El Laboratorio de Historia que supera la realidad
Ubicado en el Campus de Jerez, es un referente nacional en tecnología dedicada a la investigación y documentación del patrimonio histórico-arqueológico agroalimentario en todo el país
La Cartuja de Jerez lleva a cabo un tratamiento para eliminar la carcoma de la sillería de Legos y el coro de Padres
Un grupo de investigadores de una alta cualificación hacen una labor callada, casi desconocida para muchos, desde el Campus de Jerez. El procesamiento de datos y el manejo de tecnología puntera en todo el país, y más allá, hablan de pasado, pero también de futuro. Son los garantes del patrimonio.
Instalado en la ciudad desde 2016, el Laboratorio de Historia Ivagro (Instituto Universitario de Investigación Vitivinícola y Agroalimentaria) pertenece al área de Historia Antigua de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Cádiz (UCA). Todos sus miembros forman parte del grupo de investigación Patrimonio Histórico de Andalucía en la Antigüedad, que ya cuenta con tres décadas de vida.
"La UCA apostó en su día por su vinculación con el mar. Nosotros decidimos vincularnos a otra línea de investigación también potente de la UCA, el mundo agroalimentario, principalmente, a través de los grupos que se dedican a la vitivinicultura en el Campus de Puerto Real, que es el germen de lo que es Ivagro, que tiene sede en Puerto Real y en Jerez. Y en Jerez se ubica nuestro Laboratorio de Historia, donde nos dedicamos a la investigación y documentación del patrimonio histórico-arqueológico agroalimentario de la provincia", introduce el catedrático de Historia Antigua de la Universidad de Cádiz y responsable del Laboratorio de Historia del Instituto Ivagro, Lázaro Lagóstena.
Sus investigadores trabajan por toda España, pero principalmente en el Marco de Jerez, "que es el punto de referencia en todo lo que pueda ser patrimonio histórico y arqueológico del mundo rural desde la prehistoria prácticamente, aunque después tiene épocas mucho más relevantes. Pero en la propia antigüedad ya hay numerosas actividades vinculadas al vino. Por eso nos vinimos al Campus de Jerez. Somos los que, de alguna manera, desarrollamos la línea de investigación vinculada al tema del patrimonio más rústico, más agrario. Nos centramos en la provincia, pero trabajamos en otros muchos lugares".
De ahí que uno de los puntos de trabajo del Laboratorio de Historia sea el yacimiento de Asta Regia, "como el yacimiento histórico de relevancia que dinamiza y que organiza todo este espacio del Marco, por su impacto en todo el territorio".
A lo largo de su existencia, en el Laboratorio han ido obteniendo proyectos de infraestructura científica a través de fondos europeos. Por ejemplo, durante cinco años, cuatro proyectos que han supuesto una inversión de un millón y medio de euros, a los que hay que sumar la inversión que ha hecho la UCA en las instalaciones. "Somos, probablemente, a nivel nacional, el grupo de Humanidades a esta escala, dedicado a historia y arqueología, que más recursos ha captado de inversión en infraestructura. Eso está aquí, en este edificio del Campus de Jerez, donde llevamos ya diez años".
Un Laboratorio que es casi en sí mismo un instituto de investigación, donde trabajan diez investigadores en dos grandes líneas de trabajo: investigación, es decir, obtener datos e información que no se conocen de carácter arqueológico o histórico del territorio; y documentación digital de todos los vestigios que se conservan, sean arqueológicos, edificios, yacimientos, etc.
Las cuatro unidades de trabajo
Unidad de Caracterización de Suelos y Análisis Estratigráfico, es decir, "todo lo que tiene que ver con los perfiles del terreno", para lo que utilizan instrumentos geofísicos como un sismógrafo y un tomógrafo. "Son equipos que manejan normalmente los geólogos. Con ellos podemos tirar grandes líneas del terreno, hasta 400 metros y una profundidad de 80, y tomamos los datos correspondientes. A estos equipos les damos un uso arqueológico. En Mesas de Asta, por ejemplo, ya hemos hecho varios cortes con estos equipos y sabemos en profundidad cómo se comporta a nivel geológico y, después, la parte más antrópica, más arqueológica. Nos da mucha información de cómo son en el subsuelo más profundo los yacimientos arqueológicos, niveles a los que no llegan otros equipos".
Con el tomógrafo, por ejemplo, están cortando todos los esteros del Lacus Ligustinus, "y vemos cómo eran antes de que se sedimentaran. Si hay canales de navegación, qué nivel, cuánto se han sedimentado, si se han acumulado 5, 6, 7 metros. Es decir, vamos tomando datos del geológico para comprender el espacio. Esto se complementa con unos equipos que tenemos para obtener muestras del suelo, que llegan a 10 metros de profundidad, que nos dan dataciones de los estratos, es decir, qué cronología estamos trabajando. Y luego, estamos tomando muestras del paleoambiente, de ocupación del yacimiento o muestras de pólenes para reconstruir los paisajes que ha habido en distintas épocas en torno al Lacus Ligustinus".
Unidad Geofísica, investigaciones geofísicas que en el Laboratorio desarrollan con dos instrumentaciones, georradar y magnetómetro, "que trabajan en todo tipo de contextos y condiciones, como, por ejemplo, cementerios, con el tema de memoria histórica. O dentro de las iglesias, para detectar criptas. Hemos buscado un equipamiento de georradar que sea capaz de trabajar en mitad de un olivar o dentro de una cata arqueológica. Que cubra todas las posibilidades que después la casuística real nos da. Te llaman para trabajar en un sitio y estás en un pasillo, o estás en una cueva o dentro de una iglesia, en una cripta, en lo alto de un cerro. El equipamiento nuestro se adapta a todo. Por eso nos llaman de muchos sitios porque tenemos equipo para dar respuesta a casi todas las condiciones".
Respecto al magnetómetro, mide el magnetismo, es decir, restos de actividad humana en el terreno, como hornos, alfares, tumbas de incineración, cremaciones, fosas de plantación, etc.
Equipos que convierten al Laboratorio en el más avanzado del país. "De los magnetómetros y los radares, pues tenemos aquí el grupo de investigación con mejor equipamiento, mejor dotado, de toda la península ibérica en el ámbito de las Humanidades", asegura Lagóstena.
Servicio de Documentación. Unidad Escáner Láser y Unidad fotogramétrica terrestre y aérea, en la que se trabaja con drones y otros equipos como sensores aéreos. "El sensor lídar, por ejemplo, te hace una modelización del terreno con una altísima precisión. Nosotros con este equipo programamos un vuelo y a lo mejor digitalizamos 120 hectáreas. En definitiva, son distintos sensores para tomar fotogrametrías de calidad y modelización de calidad. Como el sensor multiespectral, que puede obtener imágenes de otra naturaleza que se usa mucho, por ejemplo, para detectar en los cultivos huellas de yacimientos arqueológicos. Ya hace tiempo que nosotros los hemos incorporado a nuestros trabajos en el campo para hacer nuestros propios modelos digitales del terreno. En los sitios importantes donde trabajamos lo primero que hacemos es volar y hacer toda una cartografía propia. Y todo esto lo hemos aplicado en Asta Regia. Por ejemplo, hemos hecho la Isla del Trocadero entera, Ébora, entre otros puntos de la provincia".
Todo, combinado, supera la realidad. "Es un nivel de manejo de una información digital que hace 10 años no se imaginaba nadie. Y al final, el servicio de geofísica, el servicio de documentación aérea, el servicio de documentación terrestre y el de estratigrafía, todos aportan datos a un objetivo común de investigación".
La sala de máquinas
En la 'sala de máquinas' del Laboratorio hay cinco potentes ordenadores con una altísima capacidad para el tratamiento de datos. "Una de las investigadoras, Aroa Plaza, está ahora mismo con un proyecto de una iglesia de Torre Alháquime que tiene un problema estructural en su portada. Hemos realizado un estudio con dos georradares distintos para que el arquitecto o los arquitectos tengan información de por qué se está cayendo la iglesia. Es patrimonio, más alejado de la arqueología que hacemos todos los días, pero es un servicio que estamos dando también", explica Lagóstena.
En otro puesto, Antonio Villalpando hace un informe sobre memoria histórica en Alcalá del Valle, donde se está buscando una fosa en una zona complicada de un olivar. "Son innumerables los trabajos que hemos desarrollado de este tipo, nos lo demandan mucho. Se trabaja con los datos que arroja el magnetómetro", especifica.
En otro de los ordenadores, Isabel Rondán procesa un yacimiento de Cuenca. "Es una motilla cubierta de vegetación, de la que estamos tomando datos. Es impresionante cómo con esta tecnología puedes filtrar la vegetación y ver la conformación arqueológica. Es una visualización que no ha visto nadie. El equipo te permite clasificar los datos, decir lo que es vegetación, lo que es suelo, lo que es construcción, etc., y después filtrarlo. De esta forma, obtienes una visualización del terreno que es absolutamente espectacular que nosotros, como historiadores y arqueólogos, podemos interpretar, y no solo tiene una cartografía de precisión, sino que tiene además la posibilidad de hacer un análisis directo sobre esta información".
Por su parte, Manuel Ruiz Barroso está enfrascado en la modelización de un proyecto de Medina Azahara, donde se han digitalizado los palacios. "El potencial que tiene todo esto para la gestión del yacimiento, para la conservación, para el problema que pueda tener de conservación de humedades, de estructuras, para sacar plantas, para hacer productos digitales, visuales, para la alta divulgación, para gestionar el flujo de visitantes, etc. Eso es lo que al final estamos nosotros haciendo en otros proyectos, que se llama ahora Gemelo Digital, que es lo que hacemos en El Trocadero. El Gemelo Digital es ya el siguiente paso a la modelización, que es el uso o las aplicaciones que esta modelización te permite en grandes yacimientos. Es otro nivel. En España hay dos o tres proyectos de digitalización de patrimonio y dos los tenemos nosotros. No está nada extendido".
Isabel Rondán confiesa que es "emocionante cuando ves en tiempo real, a través de toda esta tecnología, lo que va apareciendo bajo el terreno, cuando sobre la superficie no ves nada. Y así en muchísimos sitios que hemos trabajado. Y es que sin excavar estás viendo el yacimiento entero".
La UCA lleva una década trabajando en Asta Regia. Con la compra ahora por parte de la Junta de Andalucía de los terrenos que albergan las principales zonas del yacimiento, que pasan así a ser ahora de titularidad pública, Lagóstena confía que el Laboratorio pueda continuar con sus investigaciones sobre el terreno y aplicar toda esta tecnología puntera en todo el país.
A lo largo de estos diez años del Laboratorio en el Campus de Jerez, han pasado por sus instalaciones un total de 20 investigadores con una alta cualificación, algunos trabajando ya fuera y otros permanecen en Jerez, en la UCA. "Un personal -añade Lázaro-, un instrumental combinado y una cartera de trabajo que no se encuentra en ningún otro punto del país. Y no lo sabe casi nadie y se tiene que conocer. Cada vez hay más demanda de estos modelos por parte de la Administración, otras universidades, empresas, ayuntamientos, etc., porque es una manera de preservar el patrimonio. Todo es transferencia a la gestión y aquí estamos para seguir trabajando. Somos un referente nacional".
Así es el trabajo de campo del Laboratorio
También te puede interesar