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Coronavirus en Jerez

Repartidores, un trabajo de riesgo

  • El estado de alarma les ha convertido en una figura imprescindible para muchas familias, obligadas a comprar por internet

  • Los caracoles han abierto una nueva vía para ellos durante las últimas semanas

Dos repartidores de Uber Eats, con sus mascarillas y guantes. Dos repartidores de Uber Eats, con sus mascarillas y guantes.

Dos repartidores de Uber Eats, con sus mascarillas y guantes. / Pascual

Junto a sanitarios, trabajadores de supermercados, policías, militares o camioneros, hay un sector en esta crisis del coronavirus que también ha tenido que batallar durante este mes y medio de confinamiento contra el Covid-19. Se trata de los repartidores, un colectivo que en muchos casos no han parado de trabajar ni quiera con el estado de alerta. Es más, muchos de ellos no esconden que durante todo este tiempo, el nivel de trabajo ha sido similar e incluso superior al que habitualmente desempeñan una mayor carga de trabajo, que suele coincidir con la Navidad y Reyes.

Jesús es autónomo y trabaja como repartidor en una empresa de paquetería. Desde que comenzó la crisis “no paro, a las siete de la mañana ya estoy repartiendo y me dan las nueve de la noche con la furgoneta con un pequeño descanso para comer”, asegura.

La intensidad de su jornada laboral estos días es tal que a lo largo de ella puede llegar a repartir “entre ciento veinte y ciento cuarenta paquetes al días, es algo increíble”, comenta.

Su día a día es una especie de montaña rusa en la que casi no hay descanso “porque es una situación superior a la de Navidad, cuando por regla general los pedidos son parecidos a los de ahora por aquello de los regalos de Reyes”.

“Date cuenta, -continúa- que como la mayoría de tiendas están cerradas, determinadas cosas o las pides por internet o no las tienes”, afirma. Este dato que aporta Jesús ha sido una común en todo el país, que pues no hay que olvidar que durante el confinamiento las ventas online han llegado a incrementarse, sin contar con los supermercados, más del 80 por ciento.

En ese desempeño laboral ha visto cómo la inseguridad de la clientela ha ido en descenso. “Al principio la gente recogía los pedidos con guantes, mascarillas y se quedaban a bastante distancia tuya, pero ahora la cosa, sin perder el protocolo, ha bajado bastante, ya no hay el miedo del principio”, asegura.

Fran, repartidor del Bar Los Curritos. Fran, repartidor del Bar Los Curritos.

Fran, repartidor del Bar Los Curritos.

También ha trabajado desde que arrancó este confinamiento Juan, realizando entregas a domicilio para Uber Eats. Como el caso anterior, admite que durante las primeras semanas “la gente era muy reacia a realizar pedidos, no se hacían demasiados, y notábamos que les costaba acercarse a nosotros, y eso que siempre hemos ido con mascarillas y guantes. Más de una vez me han dejado el dinero en el ascensor y yo les he puesto el pedido, parecía el torno de las monjas”, prosigue. Sin embargo, la tónica ha ido cambiando en estos últimos días, cuando ve a los clientes “mucho más tranquilos. Aún así es como todo, hay gente que guarda las distancias y otra que te ofrece incluso hasta gel hidroalcohólico para nos limpiemos las manos”.

Comida a domicilio está llevando también Fran, uno de los responsables del Bar Los Curritos, situado en el Parque Atlántico. Comenzó a servir para la calle “hace una semana”, explica, “porque con esta situación en la que estamos en la hostelería, o inventas algo o ya sabes, es una ruina”, resalta.

Reconoce que en estos últimos días el boom es para “los caracoles, la gente pide bastante y casi no damos abasto”, aunque no esconde que a la carta “también hay muchas peticiones, en concreto, lo que está saliendo más es el pescado frito”.

Fran, con una larga experiencia dentro de la hostelería, es consciente “porque así me lo dice la gente cuando voy a repartir”, que después de casi dos meses de confinamiento “hay muchas familias que están cansadas de cocinar y ven una oportunidad para alejarse de la cocina al menos un día”.

A la hora de entregar los pedidos “nosotros llevamos todas la medidas de protección, con guantes y mascarillas, pero la gente te trata normal, al menos desde que llevamos repartiendo no me he encontrado con ningún cliente raro. Se respetan las normas y todo bien”.

Pero como admite Fran, una de las cosas que más anhelan los jerezanos durante estos días de confinamiento es degustar los tradicionales caracoles en la terraza de un bar. Por ello, son muchos los que estos días encargan tarrinas de caracoles a los diferentes establecimientos hosteleros de la ciudad que reparten a domicilio.

Jesús, responsable de la Venta Álvarez, con un repartidor. Jesús, responsable de la Venta Álvarez, con un repartidor.

Jesús, responsable de la Venta Álvarez, con un repartidor.

Uno de ellos es Jesús, responsable de la Venta Álvarez. En este puente del 1 de mayo ha preparado “casi dos toneladas de caracoles, es increíble la demanda que estamos teniendo”.

Al igual que otros empresarios, Jesús no sólo coordina la elaboración del guiso, sino que en muchas ocasiones coge su vehículo y reparte. “Tenemos que ir preparados porque no sabemos lo que nos vamos a encontrar y sobre todo porque vamos a muchos sitios”, explica, de ahí que “en cada vehículo tengo una caja de guantes y geles hidroalcohólicos para los que repartimos, además de sus correspondientes mascarillas”.

Desde hace unas semanas el reparto es agotador, “tanto por la mañana como por la tarde”, cuenta, “una locura, vamos”. Tanto es así, que durante toda la jornada se pueden hacer “por lo menos trescientas salidas, de ahí que todo el tema de la higiene lo tenemos muy en cuenta”.

En cuanto al recibimiento de los clientes, Jesús reconoce que “hay de todo, desde el que coge la tarrina con un guante y te dice que la dejes en la puerta, al que sale a cogerla sin problemas con guantes y mascarilla. Es algo normal, con esto del virus”.

Luismi 'Manteca', de Baguetería TBO, entregando uno de sus pedidos a los repartidores. Luismi 'Manteca', de Baguetería TBO, entregando uno de sus pedidos a los repartidores.

Luismi 'Manteca', de Baguetería TBO, entregando uno de sus pedidos a los repartidores.

Al otro lado de la ciudad, en Icovesa, Luismi ‘Manteca’ es el responsable de la ‘Baguetería TBO’. Como otros componentes del gremio de la hostelería, desde el primer momento estuvo al pie del cañón repartiendo a domicilio. En su recorrido por toda la ciudad, “porque afortunadamente reparto por todos sitios”, reconoce que “la gente desde el primer momento ha sido respetuosa con el protocolo, yo al menos no he tenido problemas, quizás también porque he seguido manteniendo mi clientela habitual”.

Eso sí, ha encontrado que los hábitos han cambiado “porque ahora la gente con esto del confinamiento comen más temprano. A las ocho y media ya están haciendo pedidos, cosa que antes no ocurría”.

En su reparto, “tanto yo como los chavales de Uber y Just Eat que me reparten, vamos con mascarillas y guantes, eso es algo fundamental, y la gente también en casa, al menos la mayoría, nos recibe con guantes”.

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