Jerez

Entre Atila y el 'dios Caco'

  • La última 'Ruta de la Barbarie' recorre desde el Palacio Riquelme hasta el convento del Espíritu Santo para mostrar los robos y desapariciones de elementos patrimoniales sufridos en la ciudad

Jerez, la ciudad del flamenco, el vino y los caballos. Y la suite del expolio. La ciudad donde las obras de artes se evaporan; los palacios con varios siglos de antigüedad pierden sus techumbres y son reconvertidos en casas de dudoso gusto; los conventos ya no tienen obras de arte; las calles cuentan por boquetes sus losas de Tarifa… Jerez, la ciudad donde los políticos gastan sus fuerzas en decir que apoyarán el centro histórico pero no invierten en una recuperación más que necesaria. Jerez, ciudad de la barbarie.

"¿Qué se ha hecho mal en Jerez con respecto a su patrimonio?", se pregunta la historiadora Esperanza de los Ríos Martínez, encargada de guiar en la tarde del pasado 20 de julio una nueva 'Ruta de la Barbarie' que esta vez lleva por nombre 'Suite del Expolio'. "Casi todo", se responde ante la atenta mirada de más de medio centenar de asistentes. "El dinero se ha tirado al hoyo y los jerezanos le hemos dado la espalda a nuestro patrimonio", dice en plena plaza del Mercado, antes de empezar una marcha vergonzosa para los habitantes de una ciudad que presume de ser Capital Mundial del Motor. "Hay otras formas de enfocar la ciudad", dice la historiadora en la introducción.

El dinero se ha tirado a un hoyo y los jerezanos le hemos dado la espalda al patrimonio"Esperanza de los RíosHistoriadoraEn septiembre se hará una manifestación para protestar por el estado del centro histórico

Shakespeare y Cervantes parecen reflexionar y escucharlo todo en su monumento, colocado justo delante de las puertas del Museo Arqueológico. Si pudieran hablar… O escribir… A su derecha tienen el palacio de Riquelme, el comienzo de esta ruta. "¿Alguien sabe dónde está la puerta?", pregunta Esperanza. No se trata de un elemento que sea fácil de hacer desaparecer por los metros que debía ostentar. Sin embargo, no está y en su lugar hay un retablo de madera.

Las cabezas giran ahora su mirada hacia el lugar opuesto de la plaza. "Aquello es la casa del cura de San Mateo", dice Esperanza antes de explicar que los más antiguos del lugar sí conocieron una vivienda que hoy está en ruinas. "El patio de esa casa está en Aracena. ¿Alguien sabe cómo ha llegado hasta ahí?" Nadie responde a la pregunta y la guía tiene que apuntar hacia una familia de origen roteño con ciertos problemas con la justicia. No queda ahí el expolio. "¿Y el techo? ¿Se ha volatilizado?" La falta de techumbre hace que cualquiera pueda ver a través del satélite de Google Maps esta casa desde arriba. ¿Una ciudad destruida por la guerra en Oriente medio o una ciudad tranquila de Occidente?.

"Están convirtiendo Jerez en un supermercado de obras de arte gratuito y los jerezanos mirando", afirma la historiadora. "A Jerez no se puede venir a robar por la cara", esgrime en algún momento de la conversación. Es inútil, el centro histórico ya ha sido expoliado y habrá que reconstruirlo. El camino continúa mientras todos los asistentes se preguntan por qué nadie ha denunciado el expolio.

El camino continúa. Siguiente parada: el Palacio de San Blas. Su fachada data de finales del siglo XV o principios del XVI. Otra vez esas incómodas preguntas: "¿Dónde está la puerta? ¿Y las rejas?". Esperanza de los Ríos prefiere no nombrar nada, vaya a ser que lo que diga "desaparezca". Aunque no sabe a quien pertenece actualmente el palacio, le informan de que es propiedad de una inmobiliaria. Se echa las manos a la cabeza y explica que entonces es cuando lo da por perdido. Y eso que, como ella misma afirmó antes, "no todo el mundo tiene en su ciudad un palacio del siglo XV".

Pero, aunque pueda parecer mentira, la ruta no ha hecho más que empezar. Los primeros ejemplos han dejado boquiabiertos a los asistentes, que no dan crédito a lo que ven. Mientras tanto, Esperanza sigue exponiendo ejemplos de la ineptitud urbanística que ha asolado el centro de Jerez. "Se tiró un palacio del siglo XVII para que Fustegueras hiciera un edificio". "Permitir la salida de archivos de la ciudad camino a Sevilla es la guinda del pastel". "Me planteo cómo se vende el turismo con una situación tan lamentable". "Nos centramos en aspectos superficiales mientras el corazón está podrido". "¿Las Angustias? Que la dejen tranquila que está perfecta". La indignación va creciendo conforme la marcha continúa y en las frases que pronuncia la historiadora durante la explicación se pueden utilizar de botón de muestra.

La siguiente parada de la ruta se encuentra en la calle Campanillas. El destrozo es tan real que parece ficticio. "Esto es el mirador de una casa típica española del Antiguo Régimen", explica Esperanza de los Ríos antes de avanzar y entrar en los diferentes detalles que aporta una manzana que a vista de pájaro y de forma descontextualizada bien podría pertenecer a cualquier ciudad destruida por los efectos de una guerra. Atila no lo habría hecho mejor.

A la derecha, la casa del cura de San Mateo está llena de pintadas. A la izquierda, el colegio San Juan Bosco deja junto a la casa del Antiguo Régimen señalada antes una imagen que de ser cuidada podría ser digna de la ciudad de Jerez. La zona izquierda se lleva algunas miradas por la historia que aguardan unos muros descuidados pero muy anchos que podrían contar miles de historias, entre ellas las que destrozaron la parte derecha. El patio del colegio San Juan Bosco pertenece a este ala de Campanillas: "¿A quién se le ocurrió hacer esto?", se pregunta Esperanza mirando el graffiti pintado de puertas para afuera. Sin embargo, esta pintura bien podría ser catalogada de obra de arte al lado de las pintadas realizadas en la parte de atrás de la casa del cura de San Mateo, donde un rotulador negro hace llamamientos extraterrestres de dudoso gusto.

Más vale pasar rápido por esta zona. Sin embargo, hay que caminar mirando hacia el suelo. El robo de losas de Tarifa provoca multitud de boquetes que tienen que ser sorteados para pasar por allí. Esto distrae de las paredes de unas casas "que pueden tener un valor incalculable", dice Esperanza.

El ejemplo a seguir es el siguiente punto de la ruta. El Palacio de Campo Real al menos está cuidado en su fachada, lo que no se conoce es cómo está por dentro. Pero, si se desvía la mirada, es preocupante el estado del Palacio Dávila. "Todo el mundo tiene derecho a vivir aquí, pero hay que respetar", dicen los guías. Muestra persianas, antenas, telas, ropa tendida y hasta un palo de fregona que nada tienen que ver con un edificio renacentista del Siglo XVI. Es solo la fachada. "Es mejor no entrar", afirma Esperanza. Pero la valentía lleva a unos pocos dentro del edificio, abierto y con los telefonillos reventados. Aquí, se puede afirmar que estamos en la Capital Mundial del Motociclismo, pero no en un edificio construido siglos atrás. Quads y scooters contrastan con los antiguos elementos de lo que otrora fue un palacio. Fuera, las rejas azules y los balcones esquinados coinciden con la estética. Poco más.

Vuelta sobre los pasos. Una pequeña parada delante de la sede de la federación vecinal Solidaridad para agradecerles la lucha que mantienen por recuperar parte de lo perdido en el centro histórico jerezano y luego prosigue la marcha hasta llegar a la calle Flores, de trazado andalusí. Para entrar en ella hay que sortear un vertedero de basuras. "Si está cuidado, esto se convertiría en el Barrio Santa Cruz de Sevilla. Si no lo está, es la calle Flores de Jerez", recoge Esperanza de los Ríos.

El convento femenino más antiguo de la ciudad es la última parada. Antes, los agradecimientos a Fundador por cuidar parte del patrimonio se cuelan en medio de una explicación bastante dura para los que se preocupan por el patrimonio jerezano. La ruta llega a su fin con la caída de la noche: el convento del Espíritu Santo fue desvalijado por la última comunidad religiosa que vivió en él. Las obras de arte han aparecido fuera de la Diócesis incluso. Como solución, hay quien pide trasladar a las Monjas de Belén -actualmente residentes en el Monasterio de La Cartuja- a este lugar. "De aquí ya no se pueden llevar nada y así al menos podremos visitar La Cartuja", esgrime la señora que desde el público ofreció esta solución.

Todo finaliza después de más de 90 minutos de 'Ruta de la Barbarie'. Una más que solo permite mostrar una parte del Jerez perdido con el tiempo. En realidad, se trata de la antesala de una manifestación que se llevará a cabo a principios de septiembre para intentar luchar por el patrimonio perdido de una ciudad hecha añicos. ¿Pero todo esto de quién es obra? Esperanza de los Ríos ya había contestado anteriormente: "Atila o el Dios Caco".

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