david morales | propietario de la consultora de seguridad UC global “Assange sabía que había cámaras en la ‘ratonera’ donde se metió él solo”

  • El jerezano acusado de filtrar imágenes y audios de la estancia del fundador de Wikileaks en la embajada de Ecuador en Londres niega los cargos

  • “Tengo la certeza de que han sido dos de mis ex empleados”

David Morales, en los soportales de la calle Sevilla. David Morales, en los soportales de la calle Sevilla.

David Morales, en los soportales de la calle Sevilla. / Manuel Aranda

David Morales (47 años) es el máximo responsable de UC Global, la empresa jerezana a la que Julian Assange y su equipo de abogados acusan de haber difundido grabaciones de vídeo y audio del fundador de Wikileaks mientras éste estaba refugiado en la embajada de Ecuador en Londres.

Ex alumno lasaliano del colegio Mundo Nuevo de Jerez, accedió a las filas de la Armada Española como miembro de la antigua Unidad de Operaciones Especiales tras salir del instituto Caballero Bonald. Asegura que a estas alturas, tras haber sido puesto en libertad con cargos y haber declarado en la Audiencia Nacional ante el juez De la Mata, no entiende las razones por las que se le acusa de haber filtrado imágenes y audios de las conversaciones que Assange tenía con su equipo legal.

En esta entrevista asegura que tiene “casi la certeza” de quiénes pueden estar detrás de las filtraciones y señala “a dos de mis ex empleados”.

Para entender la versión que aporta este ex militar hay que remontarse a 2008, cuando decide salir de la Armada y empezar a trabajar el el área de las consultorías de seguridad. Por entonces, tras 17 años como profesional, este cabo primero estaba formado en multitud de especialidades militares tales como “francotirador, buzo de combate, en técnicas de escape, supervivencia y desactivación, entre muchas otras. La formación es muy amplia”. Hablar inglés le sirvió para ejercer de enlace con especialistas militares de otros países, como los Seals o los Marines de Estados Unidos. Esa labor de enlace se desarrolló tanto en España, especialmente en la Base de Rota, como en misiones en el extranjero le sirvieron para conocer a los ‘militares privados’, los contratistas, empresas con las que los ejércitos subcontratan determinados servicios de seguridad o logística. Es por ejemplo ‘Black Water’, que legó a combatir con la Legión en Iraq. Ha estado en Bosnia, Albania, Afganistán, en el norte de África, en la güera de Iraq...

David Morales, durante la entrevista David Morales, durante la entrevista

David Morales, durante la entrevista

Llama la atención que ejércitos tan potentes como el de Estados Unidos subcontraten servicios, teniendo en cuenta su enorme potencial...

El escenario bélico ha cambiado. A no hacen falta tantos soldados. Se trata de misiones más puntuales. Especialmente, en un ejército como el americano, ellos están para un trabajo muy específico y el resto de tareas se pueden subcontratar. Como por ejemplo crear campos, apoyo en labores de inteligencia o de logística.

-¿Fue usted el primero en crear una empresa de dichas características en España?

- A nuestro nivel en España somos los pioneros. Después han salido muchas. En este sector hay mucha leyenda urbana. Todo el mundo piensa que somos grandes empresas. Y no es así. Realizamos acciones muy puntuales con clientes muy puntuales. Uno de los primeros trabajos que hicimos fue prestar seguridad marítima ante el secuestro de barcos españoles en aguas de Somalia. La flota española es la más grande en lo que a atuneros se refiere. El Estado no estaba por la labor, no deseaba nada a la Infantería de Marina en este asunto. Las grandes empresas de seguridad privada lo monopolizaron todo. Hay políticos con mucha influencia. Finalmente un armador no quiso saber nada de los servicios de seguridad privada y nos contrató. Nos fue bien. Los armadores querían personas con nuestra experiencia en seguridad marítima. La seguridad privada no podía ofrecerles eso: militares con muchos años de servicio. Los demás no eran efectivos. Nunca vi lógico que se metiera allí a gente con entrenamientos de cinco días con un fusil. En cinco días no te haces un operador de seguridad marítima.

La estancia de este señor en la embajada generó muchísimos problemas a los diplomáticos“

¿Cómo acabó aquello tras el fin de la crisis de los atuneros?

-La experiencia fue positiva pero finalmente, como en España esto no era del agrado de alguien, nos cerraron los permisos para las armas. Y decidimos abandonar. Había otras ‘cosas’ flotando en el mar. Cargueros en tránsito o el yates de lujo más grande del mundo como ‘The World’... Les cubrimos a su paso por las zonas más conflictivas del mundo

-¿Cómo se cruza Ecuador en su camino?

Dentro de todo este espectro de cosas que hacemos, como formación, entrenamiento, venta de materiales, representación de marcas, conocimos a una compañía ecuatoriana. Con la relación nos piden apoyo para prestar un este servicio en la embajada de Ecuador en Londres. Se hizo con la empresa con la que colaborábamos. Nuestra labor es prestar una asistencia y consultoría de seguridad. Es decir, comprobar en qué estado se encuentra la embajada y qué soluciones podemos darle. Básicamente nuestro trabajo era realizar un plan para evitar las amenazas concretas que pudieran ceñirse sobre la sede diplomática. 

 -¿Qué se encontró al llegar allí?

-Visto lo que vimos propusimos diferentes medidas, entre las que estaba contener una posible entrada de fuerzas británicas en la embajada para buscar a ese señor (en referencia a Julian Assange). Lo primero que les dijimos es que era muy poco probable que este tipo de acción se pudiera llevar a cabo por los riesgos diplomáticos y políticos que generarían. De otro lado está que esta persona huía de la Justicia británica y se había refugiado allí. Él mismo se metió en una ratonera y el Gobierno británico así lo vio. Por ello colocó a sus policías y sólo tuvo que esperar. En la embajada se vivía una situación de caos, de crisis, de miedo... Llevaba allí un mes y no sabían qué hacer. Hay que tener en cuenta que no es un recinto grande, mide unos 250 metros cuadrados.

No había sistemas de escucha ni micrófonos. Las vídeos eran para el cliente, el gobierno de Ecuador”

El ex militar junto a sus abogados, Eduardo Bárcena (der.) e Ildefonso Cáceres (izq.) El ex militar junto a sus abogados, Eduardo Bárcena (der.) e Ildefonso Cáceres (izq.)

El ex militar junto a sus abogados, Eduardo Bárcena (der.) e Ildefonso Cáceres (izq.)

-Habla de situación de crisis...

-Es que la actividad diplomática quedó interrumpida, todo el mundo estaba volcado en atender a este hombre. Lo primero que hicimos fue calmar a todo el mundo, que nadie iba a asaltar la embajada.

-¿Qué tal con Assange en los primeros días?

Este señor es carismático y tras superar su crisis personal tomó posesión de la embajada. Aquello era ya su casa. Tuvimos que explicarle que era un invitado y que allí lo que había que hacer era cumplir con una serie de protocolos. Nos costó. Creo conflictos, con el personal diplomático y con nosotros hasta que se normalizó la situación.

-¿Qué medidas de seguridad adoptaron?

- Adoptamos una serie de medidas preventivas, como fue la instalación de cámaras, las cuales se colocaron de forma preventiva dentro y fuera de la embajada. Las cámaras se colocaron en las zonas comunes, respetando sus zonas privadas. Todo el mundo tenía conocimiento de las cámaras y sabían dónde estaban y él hasta participó en la estrategia de colocación y contención en los accesos. Es que hubo un momento en que casi cualquiera podía entrar en la embajada de Ecuador en Londres. Era muy arriesgado desde un punto de vista de seguridad. Todo el mundo habla de espionaje y de que se le había grabado sin su permiso. Y no es así. Todas esas cámaras, además, son del cliente que nos contrató, el Gobierno de Ecuador. 

Assange es altivo y egocéntrico. Las relaciones con él no eran fáciles a pesar de que le vi tres veces”

-¿Cómo salen las imágenes del edificio para difundirse por todo el mundo?

-Todas las comunicaciones y sistemas, informáticos o telefónicos, tienen una línea de salida. Era muy fácil que un tercero las pudiera intervenir. De hecho, una de las medidas que adoptamos fue la instalación de unos equipos de perturbación y contramedidas. A una entidad como el gobierno británico no le era difícil interceptar las comunicaciones. A partir de ahí se blindan las comunicaciones y por eso me resulta muy curioso que uno de los argumentos que se utilizan en mi contra es que las imágenes se emitieron desde Jerez y que somos quienes facilitaron el material a terceros. 

-Se habla incluso de grabaciones de audio con conversaciones de Assange con sus abogados..

-No había micrófonos, ni sistemas de grabación y escucha. Es todo lo contrario. Todo esto es curioso porque Assange y su equipo, una de las cosas de que me acusan, es de instalar escuchas, cuando eran ellos los que hacían ese tipo de operaciones. El enemigo estaba en casa.

-¿Cuando acabó su relación con el gobierno de Ecuador?

-Cuando cambió el gobierno. No recuerdo si en abril o mayo de 2018. A partir de ahí llega otra empresa y dejamos de servir al gobierno de Ecuador.

Todas mis cuentas están bloqueadas. Hasta la de mi mujer. Por riesgo de fuga me quitaron el pasaporte”

-¿Qué tal vivía Julian Assange en el interior del edificio? ¿Cómo le recuerda?

-Pues la verdad es que tenía bastante libertad de movimientos, pero cumpliendo una serie de normas. Es un hombre, lo dice todo el mundo, con un perfil bastante altivo, un tanto egocentrista. Las relaciones con él eran difíciles.

-¿Assange le guarda a usted algún tipo de animadversión?

-No creo que tenga ninguna animadversión. Me habrá visto dos o tres veces. No más.

-¿Cómo vivió la detención por orden de la Audiencia Nacional?

-Fue en Jerez. Estuve dos días en la comisaría y después me trasladaron a la Audiencia Nacional. Son gajes del oficio, un mal trago. En otros países que conozco hubiera sido mucho peor. La Policía me trató de forma muy correcta y se lo agradezco. La verdad es que fue una experiencia más desagradable para mi entorno que para mí.

 -¿Qué repercusiones ha tenido este asunto en su vida?

-Tan sólo ha traído consecuencias negativas. Aparte de la mala publicidad y la gestión mediática del asunto, que me ha afectado mucho, esta acción ha conllevado el bloqueo de las cuentas de la empresa, de mis cuentas personales, hasta la de mi mujer, que desempeña otro trabajo, pese a estar en separación de bienes.

-¿Ha recibido muestras de apoyo o amenazas?

-Ni apoyos ni amenazas. Lo que más me molesta es el perjuicio de no poder trabajar. He perdido trabajos que ya estaban gestionados y no he podido desarrollar. Entre las medidas cautelares, que considero excesivas, está que me debo presentar dos veces a la semana en el juzgado. También se me retiró el pasaporte ya que, según dicen, por mis contactos puedo perderme por el mundo. Si quisiera hacerlo no necesitaría ni pasaporte.

-¿En su opinión quién realiza la filtración?

-Detrás de todo esto -tengo los indicios y casi la certeza, hasta los medios lo han dicho- está que esa información se la pasan ex empleados míos, personas que han trabajado conmigo y han tenido acceso a la misma. Pero jamás ha salido ni de mí ni de la empresa. Además, no creo que sea importante ver a este señor en patinete o sentado en la embajada. No tiene por qué salir, pero no se trata de información crucial ni de un acto de espionaje. Se está mezclando todo. La empresa que entró tras salir nosotros ha estado generando presión y problemas con este asunto. Son los propios abogados de Assange los que se reúnen con las personas que presuntamente les extorsionan. La información que daban las cámaras pertenece al cliente, no tenemos información en nuestro poder, es el cliente el que la gestiona. Todo ello sucede en territorio ecuatoriano, con conocimiento pleno de Assange y con unas imágenes captadas en zonas comunes.

-Llama la atención que una empresa que trabaja en todo el mundo esté afincada en Jerez en vez de en Madrid...

-La sede de UC Global está en Jerez, primero, porque soy de aquí y siempre he apostado por hacer cosas en mi ciudad y, en segundo lugar, porque para el trabajo que realizo la centralización en un lugar concreto es indiferente. Mi trabajo lo desarrollo en cualquier lugar del mundo.

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