Sucedió en Jerez

Los cartujos dejan definitivamente el monasterio jerezano

  • El hecho de no ser propietarios del edificio y la falta de vocaciones, fueron las causas expuestas para irse de la ciudad

Un monje cerrando la puerta del monasterio con la iglesia al fondo. Un monje cerrando la puerta del monasterio con la iglesia al fondo.

Un monje cerrando la puerta del monasterio con la iglesia al fondo. / Pascual

Cincuenta y tres años duró la última presencia en la ciudad de los cartujos, que en cuatro ocasiones anteriores, desde que llegaron en el siglo XV, dejaron el cenobio por diferentes motivos. En 2001 se anunció que la Orden abandonaba el monasterio de manera definitiva para repartirse los monjes que lo habitaban en otros conventos. La decisión se tomó en el capítulo general de la Orden celebrada en la cartuja de Grenoble.

El prior del monasterio, Pedro Moreno de la Cova, que fue destinado a Camboya, anunció la mala noticia, argumentando que el objetivo era “redistribuir a los monjes según los proyectos de expansión de la Orden por el Tercer Mundo”. La designación de Jerez como una de las dos cartujas que se clausuraron fue motivado, según se explicó, “por la falta de vocaciones en Andalucía”.

También pesó el hecho de que el edificio no fuera de su propiedad “ha pesado mucho en la dolorosa decisión”, fue la expresión que usó el prior. Recordar que desde hacía años, la administración, propietaria del espacio, intentaba encontrar una solución para hacer visitable el monasterio, algo que fuera compatible con las estrictas normas cartujanas. Al mismo tiempo, Moreno de la Coba desveló que todos los bienes muebles e inmuebles que poseía el convento pasarían a ser propiedad de la Diócesis de Asidonia-Jerez.

La marcha de los cartujos se produjo en el otoño de ese mismo año. La ciudad e incluso el alcalde lamentó su marcha. Por su parte, el entonces obispo Juan del Río, intentó evitar la salida hasta última hora incluso en la Santa Sede. Tras 53 años de vida, tiempo que duró su última etapa en el monasterio, el legado de la Orden de San Bruno ha sido inmenso no solo en obras de arte y el propio recinto; también en algo como la cría caballar llegando a producir en sus tierras los míticos caballos españoles del Hierro de Bocado.

Paradójicamente, una Orden femenina, las Hermanas de Belén, son la ocupantes del recinto desde 2002, el mismo espacio en el que tenían prohibida la entrada las mujeres .

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