo...' en sala Paul

Imágenes de Fernando Jiménez 'Conmigo...' en sala Paul / Manuel Aranda

Lo que en principio iba a suponer un recital de baile sin más intención que la de mostrar las propias cualidades de su perfil artístico, ha terminado siendo un homenaje sentido a un ser especial que el bailaor Fernando Jiménez perdió sin esperarlo hace un tiempo. Ante la ausencia de esa persona (su prima), el sevillano ha elaborado un montaje en el que vuelca sus emociones, hecho que no le impide evidenciar su arsenal de recursos para dejar una grata sensación de su paso por Jerez. Es un bailaor de fuerza, pero no se aleja de la belleza escénica que aportan las coreografías de Eva la Yerbabuena (que lo jalea desde el público). Su silueta flamenca se rompe con gestos “contemporáneos” como tirarse por el suelo cayendo al vacío. Escenas muy recurrentes en lo que va del Festival.

El relato se divide en tres partes. En primer momento se enfrenta a la contraposición existencial entre alegría y duelo; pasa más tarde a huir del dolor del recuerdo; para, por último, recapitular los momentos vividos en el pasado, que marcan el presente y definen el futuro.

Desde su óptica reflexiva cuenta su estado de ánimo, según el contexto, la compañía y las tentaciones. El universo que se crea en lo musical se sale de lo clásico, con la presencia del batería Rafael Heredia. En el aspecto del cante siempre hay que subrayar la calidad de Jesús Corbacho, una de las voces más solicitadas de esta edición, y la maestría de Pepe de Pura, que inicia la sesión por seguiriyas. Fernando se quiebra ante el cante, con soltura y acierto. Es Samara Montañez quien asume la esencia de quien marca el guión de la obra, prima de Fernando que fue artista, poeta, cantaora... profundiza en su perfil con pequeños diálogos que nos atrapan a medida que transcurre todo.

Corbacho nos lleva hasta las alegrías, en las que notamos a Jiménez crecido. En medio de una imaginaria lluvia aparece Ángel Fariña, liándose un cigarro, evocando desde lo experimental un paso a dos muy aplaudido. A Fariña se le rajaron los pantalones, literal. Despide por farruca, con la introducción de Luis Medina, dejando en su mensaje un camino por andar. Mercedes de Córdoba sale al final para abrazarlo.

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