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Bodegas

El vino de la Tierra de Cádiz después de Taberner

  • El empresario valenciano fue algo más que un pionero en hacer desde aquí tintos y blancos de alta gama

Vicente Taberner en su finca de Arcos en 2010. Vicente Taberner en su finca de Arcos en 2010.

Vicente Taberner en su finca de Arcos en 2010.

El 27 de junio de 2006, al mismo tiempo que España se enfrentaba a Francia en el Mundial de Fútbol de Alemania, se inauguraba en Arcos la bodega Huerta de Albalá. Y aunque los franceses nos acabaron eliminando, ese día el empresario valenciano Vicente Taberner les demostró que en la Tierra de Cádiz también se pueden hacer buenos vinos tintos.

A la puesta de largo de la bodega no le faltó un detalle. Todo estaba calculado, en sintonía con un proyecto que llevó años de maduración. Quién le iba a decir a aquel sanitario, ajeno totalmente al sector, que acabaría dedicándose no ya a vender vinos, sino a soñarlos primero y, después, darles vida, para acabar siendo un referente en los tintos de gama alta que hoy se producen y comercializan en España.

Podía haberse decantado por el Priorato, donde tenía tierras que aún siguen siendo de su propiedad, pero acabó siendo en la provincia de Cádiz, que conoció gracias a su actividad importadora de vinos de calidad en Alemania, su segunda patria. Un día al comienzo del nuevo siglo acabó aterrizando en Jerez para invertir en el proyecto de la bodega Fernando de Castilla que ponía en marcha Jan Petersen, ex de Osborne que también decidió apostar por los brandies y vinos (en este caso generosos) de gama alta en un tiempo en el que aún no se hablaba tanto de valor como de volumen.

Pero la participación en la bodega de la jerezana calle Jardinillo le sabía a poco a una persona tan inquieta como Vicente Taberner, que comenzó a buscar acomodo para el que sería su siguiente y definitivo proyecto. Tras estudiar otras posibilidades en Francia, Italia, Chile o Marruecos, conoció cerca de Arcos unos terrenos cargados de historia que le sedujeron por su enclave y por las propiedades del suelo. A pesar de ello, muchos le llamaron loco no por adquirir esas tierras e invertir más de 15 millones de euros de principios de siglo XXI, sino por lo que quería llevar a a cabo allí: hacer vinos tintos con variedades que aún no estaban implantadas en nuestra provincia como la syrah.

Hasta entonces, las experiencias con los tintos no pasaban de intentos poco arriesgados o de poca envergadura, que iban a lo seguro pero sin aportar calidad y precio a las botellas que salían de bodegas entre la Campiña y la Sierra. Porque ni siquiera la millonaria inversión parecía suficiente para obrar el milagro. El resto lo acabarían poniendo el tiempo y la paciencia, indispensables para cualquier proyecto bodeguero que se precie.

Durante años, al tiempo que la bodega iba tomando forma al estilo de un ‘chateau’ francés, Vicente Taberner estuvo haciendo y probando vinos junto a sus técnicos, llamando a expertos, a periodistas y prescriptores, incluso a personas ajenas al sector y no bebedores, para dar forma a su producto perfecto. Catas y más catas a ciegas con diferentes ‘coupages’, un tanto por ciento de una uva, otro tanto por ciento de otra, toques de madera diferentes… y vuelta a empezar. Tomando notas de lo que decían sus invitados, Taberner iba acercándose a su objetivo.

Hasta que un día dio con los vinos que quería y entonces sí que podía ponerse a producirlos de verdad. Tampoco en ese momento tuvo prisa. Aunque ya tenía decenas de miles de cajas reservadas y vendidas para fieles clientes de sus anteriores negocios que sabían que de su mano no podía salir nada malo, tuvo tiempo para dedicarle a la imagen del vino la atención que se merece. Y contrató a la empresa más prestigiosa en el momento a la hora de hacer etiquetas y diseños de imagen corporativa, la misma que entonces trabajaba, por ejemplo, para Nike y Apple.

Y volvemos a la puesta de largo de 2006. Taberner sabía que la presentación de sus vinos también tenía que ser diferente, y aunque aquel Francia-España se lo puso difícil, la fiesta de Huerta de Albalá fue un éxito que presagiaba lo que estaba por venir. Apenas un par de años después, sus vinos ya estaban en boca de todo el mundo, desde el Barbazul al alcance de cualquier bolsillo al Taberner de gama alta, el Nº1, que acababa de recibir 95 puntos Parker. Como buen visionario y amante de la calidad, sumó sus vinos a un maridaje con un entonces menos conocido cocinero Ángel León en la presentación de una colección de reportajes en DVD que acabaría dándole nombre: ‘El Chef del Mar’. Esa era la proyección que el empresario valenciano quería dar a sus productos.

Sin los vinos de Taberner probablemente la competencia en la gama de tintos de la Tierra de Cádiz no sería la misma y grandes bodegas tradicionales no se hubiesen lanzado de la misma forma a ese terreno hasta entonces poco explorado, contribuyendo ahora a dar aún más riqueza y calidad con referencias como Finca Moncloa de González Byass. Sin olvidar el fenómeno Luis Pérez, otro caso de éxito en la apuesta por los tintos que surgió en los comienzos de este siglo. O la ‘nueva’ Gibalbín de Barbadillo que ha avanzado mucho también gracias a inversiones y también a la pérdida de temor de los consumidores por la buena imagen de los tintos de calidad.

Para hacer frente a la creciente demanda sin bajar la calidad y ampliar el portafolio de la compañía, Taberner adquirió años después, en 2010, las viñas de Osborne en el Pago Balbaína, de donde sale la uva para blancos (chardonnay) y tintos. Allí solía reunir también a sus clientes y allegados, a los que avanzaba algunos detalles de los que serían sus nuevos proyectos, algunos imposibles hasta de imaginar. A lo que él contestaba siempre que si tratar de alcanzar un sueño es estar loco, “yo soy un loco”.

Bendita locura que le llevó a demostrar hace veinte años que en la Tierra de Cádiz se pueden hacer tintos como los más grandes y que a buen seguro, de no ser por la enfermedad, le habría llevado a subir montañas más altas. Ahora, sin su presencia, queda por conocer el futuro de Huerta de Albalá de manos de sus nuevos gestores, de su familia y de un equipo de trabajo integrado de forma estable por 15 personas.

Vicente Taberner, un hombre en origen ajeno al sector del vino y que siempre mantuvo cierta distancia con los bodegueros tradicionales, ha dejado la filosofía y las instalaciones necesarias para continuar su sueño.

Vicente Tarberner Carsi (Valencia, 1957) falleció el domingo 10 de mayo de 2020 en una clínica de Marbella donde estaba siendo tratado de una grave enfermedad que padecía desde hace un año.

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