Patrimonio

Las tres historias de Valdés Leal

José M. Moreno Arana (i) y Manuel Cobo, ante el cuadro 'Camino del Calvario', días atrás.

José M. Moreno Arana (i) y Manuel Cobo, ante el cuadro 'Camino del Calvario', días atrás. / Miguel Ángel González (Jerez)

Jesús cae con la Cruz y se encuentra con las mujeres camino del Calvario. Así es la identificación iconográfica del cuadro recientemente restaurado 'Camino del Calvario', atribuido al sevillano Juan de Valdés Leal, que cuelga en la iglesia de San Miguel de Jerez. Pero detrás de esta obra, casi literalmente, hay tres historias que juntas conforman un gran relato con arte, que aquí les vamos a contar. 

La restauración de la obra ha estado a cargo del jerezano Manuel Cobo (Acendra, conservación y restauración) y ha contado con una subvención de la Junta de Andalucía para Bienes Muebles de Arte Sacro. "La obra estaba muy alterada, principalmente por la propia ubicación. Los cambios de temperatura y humedad le habían afectado muchísimo. Además, la piedra exuda mucha sal, que se iba depositando detrás de la obra, cristalizaba y escupía la policromía hacia delante", explica Cobo.

"La otra gran alteración -añade- ha sido una restauración anterior, posiblemente en el siglo XIX, en la que se aplicó un reentelado y un barniz bastante grueso con pigmento para unificar esa restauración o darle un aspecto romántico de la época". 

'Camino del Calvario', antes. 'Camino del Calvario', antes.

'Camino del Calvario', antes.

'Camino del Calvario, después. 'Camino del Calvario, después.

'Camino del Calvario, después.

El proceso de restauración se inicia con la retirada del reentelado y se le hacen unas bandas perimetrales, "ya que la tela original sí estaba en buenas condiciones. Se le han añadido unos injertos de tela de lino y unos parches de tela de seda. En los pequeños rotos se ha puesto un lañeado o puentes de hilo para no alterar el soporte. Asimismo, se ha conservado el bastidor a pesar de no ser el original, sino de la intervención anterior, porque estaba muy estable, y así se evitaba darle más movimiento a la obra".

El resultado final es una gran limpieza de la obra, que ya de por sí es muy oscura. "El fondo estaba totalmente perdido, no se veía nada. De hecho, hay un sayón que iba montado a caballo que estaba oculto y que ahora sí se ve. O una mano del Señor. Hay muchos tonos terrosos y oscuridad, pero el autor es verdad que también pone mucho énfasis en zonas para destacar ciertas figuras". "Ha sido una restauración -apunta- interesante y dura porque no se ha eliminado del todo ese barniz, sino que se le ha hecho un aligeramiento para no dejar desnuda la policromía. También se ha realizado una limpieza del marco, que estaba pintado de negro". 

Como acción preventiva para esquivar así la humedad, la obra se ha cambiado de ubicación, hasta la fecha en la capilla del Pilar, y ahora luce bajo un inmenso San Cristóbal. 

'Camino del Calvario' "es uno de los cuadros más importantes que se conservan en nuestra ciudad, ya que Jerez no se caracteriza por tener un rico patrimonio pictórico", subraya el historiador jerezano José Manuel Moreno Arana, que ha sido el experto encargado de realizar el estudio histórico-artístico de la obra.

Historia 1: El Camino

El tema que está representado en el propio cuadro es una gran historia en sí. La caída de Jesús, camino del Calvario, en la calle de la Amargura, en la que aparecen diferentes personajes: la Virgen, acompañada de San Juan y las santas mujeres; la Verónica, una figura clave aquí; el Cirineo, varios sayones, los ladrones, etc., que conforman una composición bastante compleja. 

"En el centro de la composición están la cabeza de Cristo, cuya mirada se dirige al espectador para hacerle partícipe de la escena, y la figura de la mujer Verónica, que, situada a la derecha, lo mira mientras sostiene en sus manos el paño tras haberle enjugado el rostro. A la izquierda, un sayón trata de levantar de manera violenta a Cristo tirando de la soga amarrada a su cuello, a la vez que el Cirineo intenta sostener la Cruz", desgrana Moreno Arana en su análisis, que añade que ahora se aprecian bien "una serie de personajes que hasta la presente restauración apenas se intuían". 

"El dramatismo -dice- se acentúa con la iluminación, contrastada y que llega desde la izquierda resaltando los principales personajes. En el colorido abundan los tonos apagados, a excepción de ciertos toques de rojo que hacen destacar algunos elementos: la bandera, el pantalón del sayón del primer plano y el brazo de la Verónica. Todos ellos marcan diagonales y enmarcan la figura principal de Cristo caído". 

Historia 2: Un misterioso papel

Papel localizado en la zona posterior de la pintura. Papel localizado en la zona posterior de la pintura.

Papel localizado en la zona posterior de la pintura.

'Camino del Calvario' (hacia el tercer cuarto del siglo XVII) se atribuye a Juan de Valdés Leal, uno de los principales pintores barrocos de la escuela sevillana. José Manuel Moreno Arana cuenta que se desconoce realmente "cualquier detalle sobre su realización y su primitivo destino. Hasta ahora, tampoco conocíamos nada sobre su llegada a la iglesia de San Miguel, sin embargo, al bajarse la obra para proceder a su restauración se halló adherido a la parte posterior de la misma un papel con el siguiente texto: "Es propiedad del P. Íñiguez y su familia". Este valioso dato nos ha permitido confirmar la procedencia de la pintura de una colección privada local e indagar sobre uno de sus propietarios, el último poseedor antes de formar parte de los bienes muebles de dicha parroquia jerezana. Es decir, llegó al templo por una donación particular".

Manuel Íñiguez nació el 8 de octubre de 1805. Era un personaje interesante del Jerez del siglo XIX, que termina donando todas sus propiedades, su biblioteca y este cuadro a San Miguel. Manuel ingresará en la orden de San Francisco. Aunque la Desamortización de Mendizábal (1836) hará que pronto tenga que dejar la vida monástica en Sevilla. Regresa a su ciudad natal y continúa su vinculación a la parroquia. "Esta restauración nos ha permitido también reconstruir la biografía de Íñiguez, que tuvo una labor filantrópica, estuvo muy vinculado a la Sociedad Económica de Amigos del País de Jerez y fue coleccionista de arte".

Historia 3: El propio autor

La obra es atribuible a Juan de Valdés Leal (1622-1690) o a su taller. "El autor se caracteriza por su gran expresividad y movimiento, por tener una pincelada muy suelta, con mucha fuerza, y estar muy cercano al gusto contemporáneo", comenta Arana, que destaca que 'Camino del Calvario' muestra claros paralelismos con otro lienzo que ha sido asignado al pintor hispalense, fechado hacia 1660, y propiedad del Museo del Prado, 'Jesucristo camino del Calvario y la Verónica', "que fue lo que permitió la atribución de la obra de Jerez".

La atribución fue publicada en 2004 por Pomar Rodil y Mariscal Rodríguez. "En efecto, puede observarse el semejante tratamiento de la iluminación y del color. Pero, sobre todo, lo más patente sería la repetición de la misma composición e incluso de unos modelos físicos similares para la mayor parte de los personajes. La principal diferencia estaría en el sayón que aparece en el cuadro de Jerez en primer término a la izquierda. Asimismo, en el centro del cuadro se añade una serie de pequeñas figuras, ausentes en la obra del Prado. Esta última ofrece respecto a la de San Miguel, en general, una simplificación, ya que da más protagonismo a Cristo y a los tres personajes que se disponen en torno a él, situados todos en un acentuado primer plano".

"Frente a ello, en la obra jerezana la diferenciación entre distintos planos resulta más sutil, existiendo menor diferencia de tamaño entre las distintas figuras y adquiriendo el sombrío fondo de paisaje también mayor extensión, incluido el árbol de la derecha, que se encuentra más desarrollado, como se ha podido constatar gracias a la limpieza llevada a cabo en esta restauración. Todo ello, en definitiva, crea una mayor sensación de abigarramiento en la pintura jerezana".

Por tanto, "hemos visto que distintas obras de Valdés Leal que pueden relacionarse con el cuadro de la parroquia de San Miguel se fechan hacia 1657-1661. En principio, no parece descabellado situar nuestro lienzo en torno a esas fechas, comenzando entonces un periodo de madurez en el cual este artista llega a una de sus máximas cotas en cuanto a dinamismo y expresividad".

"En este sentido, -concluye Arana- podría apreciarse un potencial educativo en esta obra pues nos permite comprender con facilidad una época muy concreta dentro de la historia de la pintura hispalense y andaluza".

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