Tamara Pastora: La mirada que pone en el centro esas historias olvidadas...

La fotoperiodista lanza una newsletter y continúa con sus talleres en la zona sur y su trabajo en elFestival de Jerez

La revolución "con calma y sentido" que acaba de llegar a Jerez

La fotoperiodista Tamara Pastora, días atrás, en Estancia Barrera. / Manuel Aranda

Tamara se ríe y se ríe de verdad. Se le arruga la nariz y parece que vuelve a ser una niña que ha hecho una pequeña trastada. Lo mismo desprende una fiesta en su rostro, como también transmite cómo se recoge ante el dolor del otro, respetándolo, colocando su mano en la espalda de esa mujer que le cuenta a través de unas fotografías momentos de su vida.

Tamara Pastora se mueve por la Estancia Barrera como en su casa. Y es que así lo fue (lo será siempre), aunque su acento descubra que en el sur no nació. La fotoperiodista es de un pequeño pueblo de Huesca, Estadilla, pero en su mochila hay restos de sus estancias en Chile, México, República Dominicana, Edimburgo... “Llego a Jerez después de muchos años de sentir que tenía que llegar un día en que yo viviera en Andalucía”.

Descubrió el flamenco con algo más de veinte años “y me quedé absolutamente embobada, me conmoví muchísimo y sentí que había encontrado algo que iba a ser revelador en mi vida”. Se tiró a la piscina y pisó tierras jerezanas hace ahora ocho años, “y no me equivoqué”.

La humanidad de la zona sur y el poder de lo colectivo

Se vino por amor al flamenco y aterrizó en Estancia Barrera: “Me vine con una persona que había vivido por la zona y no me asustó el barrio. Antes había estado en América Latina, trabajando desde un punto de vista periodístico, feminista, activista, por la justicia social, y la Estancia Barrera tampoco es tan diferente. Hay cierto ‘sentimiento’ con estos barrios humildes, pero reina la humanidad. Yo no puedo hablar de otra manera de la Estancia, porque, bueno, obviamente, reconozco mucha fatiga, mucho dolor de muchas personas, instinto de supervivencia, sin duda, y muchas otras cosas difíciles, pero sobre todo, mi sensación como habitante durante cinco años en la Estancia es de una tremenda humanidad y de un gran compañerismo, sobre todo, entre las mujeres”.

Tamara defiende con devoción el poder de lo colectivo: “Las personas solas no consiguen nada”. “En mi pueblo somos 700 personas y la Estancia es como un ‘pueblo’, era una manera de volver a casa. Los códigos son los mismos, hay que unirse, hay que hacer piña, y eso es a lo que yo estoy acostumbrada y es lo que he visto también en el movimiento feminista latinoamericano. Aquí como han pasado también tanta fatiga, eso a la gente le da mucha fuerza y le da mucha comprensión, y yo no me quiero perder eso. Yo no me quiero perder esa Estancia”, declara.

Ahora está realizando un taller de fotografía para desmontar la violencia contra las mujeres. “Trabajo mucho en la activación de los álbumes familiares para traernos al presente y ver qué nos ha pasado, por qué somos como somos, por qué nos duele lo que nos duele, lo que nos hace reír... Trabajo un poco con esos flashbacks constantemente, como si fuera literatura entre el pasado y el presente. Cuando hablamos de la foto parece muy inofensiva, pero la fotografía familiar, la más doméstica, la que está hecha de peor calidad, si me apuras, a nivel técnico, tiene una cosa muy íntima, revela muchas vulnerabilidades... es muy chivata. Y unas se van inspirando a las otras y acabamos contándonos lo que cada una necesita sacar y compartir. Es maravilloso generar un espacio seguro entre mujeres”, detalla.

Recuerdo a Javier Fergo y el Festival de Jerez

Después de cuatro años como fotógrafa oficial del Festival Flamenco de Jerez, este año deja la cámara y se centra en la escritura. Se emociona al recordar al jerezano Javier Fergo, extraordinario fotógrafo jerezano que falleció en 2022, y que le dio la oportunidad de hacer su pasión un trabajo: fotografía y flamenco.

“Él fue el que me puso mi nombre sobre la mesa, siendo yo pues eso, una recién llegada, como quien dice, y habiendo tantos buenos fotógrafos aquí, y además siendo la primera mujer fotógrafa oficial del Festival. Es que... Un hito. Sobre todo cuando es sobre algo por lo que yo he pagado, o sea, los viajes que yo me he pagado desde allá arriba (Huesca) para poder estar aquí y vivirlo como lo vivo ahora, es un regalo”, reconoce.

Fotógrafa de boda y el reto de crear una carta a diario: recuperar la lectura

Tamara lleva años haciendo también fotografía de boda. “Hago las fotos del álbum familiar que yo no tuve. Al menos en mi caso, pues por muertes prematuras o por también mi propia personalidad, hago las fotos como las hago por esas ausencias, porque en el fondo busco lo que se me fue tan pronto, que en este caso fue mi abuela Carmen. Y me paso un poco la vida buscándola. Entonces yo en las bodas hago sobre todo eso y lo hago de una manera muy inconsciente. Recuerdo una novia que se puso a llorar al ver una de las fotografías de ella recién casada y la mano de su abuela en la espalda, con una luz que me pareció bonita. Y esa mujer no paraba de llorar, y me dijo que no podía creer que hubiera captado algo que ni siquiera sabía que era tan importante para ella. Y creo que eso es una joya. A mí me dicen ‘quiero que pongas tus ojos sobre mi día y que hagas lo que sabes hacer’, y eso me da una libertad tremenda”, relata.

Y a raíz de su pasión por la fotografía y por el detalle, nace su newsletter (www.tamarapastora.com), una carta diaria, huir del scroll rápido y detenerse unos minutos en leer, reflexionar y poner siempre en el centro a la persona: “Es una newsletter de una fotógrafa de bodas, pero yo ahí hablo de literatura, de memoria histórica, de viajes, de mis vecinos, de mi barrio, de muchas cosas, ¿no? En el fondo es que me gusta mucho la gente, adoro sus historias y me gusta mucho contarlas, con la herramienta que sea. Quiero tener los ojos abiertos en la vida, mirar a la gente y escucharla”.

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