ANÉCDOTAS DEL VINO DE JEREZ · El jerez deja grogui al 'british sherry'

Un simple mapa 'desarmó' al inglés

  • El documento del cartógrafo árabe Al-Idrisi demostró en el 'pleito del sherry' que Jerez fue Seris

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Un simple y moliente pergamino de 1154, mondo y lirondo, se convirtió en la prueba definitiva del juicio que enfrentó a los vinateros jerezanos y a la industria británica del 'british sherry'. Jerez salió a hombros de la Royal Court of Justice de Londres como los buenos toreros en sus tardes triunfales. La sentencia del juez pudo ser salomónica, pero las bodegas jerezanas demandadas habían ganado fuera de casa algo que era inimaginable: Que no se impusiera la costumbre como ley. De lo contrario, todo se hubiera perdido. Pero antes de nada, será mejor que dejemos reposar los hechos.

En 1966, los importadores británicos de sherry Vine Products Ltd., Shiteways Cider Company Ltd. y Jules Duval & Beaufois interpusieron una denuncia contra las compañías jerezanas González Byass, MacKenzie, Pedro Domecq y Williams & Humbert para establecer su derecho de utilizar el término 'sherry' en sus productos. La vista se celebró entre el 9 de febrero y el 22 de marzo de 1967. El juez Geoffrey Cross dictó sentencia a final de julio en sólo 80 minutos. Hubo, sin embargo, una primera sesión del juicio en las bodegas González al alegar la compañía que a su testigo, Manuel María González-Gordon, no se le podía obligar a realizar un cansado viaje a Londres dada su avanzada edad, aunque se trató de un ardid para traer a los ingleses a nuestro terreno.

Junto a 'Tío Manolo', de los treinta testigos por nuestro bando, también estaban los españoles Salvador Ruiz-Berdejo, a la sazón presidente del Consejo Regulador, José Ignacio Domecq González y el profesor madrileño y arabista Jaime Oliver Asín.

74 testigos

Por el impresionante edificio de la sede de Justicia de la calle Strand desfilaron durante esos 29 días 74 testigos, 3.000 listas de precios, 1.600 etiquetas de botellas, centenares de estas, vasos, anuncios, fotocopias del archivo del British Museum, reproducción de una comedia inglesa del siglo XVII y hasta los documentos de Estado cruzados entre la Reina Isabel I de Inglaterra y su embajador en la corte española. Pero, de entre todas las pruebas y testimonios, la aportada por Oliver Asín, sobrino del arabista Asín Palacios, se presentaba como definitiva: Un fragmento del mapa realizado en 1154 por el poeta y cartógrafo árabe Al-Idrisi, que se conserva en la Biblioteca Bodleain de la Universidad de Oxford y en el que aparece la ciudad de Seris, actual Jerez. Oliver explicó ante el juez Cross la etimología de la palabra 'sherry', demostró con pruebas que, en tiempo de la dominación árabe, las viñas del Marco eran cultivadas pese a la prohibición del Corán, definió la evolución de las denominaciones inglesa y española a través de los siglos y mostró el mapa de Al-Idrisi.

La prueba

Oliver demostró al tribunal que la palabra 'sherry' no se deriva del nombre Jerez, sino que ambas palabras tienen un mismo origen: Sherish o Seris, el nombre por el que los árabes conocían Jerez. La idea que tenían los ingleses es que el término 'sherry' era una corrupción inglesa o adaptación al inglés del nombre Jerez. En nuestro país, la evolución de Seris llegó a ser desde el siglo XVII Xerez y ya hoy día Jerez. Sin embargo, la evolución de la palabra en Gran Bretaña fue de 'Sherish' a 'Sherris' y, posteriormente a 'Sherry'. Esto no es extraño, ya que la evolución sajona es siempre más conservadora al existir la grafía de sonido 'sh' que no existe en castellano.

A finales de julio de 1967, el honorable juez Cross dicta sentencia. El fallo es salomónico: En primer lugar, Cross dice que la palabra 'sherry', usada sola, quiere decir Jerez. No podía, por tanto, ser utilizada si no se trataba de un producto procedente del Marco de Jerez. Sin embargo, en favor de los productores británicos, Cross sentencia que las descripciones 'British Sherry', 'English Sherry', 'South African Sherry', 'Australian Sherry', 'Cyprus Sherry' y 'Empire Sherry' podían seguir utilizándose dado que lo habían hecho durante largo tiempo sin que nadie se hubiera opuesto hasta ese momento. Pero nunca jamás podrían utilizar el término 'sherry' a secas para describir a sus productos. Lo dicho: En Gran Bretaña, la costumbre se convierte en ley. Por eso, hubiera sido idóneo que los jerezanos hubieran actuado antes.

'Elegancia jerezana'

Los abogados de los demandantes salieron con rostro satisfecho. Sin embargo, para los nuestros, había que aplaudir el resultado, ya que hubiera sido muy difícil ganar en Inglaterra la causa propia a costa de la costumbre establecida por los productores británicos de la Commonwealth. "Más que una sentencia -escribió Alfonso Barra-, recuerda un compromiso logrado con elegancia jerezana".

Jerez ganó aquella batalla, pero la guerra sigue desde entonces: Los exportadores de Jerez estiman hoy que en el mundo se comercializan cada año más de 26 millones de botellas de vino de 'sherry' que no proceden del Marco de Jerez.

El juicio por el 'sherry' es una apasionante lección de historia de nuestro vino, con sus curiosidades y hasta un sinfín de anécdotas que hemos contado en estas mismas páginas y que un día retomaremos. Nos quedamos con la más inédita en un juicio: El juez gibraltareño Juan José Triay, que presidió la sesión de la vista en González Byass, declaró lo siguiente. "Don Manuel María respondía la pregunta número 245 y le noté algo cansado. Me dijo que no, que lo que ocurría es que a esa hora (una de la tarde) acostumbraba a beber una copa de jerez e invitó a todos. Nadie puso problemas. Entonces, don Manuel apretó un botón y, de repente, aparecieron camareros de blanco sirviendo jerez. La verdad es que, en ese momento, comprendí quién tenía la razón".

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