Jerez, Ciudad Europea del Vino

El jerez en el país del Tío Sam

  • El Consejo destina a EEUU el mayor importe de su promoción

Estados Unidos es el quinto mercado en volumen para el vino de Jerez y uno de los de mayor potencial de crecimiento, tanto por su tamaño como por su alta capacidad adquisitiva. Tras más de diez años de crecimiento del consumo total de vinos a un ritmo en torno al 3% anual, los norteamericanos beben hoy en día algo más 9,2 litros por habitante y año, lo que sitúa el consumo per cápita de este país en el puesto 22 del mundo, aún por debajo de los aproximadamente 19 de España y muy por debajo de países como Francia (47) o Italia (37). En todo caso, todos los estudios concluyen que el consumo de vinos en Estados Unidos, actualmente unos 330 millones de cajas de 9 litros, no dejará de crecer, lo que lo convertirá en breve en el mayor mercado mundial, tanto en cantidad como, sobre todo, en valor.

Se trata de un mercado relativamente joven, pues la cultura del vino aún es algo nuevo para el norteamericano medio. El vino no es un elemento básico en la dieta, ni es habitual en las comidas como pudiera ser el caso en los países mediterráneos, sino que se asocia a un acontecimiento especial o, al menos, a algo que escape de la rutina diaria. La descripción más común que se hace del mercado norteamericano es que no se trata de uno solo, sino de 50 mercados diferentes. Efectivamente, el consumo en los distintos Estados no es, ni mucho menos, homogéneo; es más habitual en las costas Este y Oeste, así como en algunas zonas del interior como Chicago, Dallas o Houston; e igualmente se concentra en las zonas urbanas y en las capas de la población más cultas, con mayor poder adquisitivo y que viajan al extranjero.

Estados Unidos es igualmente un importante productor de vinos, situándose en el cuarto puesto a nivel mundial, tras Italia, Francia y España. Consecuentemente, los vinos locales tienen un importante peso en el consumo interno: aproximadamente las dos terceras partes del vino consumido en este país es de origen nacional. Ahora bien, hay una importante diferencia generacional en el patrón de consumo: el 24% de los baby-boomers (nacidos entre 1946 y 1964) consumidores de vino lo son de vino importado, frente al 33% en las llamadas "generaciones X" (nacidos entre 1965-1976) y el 40% en la generación del milenio (nacidos a partir de 1977). Es evidente por tanto, que el crecimiento futuro de los vinos importados en estados Unidos está asegurado.

La heterogeneidad de los distintos mercados se traduce también en regulaciones distintas en cada uno de los 50 estados, lo que hace del norteamericano un mercado realmente complejo. Así, algunos de los estados son "Control States", es decir, mercados en los que el estado tiene el monopolio de la distribución de bebidas alcohólicas, frente a otros que son "Open States". Igualmente, la importación de bebidas alcohólicas debe pasar previamente por una serie de trabas burocráticas a nivel federal, como es el registro de las etiquetas en el TTB (Alcohol & Tobacco Tax and Trade Bureau). Por último, la complejidad de este mercado se debe también al complejo sistema de distribución, el llamado "Three Tier System", mediante el que los vinos importados recorren un camino de tres fases: el importador, el distribuidor/mayorista y el detallista. Un sistema que produce lógicamente (y con independencia de los impuestos) un importante incremento en el precio de los vinos.

A diferencia de los vinos italianos, uno de los problemas a los que han de enfrentarse los vinos españoles en los Estados Unidos es la ausencia de una base importante de restaurantes españoles. No obstante, la altísima reputación internacional de la alta gastronomía española está siendo de enorme ayuda para las bodegas exportadoras de nuestro país. Como lo está siendo igualmente la implantación ya en muchos estados americanos del concepto "tapas", algo que está favoreciendo especialmente a los vinos de Jerez. Incluso empiezan a aparecer ya en un buen número de ciudades norteamericanas los "Sherry Bars", bares de tapas con un claro protagonismo del jerez, ya populares en el Reino Unido.

Una de las principales dificultades que afrontan los vinos de Jerez en el mercado norteamericano es la ausencia de una adecuada protección del término Sherry y por tanto la existencia de productos locales (principalmente californianos) etiquetados bajo el nombre de nuestra denominación. Aunque esta situación se remonta a siglos atrás, en el año 2006 se firmó un acuerdo entre Estados Unidos y la Unión Europea que tenía en la protección mutua de las respectivas indicaciones geográficas uno de sus objetivos. Lamentablemente, el llamado "Wine Accord" se cerró en falso; había prisa por llegar a un acuerdo, particularmente por el asunto del reconocimiento de las prácticas enológicas, y la cuestión de las indicaciones geográficas no se supo defender adecuadamente por parte de los negociadores europeos. Así, se acordó el reconocimiento recíproco de las denominaciones de origen, si bien por lo que se refiere a aquellas Denominaciones incluidas en la lista de los llamados "semigenéricos" (entre ellos Sherry, Champagne, Port o Chablis) la solución acordada dentro del marco del Acuerdo implicaba que los Estados Unidos modificaría la situación jurídica de dichos nombres -hasta entonces absolutamente libres para su uso- con el fin de que el empleo de los mismos en las etiquetas de vino se limitara exclusivamente al vino originario de la Comunidad, salvo en aquellos casos que fuera de aplicación la llamada cláusula "grandfather". En aplicación de dicha "cláusula del abuelo", todo lo anterior no sería de aplicación para aquellas marcas que ya se hubieran utilizado en USA con anterioridad al acuerdo.

El resultado es que, de acuerdo con las investigaciones realizadas por el Consejo Regulador, existen en la actualidad al menos 126 marcas de vino norteamericano que utilizan la palabra Sherry, y que de acuerdo con las "cláusula del abuelo" podrán seguir haciéndolo en el futuro. Además, se trata en su inmensa mayoría de productos de ínfima calidad y precio muy reducido, lo que condiciona de manera importante la imagen de verdadero Sherry en el mercado, al menos para el gran público.

Desde el Consejo Regulador del Jerez, y en ausencia de un avance real de las negociaciones para resolver esta injusta situación, se ha seguido trabajando conjuntamente con las instituciones representativas de Champagne y Oporto, fundamentalmente en torno a una iniciativa llamada la "Declaration for Wine Origins", en la que se ha logrado embarcar además a otra serie de Denominaciones -no sólo europeas, sino de todo el mundo, incluidos los Estados Unidos- interesadas en que en ese país se respeten todas las indicaciones geográficas, sin distinción, incluidas las llamadas "semigenéricas".

Para Jerez este es un asunto de importancia vital, pues como se ha dicho, estamos hablando de un mercado en el que nuestra Denominación de Origen tiene puestas muchas esperanzas de futuro, tanto por su volumen potencial como por la creciente capacidad de compra del consumidor americano y el mayor valor añadido de los vinos que se vienen exportando a este país.

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