“Es mucha agua pero con mucha mala leche”

La Cruz Roja acude a rescatar en zódiac a Carmen, una de las vecinas que no ha querido dejar El Portal, como Antonio: “Yo no vivo aquí: yo soy de aquí, nací aquí”

Imágenes del paseo rural por Jerez en el estreno de la borrasca Marta

El equipo de la Cruz Roja, con Carmen en camilla en una de las zódiac tras rescatarla de su casa en la parte alta no inundada de El Portal.
El equipo de la Cruz Roja, con Carmen en camilla en una de las zódiac tras rescatarla de su casa en la parte alta no inundada de El Portal. / Manuel Aranda
D. Lamparero

07 de febrero 2026 - 19:38

En El Portal siguen viviendo vecinos, los de la parte alta, al otro lado de la Azucarera, donde se ha establecido el puesto de campaña en el Virgen del Mar y donde “el río tiene que subir diez metros para que llegue a las casas”. Ahí vive Carmen, una señora que no quiso abandonar su hogar con la inundación “porque el río no va a llegar nunca ahí” pero que este sábado tuvo que dejar su casa evacuada por la Cruz Roja al agravarse la insuficiencia respiratoria, la neumonía, que padece. Desde Chiclana llegaron los súperheroes de la Cruz Roja que fueron y rescataron a Carmen, evacuada luego en ambulancia.

“Pensábamos descansar este sábado pero nos han avisado y aquí estamos”, explicaba José Manuel, que el día anterior con sus compañeros se había recorrido medio lago Ligustinus o lo que sea en lo que ha convertido la crecida del Guadalete la zona rural de Jerez. Así que llegando a la orilla del Portalillo, a la altura de la Venta El Pollo -cerrada por primera vez en la historia de las inundaciones-, el equipo de emergencias, al que se unió un agente de la Policía Nacional debidamente pertrechado, fue calle arriba -o río arriba en este caso- llevando las dos zódiacs a pie, una con una camilla para Carmen, hasta llegar a los semáforos de El Portal, para luego girar hacia tierra seca. Al poco se personó allí Francisco García, comisario de la Policía Nacional de Jerez, que se acercó luego campo a través a ver el CEIP Virgen del Mar, donde Cruz Roja ha acondicionado 30 camas para acoger a personas desalojadas.

También se acercaron vecinos; uno que quería rescatar a una gata -el animal llegó nadando y logró encaramarse a un murete de una casa cercana a la carretera pero en la zona inundada- y Antonio, que quería rescatar a su perro de la azotea de su casa, frente a la Venta El Pollo, a pocos metros de la carretera. “Yo no vivo aquí: yo soy de aquí. Nací en El Portal, aquí, no en el hospital, y llevo toda mi vida aquí”. Es la cuarta inundación que sufre y la de Leonardo y Marta -vaya matrimonio que se ha juntado- “es mucha agua, pero con mucha mala leche”, y refrenda que “la Venta El Pollo nunca había cerrado con inundaciones aunque el agua llegase con algunos centímetros de altura;es más, cuando se inundaba El Portal ellos abrían y ayudaban a los que se habían quedado sin casa por el agua”.

Antonio explica con una media sonrisa que no ha tenido suerte con Leonardo: “Me echaron de mi casa, porque cuando te tienes que ir de tu casa te echan, y me fui al Poblado de Doña Blanca con mi hijo, pero con tan mala suerte que aquello también se inundó y tuvimos que irnos. Ahora me he venido aquí, ahí arriba -la zona alta de El Portal- a casa de un sobrino y ahí estamos bien”.

Del abastecimiento a los vecinos que se han quedado en El Portal se ocupa María Mairena, delegada de Alcaldía, en coordinación con el Ayuntamiento y los centros de donaciones, y un tractor desde Los Albarizones acude regularmente con lo necesario, desde alimentos a butano. La prioridad para Mairena es conseguir un sanitario para el centro de salud -que está en alto y en seco- o el colegio donde han acogido a los desalojados y que pueda atender las demandas sanitarias de los vecinos, pero por el momento no lo han conseguido aunque lo seguirán reclamando, apunta Jesús Alba, concejal socialista y vecino de El Portal que va arriba y abajo ayudando e interesándose por los que han quedado en la barriada.

Antonio cuenta su historia, que es la de la barriada, de cuando el azud, cuando el tren pasaba al lado de la carretera y cuando “aquí se pescaba de todo, sábalos, anguilas, lisas, barbos... Metías el zambullo y sacabas de todo, yo iba con mi padre al mercado que había cerca de la Policía Nacional en la Plaza del Carbón a venderlos. Eso entre semana, los sábados y domingos estaba esto -señala el arcén de la carretera- lleno de coches esperando la pesca”.

¿Qué ha pasado? “Que no limpian el río. Antes cuando había calado llegaban los barcos pero luego con el azud y las presas se olvidaron del río”, que es como olvidarse de El Portal. “Vino Pepe López de cuando Pacheco y nos dijo que las casas eran ilegales, le contestamos que entonces era ilegal que nos cobrasen impuestos. Que me den una casa en Jerez por lo que me ha costado la mía y me voy”, explica emocionado. Otra más: “En el 96 vino creo que fue Chaves y le dijo a mi señora ‘te vamos a limpiar la casa’, y mi señora le dijo ‘mi casa la limpio yo, tú limpia el río”.

Entre chaparrón y ventolera aparece también por allí Juan Clavero, destacado ecologista, profesor en el instituto del que esto suscribe y, ante todo, buena persona. Un ejemplo: llega al Portalillo haciendo de cicerone de un equipo de TV3, que le pidieron ayuda por desconocer la zona, y ahí está Juan, como siempre, gloria bendita.

Llegan los de la Cruz Roja y el policía nacional, ya con Carmen en camilla y a la ambulancia. “Hay menos agua que el viernes, hemos ido y vuelto andando y ayer tuvimos que montarnos en la lancha”, dicen los rescatadores, que recogen los bártulos y se van reclamados a otro servicio. No paran y eso que vienen de varios días en Grazalema, palabras mayores con la que está cayendo. Y llega también Paquito, que ha dado dos viajes para recoger sus pájaros, porque los animales son de la familia.

Adiós al Portalillo, donde queda el retén de la Policía Nacional para impedir robos y asaltos, y a El Portal con dirección a Las Pachecas, no inundada en su parte baja sino anegada. Y comienza a caer un chaparrón de lo más violento. “¡Aguaaa!”, grita un vecino bajo un techado con ropa tendida, a ver si se seca con la humedad que hay en el ambiente. Al menos no ha de ir a las secadoras de las lavanderías, a rebosar -nunca mejor dicho- durante estos días. Pero eso no era agua, era ‘agua con mucha mala leche’ como decía Antonio.

De ida y vuelta por la autovía el paisaje dibujado por Leonardo es marrón claro -que me perdonen pero nosotros no manejamos una paleta de colores tan amplia como ellas-, ese agua mezclada con la tierra revuelta a babor y a estribor del asfalto, por ahora a salvo de la inundación. Agua a izquierda y derecha hasta perderse en el horizonte; como la que se vislumbra camino de Lomopardo desde Estella, con los Llanos de La Ina sumergidos. Agua por todos lados: “Marta ya me tiene harta, y eso que acaba de llegar”, lamenta una señora en la Venta Lomopardo. Y lo que nos queda, desgraciadamente.

stats