Traer vida al mundo a pesar del cáncer

Día Mundial contra el Cáncer

Mari Conchi dio a luz a su hijo poco después de que un cáncer de páncreas se llevara a su pareja

Irene, con leucemia desde los 14 años, cumplió su sueño de ser madre y ver crecer a su hija

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Unos 48.000 andaluces serán diagnosticados de cáncer durante este año

Irene con su hija recién nacida.
Irene con su hija recién nacida.
María Luisa Parra

04 de febrero 2023 - 06:29

"En la vida me iba a imaginar que tendría algo con él. Es cierto que cuando nos veíamos era como si todo el mundo desapareciera, éramos él y yo”. Mari Conchi (Trebujena, 1977) y José Antonio se conocían de siempre. La vida había dado muchas vueltas, ella se había casado y separado. El verdadero acercamiento entre ambos tuvo lugar cuando ya él había sido diagnosticado de cáncer de páncreas. “Me lo contaba todo, yo era su apoyo y él el mío”.

Recibió las sesiones correspondientes de radioterapia en Sevilla, dado que aún no estaba abierta esa instalación en el Hospital de Jerez. Posteriormente, los ciclos de quimioterapia. “Le dije que me encantaría ser madre y a él también padre”. ¿Y el cáncer? “Era algo que estaba ahí, pero creíamos que realmente no iba a pasar, no iba con nosotros”. Los dos vivían en una pompa. Él era muy positivo, tenía fe en que podría con ello y que saldría de esa. Se lo plantearon a los oncólogos quienes advirtieron que tenían sólo un 1% de posibilidades, ya que los tratamientos eran muy fuertes, pero que lo más peligroso era la radioterapia. En agosto le dieron una semana de descanso, “coincidió con la feria de Trebujena”, recuerda. Y en esa misma semana Mari Conchi se quedó en estado. “Fue como un milagro”. Los médicos no daban crédito, pero todo el mundo se alegró. “Nos decían, estáis contentos y eso es lo importante”. José Antonio vivió muy entusiasmado, “no paraba de tocarme la barriga”.

Mari Conchi con su hijo, justo después de dar a luz.
Mari Conchi con su hijo, justo después de dar a luz.

Y la pompa se rompió. Tras ingresos intermitentes, le informaron de que el cáncer no tenía freno, había metástasis. En el pasillo del hospital, embarazada de seis meses y medio, Mari Conchi le preguntó a la oncóloga si llegaría a conocer a su hijo, obtuvo un doloroso no por respuesta. Preguntó a la matrona si le podían hacer la cesárea para adelantarse al final de la enfermedad, a lo que se negaron, suponía arriesgar la vida del bebé y la de ella. “Me dijeron que ya le iba a perder a él”.

El 11 de enero de 2016 falleció José Antonio. El 30 de abril nació su hijo. El día antes de morir se despidió de ella. “Me lo dejó todo detallado, él lo sabía”. De los últimos meses de vida de su pareja y de los primeros de su hijo apenas hay fotos. Ella no quería. Reconoce que durante un tiempo se sintió sobrepasada al encontrarse sola con su hijo… sin José Antonio.

“Físicamente se parece mucho a mí, pero tiene la piel morenita de su padre, su mirada y algunos gestos… Es increíble porque no se han conocido. Pienso que un trocito de él se ha quedado conmigo para siempre”

En la actualidad, está dedicada plenamente a su trabajo como celadora en el Hospital y a su hijo. La familia materna y paterna se han volcado con el pequeño. A los seis años le explicó que el cáncer se llevó a su padre, hablan de él con naturalidad, incluso le lleva dibujos al cementerio. “Físicamente se parece mucho a mí, pero tiene la piel morenita de su padre, su mirada y algunos gestos… Es increíble porque no se han conocido. Pienso que un trocito de él se ha quedado conmigo para siempre”.

En Andalucía, un 55% de los hombres y casi un 62% de las mujeres con cáncer logra superarlo gracias a las técnicas de diagnóstico precoz, y a los últimos avances y tratamientos oncológicos, como la inmunoterapia, o las terapias personalizadas dirigidas. José Antonio, no tuvo esa suerte, aunque dio vida a una personita que lleva su nombre.

Verla crecer

Siempre había querido ser madre, “quería tener tres hijos como mínimo". Vivió una infancia sana y feliz hasta que tras numerosas pruebas desencadenadas por una mononucleosis llevó a los médicos a concluir que Irene (San Fernando, 1984), padecía leucemia mieloide crónica (CML), con apenas 14 años. “Yo no le puse nombre hasta varios años después, sé que tengo una enfermedad en la sangre y ya está”, declara.

La CML es un tipo de cáncer que se inicia en las células hematopoyéticas de la médula ósea y que invade la sangre. Durante su adolescencia le realizaban punciones lumbares para realizarle un seguimiento permanente. Además, le inyectaban Interferón. Con 16 años le informan de que hay un nuevo tratamiento en fase de prueba y le proponen entrar en el estudio porque es una paciente idónea. “Tuve que ir a Madrid periódicamente. El medicamento era de Estados Unidos y aún no tenía nombre”.

“Le digo: recuerda esto que te dice mamá... No quiero que en dos días se olvide de mí”

La enfermedad le provoca mucha anemia y cansancio. Al principio le hizo perder mucho peso y perdió el vello del cuerpo. Con el segundo tratamiento, sucede lo contrario: gana peso, náuseas y se le agarrotaban un poco los músculos, sobre todo de las manos. En una de las ocasiones en las que se hizo la punción en Madrid con 17 años, la doctora se lo hizo saber. “Me sentó y me dijo: ¿Sabes que tienes esto, no? Y se llama tal [Irene, no dice el nombre de la enfermedad en ningún momento]. Cuando me entero ya estoy con Jaime (su ya marido), lo pasé fatal hasta que por fin se lo conté, lo verbalicé y me quité un peso de encima. Él es un optimista nato”.

Tener pareja estable desde la adolescencia y el deseo de ser padres la llevó a preguntarse si podían serlo. “No sé si es que no había querido saber la respuesta”. La primera vez que formuló la pregunta, le aconsejaron que se olvidara porque no estaba en respuesta negativa completa, es decir, no se le podía retirar la medicación. “Mientras tomo las pastillas no me puedo quedar embarazada, eso me supuso mucho miedo porque tampoco podía tomar anticonceptivos hormonales, tenía una psicopatía. La medicación era nueva y no se sabía cómo podía afectar al feto. Entonces no me podía permitir ser madre, pero te comes la cabeza al no saber si será imposible”.

En 2011, con 26 años, se encontraba en respuesta molecular completa en negativo y lo vuelve a plantear al médico. Entonces le dicen que sí tras someterla a varias pruebas. Habitualmente, se realiza a través de tratamientos de fertilidad pero en su caso no fue necesario. No fue fácil porque entonces, además, residían en Toulouse, pero sí rápido. En dos meses Irene estaba embarazada y dio a luz el 17 de junio de 2015. Durante el embarazo, tuvo que retomar las inyecciones que eran seguras para el bebé porque dio positivo.

Irene forma parte de ese 62% de andaluzas que sobreviven, y en su caso, además, ha traído otra vida al mundo. “Mi entorno me decía que para qué ser madre si estábamos bien. Ahora soy madre y entiendo la preocupación”. Tras 24 años conviviendo con un cáncer, reconoce que ha planteado su vida como si no fuera muy larga. “No pensaba llegar a los 38, han estado investigando conmigo, como quien dice. En realidad, todo el mundo vive igual, nadie sabe si le va a atropellar un coche, a lo mejor mejor yo soy más consciente”. Emocionada, con voz entrecortada, cuenta cómo influye la enfermedad en su maternidad. “Le hablo mucho a mi hija, le digo: recuerda esto que te dice mamá… No quiero que en dos días se olvide de mí”.

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