La autoridad

Educación enero 2026 | Cerebros en toneles

Es un fenómeno admirable que las personas acepten que otras les den órdenes y dirijan sus vidas. / Domingo Martínez González
Juan Carlos González García

13 de enero 2026 - 04:07

La filosofía comienza con el asombro. Siempre hay motivos para asombrarse. Las ciencias hablan de la inmensidad del universo, de los átomos, del origen de la vida, del funcionamiento del cerebro… Y las tecnologías nos dejan con la boca abierta: construyen artefactos cada vez más complejos, desde aceleradores de partículas hasta sistemas de inteligencia artificial. Sin embargo, no hay que ir tan lejos. Lo más cotidiano puede resultar igual de sorprendente. Uno de los asuntos que más nos debería asombrar es la existencia de la autoridad. Es un fenómeno admirable que las personas acepten que otras les den órdenes y dirijan sus vidas.

La palabra autoridad aparece en diferentes contextos. Se dice que Adela Cortina es una autoridad en Ética, que las autoridades políticas han elaborado una nueva ley, que la policía ejerce su autoridad, o que a veces no se tiene autoridad para hacer algo. Todos estos usos tienen algo en común: la autoridad tiene que ver con la capacidad de influir en la conducta de otras personas y con el consentimiento.

En su origen, el concepto de autoridad se relaciona con la virtud y el saber, con la excelencia, con la capacidad de guiar, con la facultad de mejorar el mundo y a los demás. Procede del verbo latino augere, que significa aumentar, hacer crecer y progresar. De ahí viene autor, que es el creador, el promotor. Tener autoridad te da derecho a hablar, a tutelar y mandar. Se acepta la autoridad del que sabe porque nos puede hacer mejores. No aceptar esa autoridad nos lleva a la ignorancia y el desorden. La autoridad del sabio se orienta tanto al bien del que aprende como al bien común.

Por otro lado, la autoridad está conectada con la legitimidad. La autoridad es el poder admitido, consentido. Un delincuente con un arma tiene poder físico, pero no autoridad. En cambio, un policía posee autoridad, por eso tiene derecho a usar un arma. La autoridad es el poder reconocido o justificado. Max Weber distinguió tres tipos puros de legitimidad: carismática, tradicional y racional-legal. El primero se basa en el carisma del líder o jefe, en sus cualidades extraordinarias. En el segundo, se atribuye por tradición, por costumbre. En el tercero, la autoridad se establece a través de leyes, normas, derechos, reglas racionales e instituciones.

Cuando hay abuso de la autoridad, se cae en el autoritarismo, ya que se utiliza un poder más allá de lo admitido. Entonces, se pierde la legitimidad. Por eso el dictador tiene que usar la fuerza para mantener su poder. El autoritarismo consiste en usar el poder de forma injustificada, sin el reconocimiento legal y moral requerido.

Lo ideal es que la autoridad sea aceptada racionalmente. En las democracias, el ciudadano acepta las leyes porque han sido redactadas por un parlamento que nace de la voluntad popular. No aceptarlas implica caer en una contracción ya que las leyes han sido elaboradas por nuestros representantes.

En educación, el discípulo admite la autoridad del maestro porque reconoce sus virtudes y sabe que es un ejemplo vital, un modelo. El alumno reconoce las virtudes intelectuales del docente y acepta sus instrucciones para aprender y mejorar. Para que este reconocimiento sea posible, no es suficiente con aprobar un decreto que lo diga. No es suficiente con la cobertura legal. No es suficiente con otorgar más derechos.

Es necesario que esa relación entre maestro y discípulo pueda llevarse a cabo en mejores condiciones. Con la masificación actual es imposible que surja el diálogo que conduce al reconocimiento de la verdadera autoridad. Además, es muy importante que la educación sea apreciada también fuera de los centros educativos, algo que tiene que ver con los valores éticos de la sociedad.

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