Vinos de Jerez

La burbuja del precio de la uva palomino de Jerez descoloca a las bodegas

Racimos de uva en un viñedo del marco de Jerez.

Racimos de uva en un viñedo del marco de Jerez. / Manuel Aranda

Antes de que empezara la vendimia del marco de Jerez, que ya está generalizada, había mucha preocupación en el sector bodeguero por la desorbitada subida del precio de la uva, hasta el doble de lo que se pagaba hace dos campañas.

El sector barajaba un aumento del precio de entre el 10 y el 15% tras la subida la vendimia pasada de más del 60%, desde los 52 céntimos de euro/kilo de la campaña 2021-22 a los 85 céntimos de la 2022-23. Hasta que una gran bodega de Jerez reventó el mercado con su oferta de 1,20 euros/kilo, que supone un incremento del 41% respecto a la última vendimia y del 130% en las dos últimas campañas, es decir, más del doble de lo que se pagó hace dos años.

Distintas fuentes del sector consultadas por este medio, y que prefieren omitir el nombre de la bodega en cuestión, indican que esta firma jerezana, movida por sus grandes necesidades de reposición de existencias, no sólo ha tentado a los viñistas independientes con su oferta desmesurada e imbatible, sino que también ha hecho lo propio con viticultores de cooperativas, con lo que al malestar del resto de casas del jerez a las que los productores están pidiendo que igualen el precio, se une el de las cooperativas cuyos socios han recibido la visita de algún responsable de la susodicha bodega con la oferta de 1,20 euros en la mano.

En consecuencia, el resto de compradores de uva están muy preocupados con esta subida, máxime cuando el marco arrastra varias vendimias cortas de producción, incluida la de este año, que será algo mejor que la desastrosa campaña de 2022, pero insuficiente para atender el negocio del vino de Jerez y el pujante negocio del Sherry Cask o envinado de botas para el envejecimiento de whisky y otros destilados premium.

Los precios ya estaban tensionados por esta y otras circunstancias, como el incremento generalizado de costes en un contexto inflacionista que, por ejemplo, ha disparado un 400% el importe que hay que desembolsar para la expedición de un contenedor de vino destinados a la exportación –de 2.000 a 8.000 euros según las fuentes consultadas por este medio–. Pero nadie se esperaba el movimiento a la desesperada de esta bodega, que el resto de las casas del marco consideran desleal, para situar a la uva palomino a precio absolutamente fuera de mercado, señalan.

“Lo razonable hubiera sido que este año se pagara la uva en torno a un euro el kilo”, precio que, de una parte, habría compensado la caída del rendimiento del viñedo en el actual ciclo de sequía -a menos kilos, menos ganancias- y el incremento de costes que también soporta el sector productor -mano de obra, fitosanitarios...-, y de otra, habría requerido un esfuerzo de las bodegas, aunque sin llevarlas a una situación límite, explican las fuentes, no sin recordar que aunque el vino también ha subido de precio, no por ello las bodegas están teniendo mayor beneficio, ya que el incremento de costes se come la subida.

Los viñistas independientes ya tienen atados sus contratos, entre ellos los que han firmado con la bodega que ha roto el precio de mercado, para la entrega de la uva que en estos días entra en los lagares. Está por ver, sin embargo, el precio que tendrán que pagar las bodegas por la bota de mosto a las cooperativas que, por cuestiones obvias, buscarán el mejor precio posible para sus socios. Es decir, las cooperativas no se conformarán con la subida del 10 al 15% prevista antes de la burbuja de la palomino, sino que tratarán de equipararla al incremento del 60% del precio de la uva o incluso superarla, objetivo por otra parte legítimo.

Se avecinan curvas en el sector, pues la subida del precio de la uva deja en situación muy complicada a muchas bodegas, sobre todo pequeñas y medianas que carecen de viñedo propio. Según las fuentes, hay muchas bodegas que aunque no tengan colgado el cartel de se vende estarían dispuestas a sentarse a hablar de entradas de capital o cambio de manos, sobre todo pequeñas bodegas de Sanlúcar que no pueden asumir la subida del precio de la uva, menos aún con la botella de algunas manzanillas, y también de finos, a tres euros en los lineales de los supermercados.

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