LAS SECUELAS DE LA CRISIS El veterano comerciante

"A los comerciantes nos tienen pisoteados"

  • Entrevista con Federico López Tejedor, miembro de una familia dedicada al mundo del comercio

Los Tejedor siempre ha sido familia ligada al comercio. Aquello les vino en los genes: Hace muchos muchos años que Federico López Mirón, un empleado del Banco Central, conoció a Teresa Tejedor Gallo, una mujer emprendedora de Paterna con conocimientos en el sector de la confección que, allá por 1936, se estableció en Jerez. Se enamoraron y casaron. Se instalaron en el número 17 de Doña Blanca y abrieron un refino que vendía de todo. Teresa le dio seis hijos a Federico: Teresa, María José, Manoli, Federico, Fernando y Mercedes. Entonces, los seis hermanos se dedicaron al comercio. Y a cada uno se le puso un negocio en el centro histórico. Hoy día, sólo dos de esos hermanos mantienen sus negocios en pie: Mercedes, en el número 1 de calle Lancería, y Federico, que sigue atento, día a día, de su comercio de confección en Honda.

Federico López Tejedor (Jerez, 1945) ha sido el más inquieto y 'nómada' de la saga de comerciantes. Con 21 años, comenzó regentando un comercio textil en La Unión; más tarde, se instaló en la calle Doña Blanca y, a continuación, en Lencería -donde el fuego acabó con sus cinco plantas-, en El Puerto y vuelta a Jerez, donde se estableció en la calle Honda.

- ¿Quién mete el gusanillo del comercio en la familia?

- Fundamentalmente, mi madre, que era una gran empresaria. Ella vivía mucho para el comercio. Hay que tener en cuenta que aquella era una época de muchas necesidades.

¿Qué les aconsejaba su madre?

- Mi madre siempre me decía que el comercio era como un niño chico. Que hay que cuidarlo, que hay que darle de comer todos los días. Y que, cuando creciera, no lo abandonase para que fuera solo, sino que estuviéramos siempre pendientes. Nos pedía perseverancia en el negocio.

- ¿Cómo ha cambiado el comercio de aquella época al de ahora?

- Es que la vida del comerciante era muy distinta a la actual. Heredábamos el trabajo de nuestros padres, su responsabilidad... Por entonces, Jerez era ciudad bandera en el sector textil, había marcado un estilo, era golosa para los fabricantes... Era algo fuera de lo normal. Se vendía todo. Junto a las bodegas y el campo, la ciudad destacaba por poseer las mejores tiendas y firmas textiles en un envidiado centro comercial histórico.

- ¿Qué le atraía del negocio?

- Me gustaba viajar, estar al día, iba a ferias de moda en España y París, porque era necesario, y me relacionaba con modistos de alta costura, fabricantes... Eso era muy importante. En los años ochenta, los españoles éramos una gran potencia en la moda, teníamos buenos precios y una fuerte clase media como base de la clientela.

- ¿Tan alegre era aquello?

- El comerciante de entonces no miraba el dinero. Lo reinvertía. Y aquí en Jerez solía haber comerciantes de todos los gremios que contaban con más de un negocio. Eran muy buenos empresarios. Hasta que llegó el momento en que no había personal. Había que 'robárselos' a otras tiendas. En mi caso, yo tuve que estar un año sin poder abrir la tienda de 'London Boutique' por falta de personal.

- Pero el tiempo pasa...

- Sí, el tiempo pasa. Y las circunstancias también. Ya en el período de la transición, el comercio lo advirtió. Al pequeño comerciante se le fue relegando. Los sindicatos se hicieron notar y se cebaron en el pequeño comercio. Luego llegaron las grandes multinacionales, a las que se les ha dado prioridad por encima del autónomo. Y ese dinero no se queda aquí. Creo que han hundido a la pequeña y mediana empresa. Es curioso: En una pequeña empresa, un empleado llega a convertirse como alguien de confianza, como alguien de tu familia, cuando en una gran superficie no es más que un número. Y tus propios políticos parece que te prohíben prosperar. Yo quise montar unos escaparates nuevos en la tienda y me lo impidieron. Una multinacional no tiene ese problema. Entonces, piensas y te dices: Vienen a por nosotros. No nos dejan trabajar.

- Y la crisis encima.

- El comercio se encuentra ahora con muchos obstáculos. Son las grandes superficies las que mueven los hilos. Y yo me pregunto: ¿Por qué está tan abandonada Jerez? Sin duda, porque los políticos no caen en la cuenta de que han descuidado el casco antiguo de la ciudad. En él no hay atractivos y su centro se encuentra prácticamente despoblado. Jerez es una ciudad de hambre.

- ¿Cómo lo lleva?

- Se va tirando. Pero con respecto a lo que era el negocio hace años es de mucha tristeza. Los comerciantes tenemos mucho de sicólogos: Cuando alguien entra por esa puerta, sabemos de momento a qué viene. Y se observa tristeza mientras, hace años, Jerez era una ciudad con mucho orgullo.

- ¿Ha visto muchos cierres de negocios?

- Pues aquí, por ejemplo, en Honda, es muy posible que tres comercios cierren en los próximos días. Jerez tuvo un alcalde que se cargó la industria más importante, la del vino. Eso afectó muchísimo a la ciudad y alcanzó a todos los niveles. Yo no veo tampoco una política de comercio, ni una unión de todos los comerciantes, que tampoco nos hemos preocupado. A los autónomos, que somos como hormiguitas obreras, que somos los que creamos empleo, nos tienen pisoteados.

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