Muere Rafael Iglesias, histórico fotógrafo de Jerez El último de una era

  • Muere a los 76 años Rafael Iglesias, que fue jefe de Fotografía de Diario de Jerez, tras una larga enfermedad

  • Era el último representante de toda una generación de reporteros gráficos

Rafael muestra una cámara antigua de su extensa colección. Rafael muestra una cámara antigua de su extensa colección.

Rafael muestra una cámara antigua de su extensa colección. / Miguel Ángel González

Rafael Iglesias Baños, fotógrafo de Diario de Jerez desde su fundación en 1984 hasta el año 2000 en que accedió a la jubilación, murió a primera hora de la mañana de ayer en su domicilio del Paseo de las Delicias a los 76 años víctima de una larga enfermedad. Rafael Iglesias —nieto, hijo y tío de fotógrafos— fue uno de los reporteros gráficos más conocidos de la ciudad. Era sencillamente providencial que un periodista, prácticamente novato, tuviera la suerte de trabajar a su lado. Rafael tenía una llave que abría puertas. Esa llave era su persona. Y las abría en zonas acomodadas y en barrios humildes.

Iglesias nació en La Plata Vieja, zona donde hoy se asienta el Parque de La Plata, en 1943. Su padre, Manuel Iglesias Jiménez, fue otro referente de la fotografía jerezana. Fue él, su progenitor, quien le inculcó el amor por el arte de las cámaras y los revelados. Eran los tiempos del ‘Tabanco de Nicolás’, donde confluía el Jerez de finales de los 70. Allí iba su padre, íntimo amigo de Nicolás Sosa, recordado y veterano hostelero de los años en los que el vino no tenía competidor. Eran tiempos en los que Rafael se forjó como futbolista “cañero”, ansioso por ganarse la vida, algo que siempre llevó a orgullo.

El año pasado, en una entrevista concedida al que fuera su periódico y realizada por Gloria Moreno, a ésta le reconoció que en su casa todos sabían de fotografía, así como que el cuarto oscuro del revelado ejercía sobre él y sus hermanos una profunda atracción.

Los enfados de su padre cuando descubría que el papel de revelado había sido utilizado por los hijos sin su consentimiento eran de tomo y lomo.

Paseando por la Feria con su esposa y una de sus tres hijas. Paseando por la Feria con su esposa y una de sus tres hijas.

Paseando por la Feria con su esposa y una de sus tres hijas. / Miguel Ángel González

Pese a todo, pese a que los negativos marcaban su futuro, que los líquidos del revelado estaban marcados en su destino, como el futuro siempre tiene libre albedrío, éste quiso que su primer trabajo profesional fuera como electricista, profesión que aprendió de su tío y que desempeñó en Alemania durante diez años. Emigró al país germano tras acabar el servicio militar en el cuartel de artillería de La Asunción. Lo que fue un viaje de un año se tornó en una década.

Las crisis económicas son terribles, pero en determinadas ocasiones tienen efectos tan curiosos como positivos. Allí, “pasando frío” vio cómo los ingresos por su trabajo empezaban a caer. Y tomó la decisión de retornar a su querida patria chica.

Fue al volver a Jerez, ya casado con su esposa Dolores, cuando montó un laboratorio fotográfico en la calle Francos junto a su padre, Manuel. Fue allí donde Diario de Cádiz le fichó como reportero gráfico para Jerez. Su padre ya había trabajado en prensa, en extintos diarios jerezanos como Ayer y La Voz del Sur.

Dicho laboratorio fotográfico, a caballo entre el barrio de Santiago y las calles más céntricas de Jerez, se erigió en un lugar de tertulias inolvidables. Presidido por enormes fotografías —quien esto escribe aún recuerda una en blanco y negro enorme, de las de techo a baldosa, con la imagen de Jesús del Descendimiento—. El foco enorme, el juego de luces contrastado. Medio Santiago se pasaba por allí para charlar y también degustar una copa de vino.

Cuando Diario de Jerez echó a andar en 1984 fue Rafael Iglesias quien se hizo cargo de la sección de Fotografía. Hasta entonces era el corresponsal fotográfico en Jerez de Diario de Cádiz.

Apasionado de los deportes, especialmente el fútbol, así como del flamenco y de los toros, se erigió en un verdadero referente de la vida pública en Jerez. Era un paulista confeso. Tanto es así que reconocía que para ir a ver torear a Paula había que conformarse con verle hacer bien lo que sabía hacer bien. Y eso sí, y rezarle al cielo “para que le llegara el torito soñado”.

Rafael Iglesias, ‘el fotógrafo del pelo blanco’, conocía a todo Jerez y, lo que es más grande, todo Jerez le conocía a él. Tener la oportunidad de trabajar con Rafael suponía comprobar de primera mano la forma en la que se abrían las puertas de todas las casas. Todo el mundo conocía a ese hombre de pelo canoso que, cámara al cuello, plasmaba a diario en el Diario lo que acaecía en una ciudad que empezaba a despegar. Fue fiel testigo de la Transición. Eran los primeros años de la democracia, de los alcaldes de quita y pon... Tanto es así que, en muchas ocasiones, los actos convocados no comenzaban hasta que llegaba Rafael con su cámara y tomaba la fotografía para la edición. Entonces todo echaba a rodar.

A lo largo de los años resultó muy especial su relación con la Real Hermandad del Rocío de Jerez, cuyas romerías hasta la aldea almonteña cubrió desde el año 1975. Confesaba, en la entrevista anteriormente citada y que pueden consultar en la web de este periódico, que fue en el Coto de Doñana donde vivió los mejores momentos de su vida.

A los rocieros jerezanos les prestaba un servicio impagable. Tras levantarse a primerísima hora de la mañana recogía el Diario de Jerez recién impreso, “calentito”, decía, y con él en el todoterreno partía al encuentro de la caravana rociera haciendo a diario el embarque en Bajo de Guía.

Cuando los rocieros esperaban para la misa de campaña raro era el día en el que la actualidad ya no estaba allí, en pleno Coto, a través de las páginas impresas de Diario de Jerez. Tampoco eran pocas las veces en las que pasadas las diez de la noche aparecía en la Redacción de este medio con viandas de todo tipo para celebrar a la Blanca Paloma en un entorno tan distinto al del Coto como es la Redacción de un periódico. Y se agradecía.

A lo largo de más de tres décadas de carrera, Rafael Iglesias reconocía que había visto de todo, si bien lo que más le impactaba eran los sucesos en los que se perdían vidas humanas, como un trágico accidente con cuatro fallecidos en la carretera de Arcos o el luctuoso crimen de una niña en las inmediaciones de El Cuco. 

En este periódico, en su edición en papel, podrán encontrar hoy su esquela. Emocionan las palabras de su familia en la misma: “Queremos llorar porque te has ido, pero nos enseñaste a sonreír por lo que hemos vivido. A partir de ahora, cada paso que demos, cada vez que acertemos o nos equivoquemos, cada vez que le digamos a tus nietas que las queremos, siempre estarás en sus abrazos, en sus besos, en nuestros anhelos. Vivirán por siempre en nuestros recuerdos, en tu último retrato: ‘Una gran familia unida’. Porque nos enseñaste que una familia unida es un corazón que siempre palpita”.

El sepelio tendrá lugar hoy a las once de la mañana en las instalaciones del Tanatorio de Jerez. Descansa en paz Rafael.

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