Editorial | Cumplir la ley y algo más: mejorar la vida en la ciudad
Las Zonas de Bajas Emisiones (ZBE) nacen para reducir la contaminación del aire y el ruido en las ciudades, mejorar la salud pública y ordenar la movilidad en espacios urbanos saturados. No son una moda: responden a objetivos climáticos y a la evidencia cada vez más clara del nocivo impacto del tráfico en la calidad de vida.
Jerez ha aprobado su ordenanza ZBE y el concejal responsable, Jaime Espinar, ha defendido hace unos días cuando entraba en vigor que “se hace para acatar la legislación” y que no añadirá “nuevas restricciones”. Y ha llegado a hablar de “la ZBE menos restrictiva de toda España” como si hubiera que pedir disculpas a los ávidos conductores. Cumplir la ley es necesario, sí. Pero la cuestión es si vamos a quedarnos en el trámite o si lo aprovechamos para avanzar hacia un Jerez más habitable.
El debate no debería centrarse solo en etiquetas ambientales o sanciones. La pregunta de fondo es otra: a qué modelo de ciudad aspiramos. Porque el coche en el interior de las ciudades no solo genera emisiones; genera ruido, inseguridad, ocupación del espacio público y una pérdida evidente de una vida urbana algo más amable.
Y ese impacto no es igual para todos. Lo sienten especialmente quienes hacen un uso más cotidiano y vulnerable del espacio público: las mujeres que empujan carritos, las personas que caminan con niños pequeños, los mayores con andadores, quienes tienen movilidad reducida o quienes viven situaciones de fragilidad.
Esto se ve muy bien en Santiago. Aquí puede discutirse cuanta contaminación genera el tráfico rodado pero es indiscutible el impacto en la vida diaria del barrio. a la contaminación. Además de hacer caso omiso a la limitación a 20 km, los coches atraviesan en todas direcciones, a modo de atajo en una suerte de carrera para “huir de Jerez”. La calle Merced, la calle Muro, la Plaza de Santiago y la calle Nueva soportan una presión continua con índices de circulación que las hacen invivibles y amenazan la integridad de los transeúntes, entre ellos los centenares de escolares que diariamente acuden al Colegio Luis Vives y al Instituto Sta. Isabel de Hungría. ¿ Tendrá que ocurrir una pérdida irreversible para que se valore el riesgo que comporta la situación denunciada?
La respuesta que se ha dado hasta ahora -radar pedagógico y un suave badén- es del todo insuficiente. No calma el tráfico ni cambia la lógica de uso de las calles centrales del barrio. Por eso la Asociación Unidos por Santiago demanda medidas disuasorias efectivas de control del tráfico y una nueva reordenación que priorice a los residentes y el paseo peatonal frente a los automóviles , y, si procede, una ZBE o zona de prioridad vecinal en el barrio.
Todo esto, además, debe hacerse con justicia. Hay personas que necesitan el coche por trabajo, enfermedad o cuidados, y eso debe contemplarse con excepciones razonables. Pero precisamente por eso hay una reivindicación inevitable: más y mejor transporte público, con frecuencia y conexión real entre barrios.
La ZBE no debería ser una norma para “salir del paso”. Debería ser el inicio de una estrategia más amplia: menos coches, más prioridad a los peatones donde la vida cotidiana necesita tranquilidad, más espacio para caminar y convivir. Será la forma en que Jerez candidata a Capital Europea de la Cultura en 2031 proyecte conversación, encuentro y convivencia. Para todo ello, defender y consolidar el espacio público habitable: menos tráfico, menos ruido y más calles para vivirlas.
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