Transportes

Una estación en estado terminal

  • Denuncian que no funcionan relojes, ni paneles y, lo más grave, ni siquiera los detectores de incendios · La única mejora en meses ha sido destinar vigilantes a la instalación tras varios intentos de agresión

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Lejos de mejorar en su estado, la estación de autobuses de Jerez se ha convertido de unos meses a esta parte en la perfecta expresión de un edificio de reciente inauguración que se deteriora a pasos agigantados a cada día que pasa sin que nadie lo evite. Que es necesario usar paraguas hasta debajo de la techumbre donde se espera los autobuses ya no es noticia. Y es que allí llueve sobre techado, en una especie de maldición bíblica que, igualmente, se erige en la réplica perfecta del desgraciado gafe del tebeo.

Los servicios de Prevención del inquieto sindicato CGT han vuelto a denunciar el "lamentable estado de abandono" que se padece en la estación. En lo único en que se ha mejorado, refieren dichas fuentes, es en que se han destinado vigilantes al lugar después de que unas empleadas sufrieran en episodios violentos por parte de usuarios indeseables.

Los paneles que deberían informar de los horarios de llegada y de salida de los autobuses no funcionan. Además, dichos aparatos padecen cortocircuitos que los hacen fallar en los momentos más inoportunos. Los relojes de la terminal, tanto los de la sala como los del exterior, tampoco. Pese a todo ello, desde la Confederación General del Trabajo se señala a otro hecho bien diferente como el colmo de la gravedad de dicho estado de abandono: el equipo de detectores de incendios no funciona, tanto porque las sucesivas averías lo han dejado inutilizado como por el simple hecho de que la batería que alimenta la centralita no cumple con su cometido y ésta se ha apagado. La anomalía es realmente grave.

Otra que no le va a la zaga es que el agua de algunos de los retretes ha llegado a alcanzar la calle por problemas derivados de los atascos, así como que los sótanos se ven anegados en cuanto llueve un poco más de lo habitual.

Todo ello se 'aliña' con esa mala imagen que es, precisamente, la que da la bienvenida a quienes llegan en autobús a la ciudad.

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