La crítica de Compañía · 'Momentos Flamencos', Jesús Aguilera

La vida, según Aguilera

Mirando al cielo, impertérrito, tocándose el corazón y con la letra de Juan José Amador, 'en Alcalá primo mío ya no reina la alegría/ya ná será lo que era/porque se ha ido pa los cielos/y no lo tendré a mi vera/mi abuelo el Niño Aguilera', Jesús Aguilera puso colofón a su estreno en la Sala Compañía. Puro sentimiento. Y es que a veces el dolor y la nostalgia hacen que el flamenco sea diferente, sufrido y profundo, adjetivos que ayer se apoderaron del bailaor sevillano.

El joven artista tenía tantas ganas de expulsar las emociones que acumulaba que condensó al máximo su espectáculo, y aún así estuvo más de hora y media sobre el escenario. Demasiado tiempo.

Saetas, tarantos, soleá, alegrías, martinete, tangos, jaleos, fandangos de Huelva, soleá por bulería y hasta un fin de fiesta compusieron 'Momentos Flamencos', un espectáculo dinámico (se bailó lo preciso) y en el que hubo tiempo para todo, para disfrutar de buenos instantes y hasta para aburrirse.

El alcalaíno había dicho en la previa que su única idea era plasmar las cosas con las que más disfruta en la vida, desde el mar hasta la semana santa pasando por una buena reunión con los amigos. Todo fue apareciendo paulatinamente por el escenario, unas veces con más éxitos otras con menos, aunque si hay una cosa por la que destacó ayer este joven bailaor es por su capacidad inventiva. La originalidad en casi todo lo que hizo fue especialmente interesante, por no hablar de sus coreografías, trabajadas y con mucha frescura y dinamismo.

Aguilera es un bailaor de escorzos, de una potencia inusitada en los pies (un verdadero torbellino en la escobilla) y con una electricidad y vitalidad que le hacen ser diferente. Lo demostró en los tangos, que ejecutó con bastón, y en la soleá, donde su sombra se fue alargando hasta el punto de ganarse al público.

La guitarra de Pedro Sierra aportó lo suyo. Ayudó a profundizar en el baile y llevó los Amador, padre e hijo, por caminos de jondura. La sapiencia sonora del catalán es una garantía, y ayer lo volvió a dejar patente.

Hubo tiempo hasta un fin de fiesta inesperado. Era la representación de una reunión de amigos. Pepe de Joaquina, El Bo (que se marcó su pataíta) y Lorenzo Gálvez entraron en escena junto a otra serie de figurantes para cantar por Jerez. "Ya llegó el momento/la horita llegó...", que tan bien suena en la voz de Ripoll, caló en el ambiente y sirvió para bajar el telón.

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