Jerez

Croft, una compleja historia del urbanismo jerezano

Terrenos a espaldas de las bodegas de Croft que aún no se han desarrollado.

Terrenos a espaldas de las bodegas de Croft que aún no se han desarrollado. / Miguel Ángel González

En 1972, la compañía Croft Jerez, dado el auge que atravesaba entonces, decidió abandonar su sede de la céntrica calle Zaragoza para trasladarse al Rancho de Croft. Gracias al singular diseño realizado por Vicente Massaveu, este complejo bodeguero se convirtió en uno de los símbolos de la arquitectura bodeguera jerezana.

Pero, comenzado el nuevo siglo, González Byass adquirió la firma y trasladó su producción a otra de sus plantas. Fue entonces cuando se inició una tortuosa negociación con el Ayuntamiento (al frente de la Delegación de Urbanismo estaba entonces el ex alcalde Pedro Pacheco) para la recalificación de unos suelos que habían dejado de tener utilidad bodeguera. Aquel tira y afloja, (con compraventa de los suelos de por medio) se plasmó en una modificación puntual del Plan General de Ordenación Urbana (PGOU) de 1995 que permitiría que buena parte del Rancho de Croft pasara a ser suelo residencial.

Ahora bien, se estableció que los singulares edificios del complejo bodeguero no se tocaran y mantuvieran su finalidad de actividad económica. El resto de las casi 30 hectáreas del complejo pasaría a ser un conjunto de unifamiliares, salvo una manzana en uno de sus extremos donde irían VPVO. De este modo, la ciudad daba un paso más hacia el oeste superando así la barrera que suponía en ese momento la antigua travesía de la N-IV (por entonces la Ronda Oeste aún estaba en proyecto).

Finalmente, en 2009, el grupo Ángel Monreal compró los terrenos al Grupo Tempa y se puso al frente de este desarrollo. Poco antes, y tras una tramitación de más de tres años, se aprobó la modificación del PGOU con la recalificación.

Sin embargo, todo acabó paralizándose. Estalló la burbuja inmobiliaria y este desarrollo, como muchos otros, entró en barrena. Algunas promociones pudieron sacarse al mercado, pero solo pudo construirse una sexta parte de las viviendas proyectadas. Además, solo se ejecutó la urbanización de aquellas manzanas que pudieron comercializarse. Tampoco llegó a desarrollarse la pastilla de suelo para actividades económicas prevista en la zona, por lo que las bodegas y edificios del otrora rancho empezaron a ser otro símbolo de la decadencia de aquella época de alegría crediticia y crecimiento desmesurado.

A esto se unió que la antigua travesía, tramo a tramo, y a pesar de la crisis, fue convirtiéndose en lo que hoy son las avenidas Reina Sofía, Adolfo Suárez y Tío Pepe, unas vías plenamente integradas en la ciudad que siguen siendo claves para la movilidad de la ciudad y que bien poco recuerdan ya a aquella vetusta N-IV que hasta no hace mucho era la única carretera de conexión con la provincia de Sevilla sin tener que rascarse el bolsillo. Así, a la par que el paso de los años envejecía las bodegas de Croft, el tramo de antigua N-IV se convertía en el único que sigue sin contar con doble carril por cada sentido.

Y, fiel a la complejidad que siempre ha parecido arrastrar ese enclave, el Ayuntamiento y la empresa Rentas y Vitalicios acabaron en los tribunales por varias controversias por no haberse concluido en plazo este desarrollo y por los pagos pendientes.

En los dos últimos años, y a pesar de la pandemia, se han sucedido los encuentros entre las partes que han acabado derivando en un acuerdo que se ratificó el pasado miércoles con una modificación del convenio urbanístico ratificada por la junta de gobierno local que establece una fórmula para flexibilizar el desarrollo de estos suelos.

Para ello, se ha marcado una serie de fases que los promotores de estos suelos deberán ir cumpliendo en lo sucesivo. La primera tiene un alto contenido simbólico: el necesario desdoble de la N-IV. Esta duplicación de la calzada y la conclusión de las obras de urbanización de Croft deberán ejecutarse antes de que se pueda meter mano al desarrollo del resto de parcelas, especialmente las lucrativas.

La negociación ha sido compleja y con muchas aristas, además del añadido de la participación de otros actores ajenos inicialmente a este proyecto, entre ellos Sareb (el llamado ‘banco malo’) dado que es el principal acreedor de la actuación. Finalmente, se ha llegado a un acuerdo, que bien merece el calificativo de histórico. Ahora toca que todas las partes cumplan para poner punto y final a uno de los capítulos más complejos del desarrollo urbanístico de la ciudad de Jerez.

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