Coronavirus en Jerez ¿Me puedo llevar el tarrito de recuerdo?

  • Ifeca es la carrera oficial de la vacunación, donde los nervios a la llegada se transforman en tranquilidad tras recibir la dosis

  • 1.600 vacunas diarias es la estimación de las dosis aplicadas durante los últimos días de esta semana

Encarnación, contenta de ser vacunada porque por fin "voy a poder abrazar a mi nieto".

Encarnación, contenta de ser vacunada porque por fin "voy a poder abrazar a mi nieto". / Miguel Ángel González

La vacunación en Ifeca es un hormigueo constante de coches en fila, algunos nervios mezclados con la ilusión de la esperanza en los que vienen a por la ansiada dosis y la eficacia de los profesionales sanitarios, que con mano derecha ponen las inyecciones y con mano izquierda tranquilizan, reconfortan y dan cariño a los pacientes, sobre todo a los de más edad, porque además de cumplir con su trabajo, también dan paz interior a la procesión en cuatro ruedas que acude al Palacio de Congresos a acabar con el bicho.

Todo esto empieza a las nueve de la mañana, cuando está citado el primer paciente. Desde entonces y hasta las siete de la tarde, todo el personal está a tope, "y ojalá tuviésemos más trabajo, sería señal de que habría más vacunas", repiten unos y otros. Porque Ifeca tiene habilitadas ocho carriles para vacunar pero se estaban utilizando solo la mitad hasta el jueves, cuando se abrió la quinta calle. Hay ocho grupos de trabajo -responsable, enfermeros o enfermeras y auxiliar- dispuestos para aumentar el ritmo en cuanto sea posible: a principios de semana se administraban unas 1.300 dosis y a finales se ha llegado a las 1.600 dosis. El pasado lunes se notó la llegada de la gran remesa de viales, porque "hasta hace poco estábamos vacunando la mitad y ahora ha subido el ritmo".

Las vacunas diarias que llegan a Ifeca se computan dos o tres días antes para que haya margen suficiente para citar a los pacientes, dependiendo de las existencias en la última remesa y si se trata de segunda dosis, se sabe el día -y la hora- en el que hay que administrarla: la Pfizer a los 21 días, Moderna a los 28 y AstraZeneca entre cuatro y 12 semanas después. Así se sabe exactamente en número de viales a administrar en cada momento y auxiliares y enfermeros se van moviendo de un grupo a otro dependiendo de la saturación y el flujo que haya en otras mesas y otros carriles, además de ir cargando las vacunas a medida que se van acabando en las mesas, proceso que se hace en una de las oficinas laterales. Y es un no parar: el primer paciente entra a las nueve de la mañana y de nueve a dos y de tres a siete. Así siete días a la semana, de lunes a domingo, de forma ininterrumpida.

Han sido cuatro carriles de procesión de coches divididos por vacunas, desde Pfizer hasta AstraZeneca pasando por Moderna. Las últimas noticias sobre el suero anglo-sueco han motivado que más de uno pregunte al llegar el enfermero por la vacuna: "¿Cuál es esta?", aunque también hay quien, ya liberada tras recibir la dosis, quería su souvenir: "¿Me puedo llevar el tarrito de recuerdo?". Pero lo que es común es el agradecimiento de los vacunados, sobre todo las personas mayores, cuando asumen que ya van a "poder abrazar a mi nieto", como suspiraba Encarnación, de setenta y tantos años: "¡Qué ganas tenía!", y es que los nervios a la llegada se transforman tras recibir la dosis en tranquilidad y esperanza, y en esto tienen arte y parte los sanitarios con su trato amable y cariñoso inasequible al desaliento.

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