Guerra de Ucrania

De la psicosis del papel higiénico al aceite de girasol, las pastas o la cerveza

  • Los consumidores sufren los daños colaterales de la subida generalizada de precios por la tormenta perfecta de la invasión rusa de Ucrania, la huelga del transporte...

  • Los supermercados y tiendas de Jerez limitan la cantidad de aceite de girasol disponible para cada consumidor ante la escasez del producto 

  • La espiral de precios salpica a los churros

Anuncio con la limitación de la cantidad aceite de girasol disponible para cada cliente por la escasez del producto.

Anuncio con la limitación de la cantidad aceite de girasol disponible para cada cliente por la escasez del producto.

"Nos hemos vuelto todos locos", gruñe una señora al comprobar el precio del aceite de girasol en un supermercado del centro de Jerez, en el que salta al a vista la escasez del producto pese a su desorbitada subida de precio y pese a las limitaciones de su venta, a un máximo de cinco litros por persona según reza en los carteles del lineal. La misma cadena ha cancelado la posibilidad de comprar aceite de girasol a través de su página web. 

La psicosis desatada por la invasión rusa de Ucrania, principal productor de aceite de girasol, ha disparado el precio del litro, por encima ya de los 2,5 euros. Más que el conflicto bélico, la subida obedece a las compras compulsivas por parte de la población por temor al desabastecimiento, en contra de las recomendaciones realizadas por las principales organizaciones de consumidores, que recuerdan que todo el aceite disponible en la actualidad es de la cosecha del verano pasado, antes de la guerra, por lo que hacer acopio para almacenar grandes cantidades no tiene sentido, ya que según advierte la OCU, pasado un año del envasado pierde calidad y propiedades.

La invasión, la subida de la electricidad, los combustibles y los alimentos, la huelga del transporte... Es la tormenta perfecta por la que los consumidores sufren en sus bolsillos los daños colaterales, situación que se aprecian a las claras en el repunte del IPC de febrero conocido hoy, el mayor en muchos años por encima del 7%. 

Frente a la alarma social generada por el cierre de 2021 con una tasa anual de incremento del Índice de Precios al Consumo del 6,2%, el Gobierno central se apresuró a decir que la subida era coyuntural para aplacar los ánimos. Dos meses después, la inflación sigue desbocada y sin visos de solución a corto plazo. 

Ayer fueron los carburantes, hoy el aceite o los churros y mañana será cualquier otro producto, de primera necesidad o no, pero todo repercute al final en el ahorro de los consumidores, si es que después de la crisis financiera por el estallido de la burbuja inmobiliaria, la pandemia y la guerra de Ucrania permite a muchas familias vivir más allá del día a día.

Y ya se habla de otros productos que en los próximos días empezarán e escasear en los supermercados y tiendas -se limitará la disponibilidad de unidades a los cosnsumidores, con precios por supuesto desorbitados-, como las pastas, que hasta cierto sentido puede entenderse si se tiene en cuenta que Ucrania es uno de los principales países productores de cereal, o el arroz, que no se explica salvo que se entienda como un sustituto de las pastas. Y También apuntan a posibles problemas con la leche y con la cerveza.

Algo parecido viene ocurriendo en las últimas horas con el aceite de oliva, cuya demanda se ha disparado por la escasez del aceite de girasol, con lo que el precio de uno y otro, y de todos los productos en los que interviene su uso, como las conservas, salsas, masas, platos elaborados, fritos... terminará viéndose afectado por la onda expansiva de la misma psicosis, que al principio de la pandemia, desembocó en la crisis del papel higiénico. 

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