Patrimonio

Arte en clausura

  • Recorrido por el rico interior del convento de Madre de Dios, su iglesia y el coro, sede ahora del Seminario Menor

  • El Obispado no descarta abrirlo más al público y celebrar bodas

Ella es la que de verdad da nombre a la plaza, la Virgen de Madre de Dios de la Encarnación. Preside, junto al Espíritu Santo, el retablo mayor del convento de Madre de Dios. Desconocido, pasa desapercibido para el público, pero ahí está, con una rica vida patrimonial en su interior.

Es de los pocos que conserva su estructura como tal, iglesia y coro separados por una peculiar reja, que representa cómo era la vida en clausura de las monjas clarisas que lo habitaron 514 años.

La llegada de las monjas a Jerez data de 1504. Se establecen en un convento que ya existía de franciscanos, que se marchan al convento de San Francisco del centro. Las mujeres que vivían según las reglas franciscanas se van a vivir al de Madre de Dios, donde han permanecido hasta 2018. La iglesia se construye entre las décadas de los 30 y los 40 del siglo XVI por dos causas: la familia Villavicencio asume el patronato de la Capilla Mayor y se da la circunstancia de que otro convento de Santa Clara, que se funda por esos años, desaparece, así que las monjas y el dinero que poseían se incorporan a este convento.

Pedro de la Oliva es el autor de la iglesia, de un gótico muy avanzado. La distribución es la propia de las iglesias conventuales, con una sola nave. El convento se destruyó prácticamente por completo en los años 70 del siglo XX, ya que se vendió en parte a una promotora para hacer pisos. Lo que queda del edificio original es la iglesia, “que ha llegado hasta hoy en un estado de conservación bastante aceptable, así como el coro”, apuntan los historiadores Manuel Romero Bejarano y José Manuel Moreno Arana.

“Los conventos de clausura han vivido tiempos malos, han llegado a estados extremos y no es la primera vez que se vende parte y se conserva la iglesia, como así pasó también en Santa María de Gracia. Es más costoso mantener un edificio antiguo que hacer uno moderno”, añaden.

Un patrimonio, el que vive en este convento de Madre de Dios, desconocido. “Se debería abrir al público porque hay mucha gente interesada en conocerlo. El coro que tiene es de los más destacados de todos los conventos que hay en Jerez”.

El coro bajo tiene un conjunto de retablitos que conforman todo el espacio. Un convento en el que trabajó mucho el principal retablista que hay en Jerez en la segunda mitad del XVIII, Andrés Benítez. Hizo una serie de retablos laterales para la iglesia que han desaparecido y los actuales son neoclásicos. Aunque sí se conserva intacto el coro.

Algunos de sus retablos son de Benítez, así como elementos tan interesantes y curiosos como la cratícula, un mueble a modo de retablo por el que el cura daba la comunión a la monja por una puertecita que daba a la iglesia.

El retablo principal del coro forma un todo junto a la sillería, que sirve como punto de unión. El sitial de la abadesa se integra en la hornacina con la Virgen, de advocación desconocida. “Es muy interesante todo el movimiento que tiene, la talla es muy buena, los espejos muy rococós. Estamos hablando de en torno a 1770, al igual que el resto del coro”, detalla Arana. Sin embargo, hay un par de retablos que son de mitad del siglo XVII que incorporan imágenes del XVI de San Juan Bautista y San Juan Evangelista.

Cayetano de Acosta, destacado escultor portugués de la Sevilla de la segunda mitad del XVIII, también dejó obra en este convento, en un retablito muy dinámico y una rocalla muy plástica. Una Inmaculada al estilo de Andrés Benítez, una Dolorosa...

“Todo está muy bien conservado y ahí radica la importancia del coro, porque mantiene un conjunto muy interesante de retablos. También se conserva un Cristo en marfil filipino de gran calidad al estilo de Andrés Benítez”.

También llama la atención el órgano, a pesar de que la mayoría de los que había en la ciudad se han perdido. Una pieza del Barroco, del siglo XVIII, que fue restaurado en 1997 y que funciona a la perfección. Aquí tienen historia hasta las rejas, algunas de forja y otras de madera. Una esencia insustituible. Es algo muy propio del convento, muy de ellas, las monjas clarisas.

A las piezas expuestas se suman las que están guardadas, como una custodia del siglo XVII, entre otras maravillas.

De la iglesia, los historiadores destacan el retablo mayor, que es lo más antiguo que se conserva del convento. “Es una pieza peculiar porque está compuesta por diversos estilos, con partes del XVII, otras del XVIII, una mezcla de piezas de diferentes épocas, incluso del XVI, que son bastante interesantes”, dice Arana.

Destaca el Cristo de caña, de posible origen mejicano, “una pieza maravillosa que necesitaría de una buena intervención restauradora. Parece ser una escultura ligera de pasta de caña de maíz, del siglo XVI”, apunta la restauradora Paz Barbero.

Asimismo, Arana relaciona con la órbita de José de Arce un par de esculturas de pequeño tamaño, que han sufrido modificaciones, pero que posan magníficas en el retablo. También sobresalen los ángeles lampareros del escultor Diego Roldán y pinturas como la de la Exaltación.

Por suerte, y por intervención del Obispado, el convento ha salido del limbo en el que se encontraba desde que se fueron las hermanas clarisas franciscanas en 2018. El Obispado se hizo cargo de él y de todo su patrimonio para acoger el Seminario Menor, que antes se encontraba en la Compañía de María, del que es rector Antonio Luis Sánchez Álvarez. Una mudanza que se hizo rápido para evitar expolios u okupaciones.

“Ahora estamos haciendo una serie de arreglos, vamos adaptando el espacio y estamos haciendo también aquí nuestra tradicional oración de los domingos, a las 20 horas, que está abierta a todo el mundo, y que se llena”, explica. De hecho, han tenido que traer bancos desde otra parroquia para dar asiento a todo el mundo. Normalmente no hay misas, aunque no se descarta celebrar bodas en un futuro como una forma más de mantenimiento del convento. “Nuestra intención es abrir la iglesia todas las mañanas pero lo importante primero es adecentarlo todo y luego ya veremos qué pasa con las eucaristías. Por ahora hay oración todos los domingos, a las 20 horas”.

Internet, más potencia de luz..., hoy son vidas muy distintas. “Las clarisas eran muy sencillas, necesitaban poco, gracias a Dios, algo que es una maravilla. Aquí viven internos chavales menores que se están preparando para ser sacerdotes. Por la mañana van al colegio y yo hago las funciones de tutor. Ya a esta edad saben lo que quieren ser. Yo también lo supe con 13 años”, cuenta Antonio Luis.

“Además del valor artístico del convento, que es innegable, también creo que debería estar abierto a las visitas como valor cultural e incluso antropológico. La clausura femenina es una cosa que se acabará perdiendo porque no hay vocaciones. Que se conserve una iglesia separada del coro, pues es importante que la gente conozca un fenómeno social que hoy está en extinción. Y es que antes todos los conventos de clausura eran como éste”, resalta Romero Bejarano, que recuerda el “gran esfuerzo que tiene que hacer la Iglesia para conservar patrimonios como éste. Es un esfuerzo importante”.

Arana también piensa que este espacio “ayudaría a aprender y entender cómo eran los conventos de clausura de Jerez. El hecho de que las monjas no estén y de que se conserve, es una ocasión única para darle su valor. Hay que agradecer al Obispado que lo haya hecho. Con cosas así nos damos cuenta de lo que se ha perdido. Que todo se haya conservado como está es un milagro”.

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