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25 años de la muerte de Lola Flores

Lola Flores, 25 años añorando tu arte

El Sordera y Curro Romero, con Lola Flores. El Sordera y Curro Romero, con Lola Flores.

El Sordera y Curro Romero, con Lola Flores.

Fue el 5 de junio de 1999 cuando en la sacristía de las instalaciones bodegueras Marqués del Real Tesoro y, en acto presidido por su propietario, el recordado José Estévez de los Reyes acompañado de otra personalidad ausente por siempre, Álvaro Domecq y Díez, así como por miembros de la familia González Flores, Antonio –el patriarca- y sus hijas Lola y Rosario, entre risas y llantos –la vida es un compendio de ambas situaciones anímicas-, se procedió a rendir un póstumo homenaje, tan esperado como deseado por muchos jerezanos, a quien fuera admirada en los cinco continentes haciendo bandera del dolor con su nombre –Dolores- y aromando el mundo con su apellido artístico –Flores-.

La coordinación y presentación del acto fue mi responsabilidad y, durante su desarrollo pude pronunciar entre otras, las siguientes palabras: “Por un deseo expreso en el que se funden a partes iguales el cariño y la admiración, José Estévez de los Reyes nos ha abierto las puertas bodegueras de Marqués del Real Tesoro y nos invita a asistir al acto en el que se van a perpetuar nombre e imagen de una artista irrepetible: Lola Flores.

Su figura, en bronce, obra escultórica que desde hoy va a presidir esta sacristía bodeguera para admiración de propios y extraños, creada desde la inspiración por una primerísima figura del arte escultórico cual es Santiago de Santiago, servirá para que generaciones venideras mantengan vivo el recuerdo de quien, como una premonición había nacido en la calle Sol jerezana y que supo alumbrar con su resplandor y calentar con su arte los corazones de millones de personas de todas las clases sociales.

Hoy y, con el sentimiento puesto en su memoria, esta empresa bodeguera, jerezana desde sus raíces como la figura a la que se rinde pleitesía, nos invita a que unamos nuestras manos en un batir de palmas en el momento en que su viudo y sus hijas dejen al descubierto la figura en bronce de quien fue admirada como Lola de España. Tal lo hicieron Antonio, Lola y Rosario.

Tan emotivo acto lo cerraron José Estévez de los Reyes, Álvaro Domecq y Díez y Antonio González, los tres por esos cielos azules. Los tres, desde sus propios sentimientos exaltando la personalidad de la homenajeada.

Lo expuesto acontecía como queda reflejado en las instalaciones bodegueras Marqués del Real Tesoro y, así como dicha referencia pertenece a una realidad que lo fue póstuma, ahora, cara al 16 de mayo de este 2020, cuando se cumplen los 25 años de su fallecimiento, deseo insertar algunos otros datos a ella referidos y que, como en lo narrado hasta aquí, me cupo el alto honor de ejercer como maestro de ceremonia y que, de la manera más resumida posible y en su honor, quisiera dejar constancia de los mismos –dedicándolos al tiempo a dos de las personas más admiradoras del arte de la jerezana: Cristóbal Fernández “El jerezano” (q.e.p.d.) y José Manuel Malvido- para los que habré de remontarme a la presentación en el patio central del Centro Andaluz de Documentación del Flamenco –Palacio Pemartín-, de un boceto de escultura de la artista jerezana realizado por Abolafio (q.e.p.d.) y que la hija de éste ha donado finalmente a dicha institución flamenca; coordinar y presentar el acto de entrega de la Insignia de Oro de la peña flamenca Tío José de Paula -presidida en aquel y en otros muchos felices momentos por Ángel Morán González (q.e.p.d.) con la estrecha y eficaz colaboración como relaciones públicas de Carmen Rodríguez Giraldón- acto que aconteció el 16 de marzo de 1991, desarrollado en las instalaciones bodegueras de John Harveys o el que dicha entidad y, en su sede social entregó el 13 de febrero de 1993 a Curro Romero, distinción que en nombre de la peña de la calle Merced le impuso Lola, por expreso deseo del entonces presidente de la entidad, el conocido “Maleno”, aplaudidos todos ellos con el entrañable cariño de ese grupo impagable de mujeres apiñadas en el calor y el arte emanados de ellas mismas.

En el discurrir de años precedentes mis encuentros con la Faraona y su hermana Carmen –no puedo ni quiero olvidarme de ésta-, se sucedieron en otros muchos puntos de Andalucía especialmente, recordando el que se produjo en Chiclana de la Frontera cuando el que fuera impulsor, mantenedor y alma de “La Parpuja”, Juan Izquierdo, configuró un cartel dedicado a la mujer con la participación de Lola Flores, Marifé de Triana, Estrellita Castro y otras figuras de la canción cuyos nombres omito por olvido pidiendo disculpas por ello. La presentación del referido espectáculo la compartí con el gaditano Jesús del Río.

Los encuentros en Jerez se sucedieron en múltiples ocasiones: actuaciones en los jardines de El Bosque ¿Verbena de la prensa, Fiesta de la Bulería?, Teatro Villamarta con ocasión de la recordada Fiesta de la Vendimia, Plaza de Toros de Jerez en un cierre de campaña de política municipal de Pedro Pacheco Herrera con un final absolutamente antológico (¿verdad José Luis Zarzana, pues tú fuiste el organizador del acto como de toda la campaña?) con uno de los llenos absolutos del coso de la calle Circo en donde una pletórica Paquera, respaldada por la prodigiosa guitarra de Parrilla y Lola con su grupo (¿estabas en el mismo como en tantas y tantas ocasiones, Diego Vargas?), pusieron un broche de oro y brillantes a una velada apoteósica.

Como quiera que esta crónica se ha iniciado con la reseña de un acto póstumo cual es el de la inauguración de una escultura de la figura de la jerezana, quiero acabarla así mismo con otro acto póstumo acontecido apenas unos días después de su marcha definitiva: la misa que la peña Tío José de Paula dedicó a la memoria de La Faraona y que, oficiada por Francisco García Román tuvo lugar en el templo de Santiago –con uno de sus llenos históricos-, en la tarde del 24 de mayo de 1995; un acontecimiento religioso que en nombre de la peña tuve el honor de ofrecer dando lugar a que, en las páginas de Diario de Jerez se resaltara de esta manera: “Marín hizo una exaltación de la faceta artística de Lola Flores mediante un texto epistolar pleno de dramatismo”; en dicha ocasión pedí la erección de un monumento que pepetuara la memoria de la jerezana, lo que más tarde aconteció –no sin ciertas discrepancias-, en pleno corazón de la Cruz Vieja jerezana. Más o menos las mismas discrepancias existentes en torno al que ¿algún día? pudiera ser su museo.

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