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Criptas

  • Un recorrido por enterramientos de iglesias de la ciudad como San Marcos, la Catedral y San Dionisio; historias y leyendas centenarias que surgen desde el subsuelo de estos templos

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"Uno muere en la plenitud de su vigor, enteramente feliz y tranquilo, con sus caderas repletas de grasa y la médula de sus huesos bien jugosa. Otro muere con el alma amargada, sin haber gustado la felicidad. Después, uno y otro yacen juntos en el polvo y los recubren los gusanos". Job 21, 23-26. Y así reza en la losa de una de las criptas de la Catedral. Puertas a un mundo misterioso lleno de secretos que pocos jerezanos conocen, a pesar de que son diversos los libros que hablan de estos lugares de enterramientos centenarios.

No hay que mirar tanto a las alturas cuando se entra en una iglesia. Fíjese en lo que hay bajo sus pies. Son las criptas, esas losas recortadas en el suelo, con un pequeño agujerito de ventilación en el centro, fuentes de historias imaginarias sobre valientes caballeros o nobles damas cuyos huesos han ido a descansar a este espacio. Dan ganas de pegar la mejilla y, como si se tratara de una mirilla, observar, buscar más allá, aunque realmente lo que se vea esté muy negro.

El cura de San Marcos y deán de la Catedral, Antonio López, cuenta la historia de las criptas de su templo -erigido sobre una antigua mezquita musulmana-, escondidas en cada una de sus 14 capillas. Las iglesias eran lugares de culto destacado, primero como templo, también como baptisterio, que estaba ubicado en el exterior, -se ve muy bien en la catedral de Florencia-, y también como cementerio. Lugar de enterramiento hasta que en el siglo XVIII las autoridades sanitarias lo prohibieron por cuestiones de salud y porque la fiebre amarilla se enseñorea y nadie sabe de dónde viene. De ahí, entre otras aplicaciones, el uso del incienso por el terrible olor de los templos. Fue entonces, a raíz de este bando, cuando se empezaron a hacer los primeros cementerios al aire libre y civiles, ya que pasaron a ser costeados por los ayuntamientos. Sin embargo, aun quedan dos camposantos de la Diócesis, uno en Sanlúcar y otro en Olvera.

Tras esta prohibición continuaron los enterramientos de las familias más destacadas en algunas iglesias. "Aquí, en San Marcos, tenemos 14 capillas que eran funerarias en sus orígenes. Los apellidos compraban y hacían sus capillas en el lateral de la iglesia. Al igual que se gastaban sus fortunas en sus casas-palacio, también se gastaban su dinero en la iglesia, ya que ésta era una casa para la eternidad". Y se han estado enterrando así hasta el Vaticano II (1962), cuando salió una normativa que prohibía ya el enterramiento de los seglares y sólo se podía dar sepultura a los clérigos. Los canónigos regresan a la Catedral tras cinco años en el cementerio, momento en que se introducen los huesos en unas cajas especiales que se guardan en una cripta destacada.

Ya las catacumbas romanas eran lugares de enterramiento, "no como falsamente se cree que eran espacios para celebrar fiestas y para que los cristianos se escondieran de las persecuciones", cuenta López, que recuerda que antes estaba prohibida la incineración por la Iglesia, "porque significaba que uno renunciaba a la fe en la resurrección. Ahora está de moda". La palabra cementerio, o dormitorio, es "donde se esperaba el día de la Segunda Venida, por eso tenían mucha importancia los enterramientos en días sagrados".

Curiosidades aparte, cada una de las capillas de San Marcos le debe su nombre a familias de Jerez, como Grajales, Pezaños, Natera (que pasó a ser capilla sacramental, aunque permanece en ella el escudo de la familia), Rus, los marqueses de los Álamos del Guadalete, de cuya casa, ya desaparecida, hay incluso piezas en la propia iglesia.... De hecho, hay un retablo con los restos de San Teutonio, un mártir del siglo V, y todos los Jueves Santo se abre y se queda en exposición durante toda la noche. Una imagen impactante, especialmente por el buen estado en que se encuentra la calavera. Antonio López asegura que el último enterramiento en cripta que hubo en San Marcos fue en el siglo XVIII, aunque recuerda que cuando estuvo de párroco en Santiago, los últimos que se enterraron fueron el Marqués de Bonanza y su mujer, en el Sagrario. "Ya los hijos no pueden porque los privilegios han permanecido hasta fechas determinadas. También están enterrados en una capilla del Sagrario de la Catedral Pedro Domecq Lustau y su mujer, marquesa de Domecq d'Usquain, sus hijos, sus nueras y su yerno. Porque se alegaba que estos señores habían levantado la casa de las Hermanitas de los Pobres, costeados tres colegios de hermanos de La Salle y el colegio de Las Carmelitas de La Caridad", cuenta José Luis Repetto, párroco de San Dionisio, que subraya que la lista de la gracia pontificia para ser enterrado allí se acabó.

Aún se conservan huesos y restos en las criptas de San Marcos. "El arzobispado mandaba la visita, que revisaba los enterramientos y si estaba en mal estado, los dueños tenían que arreglarlo, o la iglesia revendía el espacio", comenta el historiador Manuel Romero Bejarano, durante el paseo. "Muy pocos jerezanos conocen los secretos que guardan las iglesias y ahora estamos dando los primeros pasos para abrir los templos al turismo. Tenemos las bodegas, el flamenco, los caballos..., ¿y el patrimonio histórico? En Jerez es muy grande y se le ha dado de lado", se queja Antonio.

En el subsuelo de la iglesia, lo que son ahora los salones parroquiales, es donde se ubicaba la cripta principal, o Cripta de Belén, donde se enterraba el común de los fieles, a la que se accede por una escalera. Antes estaba todo lleno de escombros y hace unos 30 años se acondicionó. Un pasillo tras una puerta desvencijada lleva a nuevos enterramientos. "Si remueves un poco la tierra encontrarás restos", asegura el párroco, que dice que todavía permanece en uno de los nichos el cráneo de un niño con su pelo y todo. "Nuestra idea es mostrar algunas de las criptas al público, a través de un cristal y con una iluminación especial", comenta. Hay un pequeño retablo en medio del salón. Antonio López sospecha que el serpenteo de criptas continúa. Parece que la historia no acaba nunca.

El exdeán de la Catedral, Repetto Betes, hace un poco de historia y recuerda que la Colegial (hoy, Catedral) abrió la primera mitad al culto, es decir, la nave principal hasta el presbiterio, el 16 de junio de 1756, con motivo del día del Corpus Christi. La iglesia se abrió en su totalidad el 6 de diciembre de 1778. No estaba terminada la Capilla del Sagrario, que se inauguró en 1823. Se hicieron criptas en diferentes sitios: una para los canónigos debajo del coro, donde está enterrado Álvaro Dávila; cerca de la puerta, la de los feligreses, que tiene la inscripción del libro de Job...

Recuerda Repetto el libro de José Rodríguez Carrión: Jerez, 1800. Epidemia de Fiebre Amarilla. (1980), editado por el Centro de Estudios Históricos Jerezanos (CEHJ), "que está lleno de datos interesantes". En todas las capillas de la Colegial había una cripta y apunta que el suelo de San Dionisio estaba lleno de sepulturas. En los años 60, los restos se metieron en cajitas, que ahora están bajo el presbiterio. La que era la cripta de los feligreses es ahora un trastero. Y sigue Repetto con el recorrido y cuenta que en la iglesia de San Francisco estuvo la tumba de la mujer de Pedro I El Cruel, doña Blanca de Borbón, "que dice que él mando un gachó para que la matara", que se puede leer en La historia de Jerez, de Hipólito Sancho Sopranis. "Y no podemos decir que los jerezanos desconocemos la historia porque no será por libros publicados, como los que ha editado el CEHJ. Y es que son los ciudadanos los que no leen, que yo no tengo la culpa".

Un paseo por la Catedral. De nuevo hay que mirar al suelo; la belleza de las alturas, para otro día. En el centro del templo está la cripta más importante, donde están enterrados numerosos sacerdotes. La piedra se levanta. Una escalera lleva hasta los huecos en los que están los curas. "Antes los nichos eran más pequeños porque las personas eran más bajitas, pero para algunos ha habido que hacer obras para ampliar el hueco", cuenta Antonio López. Son muchas las losas recortadas que adornan el suelo de Catedral, lo que deja entrever que el subsuelo de la iglesia está lleno de 'habitaciones' bajo las criptas. "Ahora -añade- se están haciendo gestiones para traer a la Catedral los restos del primer obispo de la Diócesis, Rafael Bellido Caro, aunque primero hay que solicitar permiso a la familia, ya que él pidió expresamente, y por escrito, ser enterrado con la madre".

Hasta el siglo XI, cuando alguien moría, o iba al cielo o iba al infierno. "Entonces, la Iglesia crea el purgatorio, un lugar intermedio al que el alma va hasta que no está preparada para ir al cielo. La forma de ir al cielo es que sus familiares le celebraran oficio de difuntos que había que pagar, un negocio redondo que ha permitido construir la mayoría de las catedrales de la cristiandad. Estar enterrado en un lugar sagrado te permite estar en contacto con la divinidad. Es como si te dieran puntos. De ahí, el sentido de las criptas. Así, había capellanías fundadas por familias ricas y por apellidos de grupos intermedios. Un espacio físico dentro de la iglesia, al que se le adjudica un clérigo para las misas y tenían que pagar una renta para todos esos gastos", cuenta la historiadora Silvia María Pérez, datos que recoge en su libro Los laicos en la Sevilla bajomedieval. Sus devociones y cofradías. Silvia, además, añade un apunte sobre la incineración, mal vista por la Iglesia con anterioridad: "porque el cuerpo se necesitaba para el día del juicio final, ya que supuestamente necesitaremos un soporte físico. Esto también lo pensaban los egipcios. Ha sido una creencia inmemorial. También es el castigo a los herejes, para que no tuvieran un cuerpo con el que 'volver'".

A este respecto, el deán de la Catedral se defiende con que el purgatorio "no es ningún invento de la Iglesia, es anterior al siglo XI, en una cultura judeo-cristiana pero con antecedentes en la mitología clásica". Antonio López, que también es doctor en Filología Clásica, cree que el purgatorio se puede confundir con el limbo, "que ha estado en la leyenda popular y que la Iglesia nunca ha reconocido. Pero el estado intermedio, el purgatorio, sí lo reconocemos. Creemos en el cielo y en el infierno, pero no como lugares, sino como estados. El purgatorio también es un estado y en la muerte del ser lo que vive es el alma, y las que no han alcanzado el cielo pues están ahí, como purgando. De ahí la importancia de las misas de difunto, para que los pecados se perdonen. Empiezan entonces a surgir en los siglos XVII y XVIII las Hermandades Ánimas del Purgatorio (con un retablo en cada iglesia), además de todas las que conocemos de Semana Santa y Penitencia...".

Y, abajo, las criptas: lo que se cree que hay y no hay, lo que se cree que no hay y hay. Mientras tanto, Sit tibi terra levis, que la tierra te sea leve.

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