Balance de tres meses de obras en el centro

La obra infinita

  • Los arreglos del eje Esteve-Corredera cumplen hoy tres meses sin que haya una solución a corto plazo

  • Los comerciantes estallan y aseguran que la situación “es ya insostenible”

Un hombre circula con una bicicleta por la calle Corredera. Un hombre circula con una bicicleta por la calle Corredera.

Un hombre circula con una bicicleta por la calle Corredera. / Pascual

El 23 de abril, hace hoy justamente tres meses, el gobierno local inició las obras de regeneración integral del eje Corredera-Esteve. En medio de la desescalada y tras un duro confinamiento, en el que la mayoría de negocios de esta parte de la ciudad se vieron obligados a cerrar, comenzaba un proyecto que hoy, 180 días después, sigue dando que hablar.

Lo que ya empezó con cierta descoordinación, “porque no nos informaron de nada”, comenta Nieves, una de las empresarias de la calle Corredera, ha ido enquistándose hasta el punto de que a día de hoy, sólo se están acometiendo los trabajos de la red de saneamiento, ya que los del asfaltado o adoquinado de Corredera-Esteve han sido paralizados por la Junta de Andalucía, que mantiene un contencioso con el Ayuntamiento.

Esta “guerra política”, como la califican algunos comerciantes, está consiguiendo “destrozar” la economía de muchos de los negocios de la zona e incluso del propio centro, que ha visto cómo su habitual clientela se ha ido reduciendo ante las complicaciones que existen actualmente para acceder a esta zona de la ciudad.

Miriam Amati, propietaria de la Óptica Amati de la calle Corredera, fue una de las primeras empresarias en manifestar públicamente su malestar por todo lo que estaba sucediendo. Ahora, varios meses después insiste en que “esta es una obra sin pies ni cabeza, porque después de dos o tres meses de cierre, con personas en Erte y muchas deudas, voy y me encuentro con un 70% de ventas debido a que la alcaldesa, en vez de ayudarnos, ha complicado todo, nos está dando un golpe de gracia para cerrar”.

A mí me da igual la política, me preocupa que nos está afectando, y ahora con la paralización ¿qué va a pasar?¿ Hasta cuándo vamos a estar así? ¿Y si luego hay otro confinamiento? No veo luz al final del túnel, la verdad”, comenta.

Al margen de la desinformación, una de las cosas que más achacan los comerciantes es “el descontrol que hay con la obra, no se ha hecho por tramos, sino que han ido saltando de una acera a otra”, confiesa Pepe del bar Corredera.

Yo ayer tuve que cerrar porque están colocando los suelos, por no hablar de cuando te cierran el paso con una valla y tienes que estar quitándolas para que puedan pasar los clientes”, continúa este profesional de la hostelería, cuyo negocio ha perdido “sobre un setenta por ciento de las ventas. Date cuenta que nuestros clientes son gente mayor, y como el autobús no pasa y para aparcar es un problema, no vienen”.

Unos metros más arriba, desde la sastrería Amara, también se quejan de la falta de coordinación en los accesos. “Más de una vez nos hemos quedado encerradas porque ponen una valla y no avisan”, recalcan.

Además, admiten que “desde que nosotros reabrimos el negocio, que fue el 11 de mayo, apenas ha habido trabajando tres o cuatro personas, con lo cual, esto ha ido lentísisimo. Últimamente, desde el día 13 de julio, -explica tras comprobarlo en un calendario- se ven a más trabajadores, pero antes, poquísimos”.

En Amara, al igual que ocurre en otros comercios, “las ventas se han reducido en un cincuenta o sesenta por ciento”.

Varios niños, frente a San Francisco. Varios niños, frente a San Francisco.

Varios niños, frente a San Francisco. / Pascual

Esta circunstancia, la lentitud de las obras es otra de las quejas en las que coinciden la mayoría de comerciantes. “No entiendo cómo sabiendo la necesidad que tenemos, con varios meses de cierre debido al confinamiento, no hayan hecho un presupuesto para que las criaturas tengan más turnos y vengan también por las tardes, porque a las dos y media se van y ya hasta el día siguiente. Yo no me quejo de los trabajadores, que bastante están haciendo, pero hombre, podrían haber hecho un presupuesto para que esto fuese mucho más rápido”, reconoce Paco Poyatos, otro ilustre de la calle con su conocida relojería.

Después de tres meses, “ahora somos reyes”, recalca, “porque ya han puesto el acerado por esta parte, pero hemos estado muchas semanas con todo levantado y claro, esto es muy incómodo para la gente que viene al centro. ¿Qué pasa? Pues que va a otro lado, no se atreven a venir”.

“Yo sólo les digo a los políticos que miren por el ciudadano, porque los que pagamos los impuestos somos nosotros”, continúa. En su negocio “he perdido un treinta por ciento de las ventas más o menos, pero vamos que se van a cargar el centro porque sin esta calle Corredera, que es una arteria fundamental, cada vez viene menos gente. Con decirte que por las tardes da hasta pena venir”.

En la tienda de ropa de José Calderón, Nieves, su responsable, lamenta sobre todo “la falta de comunicación, tanto por el hecho de hacer las obras en un momento como el que estamos viviendo, como por la manera de ejecutarla, porque no se hace por tramos, como debería”.

Como muchos otros compañeros de profesión no entiende “que no se nos haya consultado antes para saber qué opinábamos de todo esto, aquí la mayoría somos padres y madres de familia que vivimos de esto, y después de un confinamiento, no podemos afrontar una situación así, nos van a llevar a la ruina”.

Consecuencia directa de toda esta situación es el cartel que encontramos en otro de los establecimientos más veteranos del centro, la tienda de máquinas de coser de Antonio López-Cepero: ‘Se traspasa negocio’. “Nosotros hemos perdido muchísima clientela, porque la mayoría son gente mayor que viene al centro, y ahora han dejado de venir. Además, ha habido varias caídas de mujeres mayores y eso no invita a venir al centro, prefieren ir a otro lado”.

Indignadas se muestran también las responsables de la tienda de ropa Alas. Las hermanas Lourdes, Pilar y Charo llevan cerca de cuarenta años con negocios en el centro pero está situación las está llevando “al cierre”, aseguran. “Hoy hemos hecho 50 euros, ¿tú crees que podemos seguir así? Porque hay que pagar un alquiler y el autónomo de tres personas”.

“Nos sentimos impotentes por todo lo que se está haciendo, desde haber hecho esta obra teniendo en cuenta de dónde venimos, hasta la manera de gestionarla, porque hoy te cierro aquí, mañana te vuelvo a cerrar, no te aviso cuando cierro, te dejo aislada y nadie puede pasar....”, apunta Pilar.

“Nos llevamos todo el día cogiendo piedras y levantando vallas, porque se van el viernes, te entabican y ahí te quedas”, prosiguen.“Encima viene el otro día el señor José Antonio Díaz y dice que tenemos que estar contentos, y que con el plan del adoquinado textualmente dijo ‘no tengo por qué bajarme los pantalones con la Junta’. ¿Tú te crees? Claro, como él va a cobrar a final de mes...”.

“Esto es para echarte a llorar, porque nos sentimos abandonadas, ni siquieran se han acercado en tres meses a preguntarnos cómo lo estamos pasando. Aquí se está jugando con el pan de muchas familias y hay que darle solución a esto, déjense de políticas y lleguen a un acuerdo y si no, nos iremos a la puerta del Ayuntamiento, así no podemos seguir”, interrumpe Charo.

Pero no sólo los negocios están sufriendo el calvario de estas obras en los últimos tres meses, también algunos vecinos. Manuela vive con su nieta en una casa “y el otro día me dejaron encerrada”, cuenta enojada. “También el sábado pasado hubo un incendio en un contenedor y los bomberos no podían pasar, tuvieron que apagarlo los muchachos que vienen regando con el camión. Es como para que pase algo y se ponga una mala, vamos”, asegura.

Problemas para salir de casa ha sufrido también el matrimonio residente en el edificio de la Farmacia de la calle, que incluso ha sufrido desperfectos en el techo de su vivienda con las obras.

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