Jerez
  • Tras varios veranos con agua, este humedal se ha secado completamente por la acumulación de falta de lluvias

  • Es el momento para adoptar medidas que eviten más invasiones de carpas antes de que vuelvan las lluvias

La Laguna de Medina: Una sequedad reparadora

La Laguna de Medina, completamente seca. La Laguna de Medina, completamente seca.

La Laguna de Medina, completamente seca.

Miguel Ángel González

Escrito por

· E. M. Cañas

Redactor

Final de agosto. Las primeras horas de la mañana ya anuncian una nueva jornada tórrida. El paseo por el tramo sur del sendero de la Laguna de Medina se hace más llevadero gracias a la vegetación y el arbolado que rodea este humedal regalando algunos metros de sombra.

Sin embargo, el camino no parece el mismo. El silencio es aún más intenso que en otras épocas del año y hace más intimista la cómoda travesía de apenas 900 metros que separa la zona de aparcamientos situada junto a la antigua carretera de la Jerez-Los Barrios, convertida ahora en camino de servicio de la A-381, del mirador de la zona sur de este enclave.

En los meses invernales, cada rincón de este sendero estaba inundado por la competencia en los graznidos de patos, fochas o ánsares. En cambio, este particular sosiego anuncia lo que se podrá contemplar pocos minutos después de iniciada la ruta una vez se llegue hasta la estructura de madera que es uno de los dos balcones que tiene este espacio medioambiental del sureste del término municipal jerezano. Ya allí, se conoce el motivo de este estruendoso silencio: la laguna está completamente seca. No es la primera vez que este fenómeno ocurre en este núcleo endorreico de más de 120 hectáreas; de hecho, es un comportamiento habitual de la dinámica hidrológica de este humedal incluido en la lista Ramsar desde 1989.

Sin embargo, los conocedores de este enclave comentan que desde hacía varios años no se veía la laguna sin agua. A simple vista, un profano puede sostener hasta la extenuación que, aunque poca, sigue teniendo agua. Pero no deja de ser una ilusión, un simple efecto óptico. El suelo arcilloso aún continúa húmedo y provoca que se refleje el azul del cielo como si fuera un espejo. Para salir de dudas, no hay más que caminar hasta el otro mirador, en la zona norte, para comprobar que solo hay tierra cuarteada donde desde el sur parecía que había agua.

La dependencia en exclusiva de las precipitaciones hace que la Laguna de Medina sea uno de los mejores termómetros del balance de los años hidrológicos. Recibe agua del arroyo Fuente Bermeja, que discurre por su tramo sur, y de las escorrentías de las colinas que la rodean, lo que propicia que sea un humedal dependiente de las lluvias. Así, en veranos precedentes, el enclave logró retener algo de agua debido a las precipitaciones invernales y primaverales. Sin embargo, según los datos de la Agencia Estatal de Meteorología, en la campiña jerezana llovió en la última primavera entre un 50 y un 75% menos que la media de las últimas tres décadas y en invierno, algo más del 75%. Eso, acumulado a la reducción de las lluvias en años precedentes han acabado secando la Laguna de Medina con la llegada de las altas temperaturas.

Una de las reglas de medición de la profundidad de la laguna. Una de las reglas de medición de la profundidad de la laguna.

Una de las reglas de medición de la profundidad de la laguna. / Miguel Ángel González

Ahora bien, lejos de ser un episodio medioambiental preocupante no deja ser una etapa lógica de las características de esta bella reserva natural. De hecho, así lo explica José Manuel Soria, de Ecologistas en Acción, quien señala que la situación actual del complejo lagunar es un “proceso normal de los humedales mediterráneos”. El representante del colectivo conservacionista apunta que estos periodos de sequedad son una oportunidad de regeneración para la laguna. “Este es un proceso al que los organismos propios de la laguna están perfectamente adaptados y que además traerá efectos positivos”, asevera con rotundidad.

Para empezar, señala como una consecuencia endógena más que positiva que este periodo conllevará una mineralización de la materia orgánica presente en este enclave, por lo que aumentará su productividad.

Y, por otro, incide en que esta situación ayudará a hacer frente a un problema exógeno que arrastra la laguna desde hace varios años y que ha provocado que su hábitat esté en un serio peligro de desaparecer por la invasión de las carpas. Esta especie alóctona lleva años ocupando el vaso lagunar y empobreciendo su frágil ecosistema. Sin embargo, al secarse la laguna, el problema desaparece, al menos temporalmente. Es una perogrullada pero sin agua, no hay peces y se para de manera brusca su reproducción. Por ello, las propias características naturales del humedal hacen que tenga su mejor defensa frente a una invasión que no ha logrado amortiguarse con algunas de las medidas adoptadas en los últimos años por parte de la Junta de Andalucía.

Perímetro sur del vaso lagunar. Perímetro sur del vaso lagunar.

Perímetro sur del vaso lagunar. / Miguel Ángel González

Por lo tanto, las autoridades ambientales tienen ante sí una nueva oportunidad para dar una solución definitiva a este problema que arrastra este espacio protegido jerezano. Se hace más que necesario que de manera urgente se adopten medidas contundentes para evitar que las carpas vuelvan al complejo endorreico una vez comiencen los periodos de lluvia aprovechando las corrientes de los arroyos y de las escorrentías que nutren el vaso lagunar.

Actuar en el origen del problema se sigue antojando más que necesario. Se estima que esta especie procede de una pantaleta y que alcanzaron el humedal aprovechando los periodos de grandes precipitaciones y, por ende, de importantes aportaciones de agua. Con una laguna vacía, la naturaleza ofrece una oportunidad única que para resolver un problema que nunca debió producirse y preservar este espacio como paraíso para la invernada de aves.

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