Presunto espionaje en una embajada de Londres

Tres testigos protegidos acusan al ex marine jerezano de espiar a Julian Assange en Londres

  • Prestaron declaración en la Audiencia Nacional y dijeron que entregaba todo lo grabado a la CIA

David Morales, en el transcurso de una entrevista concedida a este medio.

David Morales, en el transcurso de una entrevista concedida a este medio. / Manuel Aranda

Tres testigos protegidos han declarado ante el juez de la Audiencia Nacional José de la Mata en relación al supuesto espionaje que el ex militar jerezano David Morales llevó a cabo sobre Julian Assange, alma mater del famoso ‘caso Wikileaks’ en el que destapó numerosos secretos de estado.

David Morales, director de la empresa de seguridad española UC Global S. L, está siendo investigado en la Audiencia Nacional por espiar a Assange durante su estancia en la embajada de Ecuador en Londres.

Según ha publicado el diario ‘El País’, tres personas que trabajaron para su compañía han declarado como testigos protegidos. Han venido a decir que el material acopiado en la legación diplomática lo entregaba Morales a los servicios de inteligencia de EE UU, es decir, a la CIA.

Dos de los testigos señalan que en diciembre de 2017 el jerezano dueño de UC Global S. L. ordenó a sus trabajadores el cambio de las cámaras de vídeo-vigilancia en la embajada y su sustitución por otras que incorporaran audio, algo que negó David Morales en una entrevista concedida a este medio de comunicación.

El exinfante de Marina David Morales, siempre según la versión aportada por ‘El País’, “marcó por escrito objetivos y perfiles “de máxima prioridad” a los que había que “tener controlados en todo momento”: en especial las visitas de norteamericanos y rusos, tal y como consta en correos electrónicos. En las listas elaboradas no se refleja la visita de ningún ciudadano ruso, sí la de una persona serbia y otra bioelorusa. “Todo esto hay que considerarlo alto secreto así que se limitará la difusión”, escribió el dueño de UC Global S. L. a sus trabajadores de confianza.

La declaración de los testigos apunta a que incluso los diplomáticos ecuatorianos que trabajaban en la embajada fueron objeto de seguimiento y espionaje.

Los testigos han aportado correos en los que parece quedar claro que una de las principales pretensiones del ex militar jerezano era acceder a los contactos, trabajos y encargos que pudieran surgirle por parte de los servicios de inteligencia norteamericanos.

Como dato curioso que ha trascendido se encuentra la sospecha de que las grabaciones de las (presuntas) cámaras de sonido instaladas en la embajada se extraían cada 15 días, junto con otras grabaciones de micrófonos colocados en los extintores, y se entregaban personalmente al director en la sede de la empresa en Jerez, concretamente en el polígono que se ubica junto a las inmediaciones del tanatorio de Jerez.

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