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PATRIMONIO | INVESTIGACIÓN HISTÓRICA EN EL MARCO DEL JEREZ

Las vitrinas de Hasta

  • Un recorrido por algunas de las piezas más destacadas que se pueden ver en el Museo procedentes del yacimiento de Mesas de Asta

"Los indígenas, conocedores de la naturaleza de la región, y sabiendo que los esteros pueden servir para lo mismo que los ríos, han construido sus ciudades y poblados sobre aquellos, tal y como hacen en las riberas de los ríos. Así fueron levantadas Asta, Nabrissa, Onoba, Ossonoba, Mainoba y otras más". (III,2,5). Lo dijo el geógrafo griego Estrabón hace unos 2.000 años en el Libro III de su Geografía.

Para conocer el desarrollo histórico de este importante yacimiento de Mesas de Asta se cuenta además con diversos textos de época romana y con las intervenciones arqueológicas que se han venido realizando en diferentes momentos desde el Museo Arqueológico Municipal. A principios del siglo XX, cuando el Museo era aún un modesto depósito arqueológico formado por 45 piezas, el bibliotecario Mariano Pescador y Gutiérrez del Valle destacaba como procedentes de Hasta Regia un importante número de piezas de época romana y visigoda que habían ingresado por donaciones particulares. Se trataba fundamentalmente de lápidas, esculturas y elementos arquitectónicos. No será hasta mediados del siglo XX con las cinco campañas de excavaciones realizadas por Manuel Esteve Guerrero entre 1942 y 1958, cuando se amplíe considerablemente la documentación con un volumen muy importante de materiales.

El inicio de las excavaciones estuvo en gran parte motivado por la posibilidad de localizar en Mesas de Asta la mítica ciudad de Tartessos, una vez que Schulten había fracasado en sus intentos de ubicarla en el coto de Doñana. En este sentido, la primera campaña de excavación, pese a las dificultades, fue una de las mejor dotadas económicamente de esos años en España pero, ante la escasez de resultados espectaculares, las dotaciones fueron menguando considerablemente en las sucesivas campañas, siendo suspendida la última por falta de fondos económicos.

Desde fines del siglo XX, con un equipo renovado del Museo Arqueológico, se han retomado los trabajos, en este caso, motivados por el descubrimiento de una necrópolis de 32 hectáreas, que se desarrolla al oeste del asentamiento principal. Entre los años 1992 y 1993 se realizó sobre ella una intensa campaña de prospección superficial, muy detallada, en la que se documentaron 2260 posibles estructuras funerarias fechadas entre la Edad del Cobre y fines de época tardorromana.

"Desde el Museo se vienen efectuando visitas periódicas al yacimiento para valorar e informar de posibles afecciones y se mantiene un contacto fluido con la propiedad y los vecinos de la barriada. Como fruto de esta dinámica se ha podido recuperar recientemente, gracias a la colaboración vecinal, un capitel corintio de época romana que corría riesgo de desaparición", cuenta el arqueólogo Francisco Barrionuevo

¿Qué hay hoy en el Museo procedente de Mesas de Asta? Los materiales que se exponen en el Museo procedentes de las diferentes intervenciones van guiando al visitante lo largo de su amplio recorrido histórico. Por ejemplo, unos fragmentos de cerámica a mano expuestos en la vitrina de Neolítico muestran que a fines del IV milenio antes de Cristo, Mesas de Asta se encuentra entre los primeros poblados que se establecen en la campiña para aprovechar los recursos agrícolas y ganaderos de este entorno tan favorable. Su posición privilegiada hará que con el paso del tiempo se vaya convirtiendo en uno de los principales asentamientos de la zona, situación que parece haber alcanzado ya en momentos del Bronce Final, hacia el año 1000 antes de Cristo, coincidiendo con la cultura tartésica.

En el Museo sobresalen piezas como la espada de Antenas (siglo IV a. C.), de hierro, plata y cobre y un aspersorio en forma de paloma (siglos IV- III a. C.). Asimismo, hay que destacar que el año 206 a.C. marca el final de la Segunda Guerra Púnica en Hispania, que pasó de ser escenario de la lucha entre Cartago y Roma, al convertirse en territorio de conquista por parte de esta última, a pesar de la oposición de no pocas ciudades indígenas como fue el caso de Hasta Regia. La ciudad constituía a principios del s. II a. C. un poderoso núcleo indígena del que dependía un amplio territorio y supuso en los primeros años de la conquista romana un fuerte foco de resistencia. No lejos de la ciudad se libró, hacia el 190 a.C., una batalla en la que las tropas romanas al mando de Lucio Paulo Emilio derrotaron a los lusitanos, considerados por algunos investigadores como mercenarios al servicio de los hastenses. Con esta victoria debe relacionarse el bronce de Lascuta, la más antigua inscripción conservada de Hispania, cuyo original se conserva en el Museo del Louvre y de la que se expone en el Museo una reproducción exacta adquirida gracias a la encomiable labor de la Asociación de Amigos del Museo. Contiene un decreto del mismo magistrado, fechado en el 189 a. C., por el cual se declaran libres y usufructuarios de la tierra a los esclavos de la ciudad de Hasta que habitaban la Turris Lascutana.

Destaca también el busto-retrato (siglo I a. C.). Esta cabeza-retrato de un hombre de avanzada edad que podría representar a un patricio de la ciudad romana de Hasta Regia, constituye un magnífico ejemplo de este tipo de creaciones. El artista no tuvo el menor reparo en señalar el paso del tiempo a través de las arrugas o la flacidez de la carne. El trabajo de la base del cuello muestra la preparación típica para encajar en un podium estatua. Por sus características y calidad técnica es considerada una obra importada de comienzos de época augustea. Fragmentos de lecho funerario (siglos I a.C.- I d. C.). En hueso tallado con representación de mitos clásicos vinculados al mundo de la muerte: Dionisos/Baco y Heracles/Hercules.

De época islámica el visitante puede ver, entre otras, la botella califal con epigrafía (siglo X), cerámica verde y manganeso. Botella o limeta de gollete alto decorada en verde manganeso con la leyenda cúfica al mulk (el poder), muy en la línea de las producciones cordobesas de Madinat al-Zahra. Se trata de una pieza de lujo que ha aportado un rico y variado elenco de cerámicas hispano-musulmanas correspondientes en su mayoría al periodo califal.

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